Nacho Alcalde | Las leyes laborales de nuestro país te permiten hacer casi cualquier cosa, como que un grande de España como el Duque de Alba, una de las fortunas más considerables de estas tierras, “contrate” por cero euros a un profesional de la jardinería para que le arregle sus arriates. Aun así, es probable que esté en mejores condiciones que los trabajadores que Airbus tiene subcontratados en Getafe.

Las subcontratas son esa especie de limbo en el que la empresa matriz se pone una venda en los ojos y se desentiende de las violaciones sindicales que se están cometiendo al fabricar sus productos. En la mayoría de las ocasiones, esas vejaciones laborales se producen a miles de kilómetros de distancia, demasiado lejos de la conciencia de los directivos de la empresa, pero en este caso se están cometiendo delante de sus mismos ojos. Literalmente. Estos subcontratados comparten espacio con los que trabajan directamente para el gigante aeronáutico. Pero como diría John Travolta en Pulp Fiction: “Hay diferencias”.

Aunque la necesidad de trabajar para conseguir llegar a fin de mes es real, han tenido que decir basta a las condiciones infrahumanas con las que trabajan y han salido a la calle a protestar. Los reconoceréis porque llevan tarjetas rojas, tratando de expulsar del partido a los que infringen la legalidad de forma obscena. En plena ola de frío polar tienen que estar en barracones prefabricados donde la temperatura no llega a los diez grados (aunque quizá sea peor en verano, donde se puede llegar a los treinta y cinco grados y los aseos se llenan de avispas). La situación se vuelve surrealista cuando llueve, ya que la luz se va y tienen que trabajar a oscuras mientras que las innumerables goteras conviven con los enchufes, aumentando el riesgo de accidente. Todo esto es real y está pasando en Madrid.

Al peligro por la integridad física se le une el trato vejatorio que sufren con respecto a los trabajadores “reales” de Airbus, ya que comparten comedor pero tienen vetado el acceso a las horas puntas, al igual que el parking, al que acceden por entradas diferentes y tienen también un horario restringido. Además la empresa les obliga a ir por un carril específico en la misma vía pública. Y esto es solo un ejemplo de la situación que están viviendo.

Lo peor es que no está ocurriendo en ningún país lejano, sino en nuestras mismas narices mientras que todo el mundo mira hacia otro lado. Las condiciones laborales cada día más degradadas nos conducen a una realidad bochornosa. Sin embargo, estos trabajadores han dicho basta y van a luchar por sus derechos. El pasado 26 de enero salieron de sus barracones para mostrar las vergüenzas de una de las empresas más rentables de Europa y este miércoles 7 de febrero, cuando les cerraron el acceso al parking, en vez de dar vueltas esperando que les volviesen a abrir una vez que hubieran entrado los que trabajan directamente para Airbus, se quedaron esperando, colapsando el tráfico en la zona. Y seguirán. Por que la lucha sigue siendo el único camino.