Luis Filipe García | Que el Fondo de Reserva de la Seguridad Social iba a liquidarse con los años de la Crisis era evidente desde que aumentó de forma escandalosa el Paro y se incrementaron los empleos basura, la precariedad, los contratos a tiempo parcial no voluntarios; y se aceptaba por parte del Estado Español el papel de camarer@s, señor@s de la limpieza y otros sectores de muy baja productividad que nos había asignado la Unión Europea dentro de la división internacional del trabajo que se está diseñando desde hace tiempo.

Este año es el primero en el que las Pensiones no sólo no suben para llegar a la media de las que perciben l@s trabajador@ de nuestro entorno geográfico y político, sino que han bajado abiertamente, en más de 1.2%. Se inaugura lo que el Gobierno, siguiendo las directrices de la UE, tiene diseñado desde hace años, y, sobre todo, desde 2011: un periodo largo de recorte de las pensiones públicas que puede alcanzar a no menos del 20% de su monto actual.

Son estas las condiciones que han hecho posible este ascenso de las movilizaciones contra los recortes de las pensiones y en defensa de las pensiones públicas. Las concentraciones, sobre todo las llevadas a cabo en Bilbao, Madrid, Sevilla, Barcelona o Galicia, son hasta ahora los principales referentes de éste ascenso.

El Sistema Público de Pensiones por supuesto tiene que asegurar al menos lo previsto en el art 50 de la Constitución: “Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la Tercera Edad” y es claramente sostenible, con las Reformas periódicas que son necesarias en todo tipo de sistemas y situaciones.

Realmente, no es esto lo que no tiene en mente el Gobierno cuando provoca a los pensionistas con este proyecto de recortes. Es cierto que han calado en grandes sectores de la población los argumentos demográficos, productivos y de otro tipo que ven inviable un aumento mayor y la necesidad de recortes.

Pero ni el argumento demográfico es cierto ni tampoco el económico. En este terreno como en otros temas como la gratuidad de la Enseñanza, la viabilidad del Sistema Nacional de Salud y tantos otros lo que se está haciendo pasar aprovechando la coyuntura es un modelo social regresivo de carácter neoliberal. Un modelo que quiere pasar de sistemas generales de carácter público a un sistema poco más allá de la beneficencia que consolida una sociedad dual y fuertemente polarizada. 

En este caso se pretende ir a un sistema de pensiones mínimas que se podrá compensar en los delirios neoliberales con la suscripción de sistemas privados de pensiones, precisamente en un momento en que la inmensa mayoría de los trabajadores y de la población en general no tienen ninguna capacidad para suscribirlos. Es esto lo que está en juego en ésta pelea.

Los necesarios aumentos de ingresos para sostener y mejorar el actual Sistema pueden venir de un incremento de las bases máximas de cotización, que podrían aportar, según cálculos de de CC OO un mínimo de 7.000 millones de euros. O un incremento de la base mínima como consecuencia del aumento paulatino del SMI, que se ha puesto en marcha recientemente, que podría aportar otros 3470 millones. O la equiparación de las bases medias de cotización del Régimen de Autónomos al Régimen General, que aportarían otros 7.000 millones o la asunción por el Estado de los gastos de Administración de la Seguridad Social 3.825. O la Conversión de “tarifas planas” y reducciones de cuotas en bonificaciones financiadas por el Ministerio de Empleo. Sobran alternativas incluso sin considerar aumentos de cotizaciones empresariales en el sector agrario que proporcionarían 1.800 millones de euros. Y por supuesto, un aumento de las aportaciones del Estado. Por ejemplo, solo la financiación con impuestos de las prestaciones por supervivencia, supondrían unos ingresos adicionales de 19.000 millones de euros o los 6.300 millones que podrían aportar la lucha real contra la economía sumergida. No es de esto de lo que estamos hablando.

De lo que estamos hablando es de política, de eso que muchos de los manifestantes de hoy no quieren hablar “porque esto de las Pensiones no es de derechas ni de izquierdas”. Al igual que cuando hablamos de Sistema Educativo o el Sanitario, de su privatización, de su conversión en sistemas residuales, estamos hablando del modelo neoliberal que se está implantando en Escuelas, Universidades, Hospitales o Centros de Salud. En este caso de reducción de las Pensiones y en paralelo un sistema de Pensiones privadas que sólo pueden suscribir clases medias altas, incluso algunos obreros industriales, pero que socaban la necesaria unidad social mayoritaria.

Y si hablamos de política, tenemos que volver a las movilizaciones que hemos conocido la última semana. Hay que seguir ampliándolas, extendiéndolas, organizándolas, porque se ha demostrado que es la única vía para modificar cualquier asunto como ayer la privatización general del Sistema Público de Salud o los aumentos de tasas de las universidades.

Estas movilizaciones se “filtrarán” en las Cortes ya o en las próximas Elecciones Generales. Pero si los pensionistas y la mayoría social siguen movilizados (¡por cierto, ya va siendo hora de que se convoquen movilizaciones “en horas de no jubilad@s” para toda la población se incorpore a un lucha que es directamente suya!) se filtrará más pronto que tarde. Unidad es lo que necesitamos, después mantener las espadas en alto y luego mantenerse atentos a la negociación necesaria para concretar el cambio.