Cristóbal López Pazo | La perseverancia de las trabajadoras y trabajadores de la empresa Maderas Iglesias, su constancia en realizar movilización tras movilización y su agónica lucha siempre respaldada por las centrales sindicales consiguió que toda la comarca se volcara apoyando sus reivindicaciones.

En la manifestación, a modo de larga caminata por varios municipios, participaron alcaldesas, alcaldes y concejalas/es de todas los colores políticos, todos unísonos al clamor, solicitando que la Xunta de Galicia actúe porque están en juego 250 puestos de trabajo. Pero todo este caudal de solidaridad interpela a un gobierno para el que cualquier intervención en el ámbito privado es anatema incluso cuando este sobrevive gracias a la inyección de dinero público.

Sobran razones para una actuación contundente de la administración autonómica cuando según denuncian los sindicatos es la propia patronal quien está expropiando la empresa desviando fraudolentamente mercancías a terceras empresas de las cuales son directa o indirectamente propietarios.

Ante el total desamparo de la administración para garantizar la continuidad empresarial las trabajadoras y trabajadores tienen que afrontar el trágico dilema de o bien enfrentarse judicialmente al patrón e inevitablemente darle la puntilla a la empresa, o bien consentir en que este los desvalije a cambio de un incierto mañana.

Resulta paradójico que la sociedad siga siendo cómplice en la impunidad con que actúa la patronal cuando la actual crisis nos ha mostrado crudamente como el sistema socializa las pérdidas y no los beneficios.

Sigue imperando la entente social de que al patrón, al arriesgar su propio patrimonio, se le debe considerar dueño y señor de la empresa sin cabida a la más mínima medida coercitiva. La sociedad aún no ha interiorizado que el patrimonio en juego es el colectivo ya que el capital sostén de la actividad industrial lo conforman no el patrimonio del patrón sino el crédito de los proveedores, la deuda salarial máxime si computamos atrasos y la deuda a acreedores destacando entre ellos el propio estado y las entidades financeiras. El garante último de todas esta financiación como quedó demostrado con los rescates a bancos y cajas es el Estado, por lo que el que se juega en realidad su dinero es el ciudadano de a pie que es quien sufre las consecuencias del quebranto de las arcas públicas. Sobran entonces razones para intervenir.

No muy lejos de Maderas Iglesias esta la sede de Transportes Souto. Otra empresa con plantilla que supera las tres cifras y que se encuentra al borde del abismo. Otro patrón cuya gestión industrial es una constante huída hacia adelante por un camino enlosado de crédito hasta que el agujero es tan grande que el vértigo se convierte en pánico. Otra historia de autoexpropiaciones para enriquecerse a través de terceras empresas con la complacencia de las administraciones.

Estos dos ejemplos detallados no son anomalías del sistema sino su esencia misma, un sistema capitalista que en su sempiterna huída hacia adelante para sobrevivir está depredándose a sí mismo y arrastrando a la humanidad entera a un camino sin retorno. Por eso, sobran razones para la acción pero hacen falta sitios reales donde comenzar a izar nuestras enseñas. No podemos abandonarnos en el albur de un colapso sobrevenido del sistema.

Cristóbal López Pazo es militante de Anticapitalistas Galiza y de CGT