Santiago Molina | Ya lo sabemos. Nos calentaron la cabeza con que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades sin entrar a valorar qué posibilidades eran las nuestras, pero diciéndonos de manera indirecta que nuestras posibilidades eran distintas a las suyas y nos hicieron sentir culpables de sus fechorías financieras.  Les molestó que nuestros hijos e hijas se encontrasen con los suyos en la universidad y tomaron medidas en forma de tasas universitarias a la vez que nos empobrecían mandándonos al desempleo, precarizando la contratación, disminuyendo nuestros recursos. Nos sancionan con el IVA si queremos ir al teatro, al cine, a un concierto o comprar un libro. No nos quieren ilustrados. Les molesta la libertad de pensamiento y encierran a titiriteros, raperos, secuestran libros o censuran exposiciones. Nos quieren con miedo. Fomentan que las mujeres sean dependientes y se dediquen a cuidados, a la casa, que realicen trabajos sin remunerar.  Quieren a las mujeres sumisas. Rescatan a los bancos con una cuantiosa donación de más de 60.000 millones de euros  y desahucian a las personas. Apoyan a las empresas farmacéuticas  obligándonos al copago y privatizan la sanidad. Y ahora “vendrán  por ti, por mí, por todos y también, por ti… aquí no se salva ni dios”, que diría el poeta.

Hace más de treinta años que nos tienen en el punto de mira y ya lo han decidido. Nos lo han dicho alto  claro: “El sistema público de pensiones no es sostenible”. Y para demostrarte que no es sostenible, primero vacían la hucha de las pensiones. Ni más ni menos que veinte años de la hucha de las pensiones, de 60.000 millones de euros a números rojos, y lo gastan los mismo que nos recomiendan que ahorremos y lo hacen en tiempo record. Después taponan las fuentes de recursos del sistema público de pensiones impidiendo que se cotice, fomentando las tarifas planas de 50 euros, precarizando los contratos de trabajo, con contratos por horas, impidiendo que las personas y empresas doten de recursos a la Seguridad Social. Y ahora, cuando han destrozado el sistema, nos dicen que esto se acaba, que no es sostenible… y cuentan cuentos para no dejarnos dormir. Sus cuentos.

“La seguridad social no tendrá tiempo para acumular las reservas financieras para afrontar la avalancha de jubilaciones”. Porque es lo que han querido, porque sus decisiones tenían por objetivo vaciarla de recursos.  “Las medidas tomadas hasta ahora se quedan cortas”. Porque resistimos todavía quieren reducirlas más y que perdamos poder adquisitivo, sin tener en cuenta nuestras necesidades. Les da igual que no te puedas calentar en invierno, que no puedas pagar tus medicinas, que no puedas pagar la luz. “En España solo habrá 1,6 personas en edad de trabajar por cada persona mayor de 65 años, inferior a los 2 de media europea”.  Como si no vieran que la automatización, además de generar riquezas que se queda en pocas manos, no estuviera destruyendo empleos. Y nos lo cuentan como si el problema fuese de números de trabajadores y de pensionistas y no de la riqueza que esos trabajadores generan. 1,6 trabajadores pueden estar produciendo por diez. Y no les gusta vernos viejos y saldables, no: “Se vive demasiado”, nos dicen. Ya lo ves, nos quieren empobrecidos o muertos.

Si ninguna partida presupuestaria tiene una única fuente de ingresos, ¿por qué lo van a tener las pensiones? ¿Qué razones hay para que las pensiones las paguen exclusivamente los trabajadores y empresas con las cotizaciones? ¿A caso la monarquía la pagan solamente los monárquicos, la iglesia católica los católicos, el ejército los militares, la judicatura los jueces? Tampoco hay razones para que las pensiones dependan solamente de las cotizaciones.  El importe de las pensiones no depende de cuantas personas las cobren, ni de cuanto cobren, ni de cuánto tiempo se cobren. Las pensiones dependerán, como todo, de la riqueza que se genera en el país y de cómo se reparte esa riqueza. No es un problema económico, es un problema político.

Los planes de pensiones privados son un fiasco para los ahorradores y un gran negocio para las entidades financieras y son estas entidades financieras las que han dispuesto toda su artillería para que el gobierno y sus lacayos minen la resistencia de las pensionistas.

Nos toca pasar a la ofensiva. Defender el Sistema Público de pensiones es luchar contra la pobreza. Destrozar el Sistema Público de Pensiones solo traerá un mayor empobrecimiento de un colectivo que está asumiendo en gran parte, durante esta estafa económica llamada eufemísticamente “crisis”, la sostenibilidad de las familias. Con la privatización del Sistema Público de Pensiones lo que pretende es reforzar al poder financiero. Están  defendiendo los privilegios de una minoría frente a los derechos de la mayoría.

El sistema Público de Pensiones necesita una reforma porque sus bases, las relaciones laborales han evolucionados. Son decisiones políticas que se garantice su importe con los presupuestos generales del estado, que coticen los autómatas y que se aborde una reforma fiscal. Y si las razones expuestas no son suficientes, siempre podremos decir, que lo pague, quien tenga dinero.