Oscar Blanco | La ciudad de Sant Joan Despí, de 30.000 habitantes y a escasos kilometros de Barcelona, pocas veces vive manifestaciones como la del pasado sábado 24 de febrero cuando alrededor de 1.500 personas tomaron la Avenida Barcelona para apoyar a las 150 familias en riesgo de ser expulsadas por una subida abusiva del alquiler en el número 113 de esta calle. Sonia Farré, diputada d’En Comú Podem y vecina de Sant Joan Despí, afirmaba que sólo recordaba la manifestación de la huelga general del pasado 3 de octubre de unas dimensiones similares y que la siguiente protesta “masiva” que tenía en mente ya se remontaba a un piquete de unos centenares de personas en la huelga general del 14 de noviembre de 2012.

También acreditaba lo inusual de la situación a curiosidad de los vecinas que se iban asomando desde los balcones o los camareras que grababan con el móvil desde la puerta del establecimiento mientras la manifestación atravesaba el barrio popular de Las Planas para llegar al centro de la vila y acabar el recorrido frente al Ayuntamiento. No es de extrañar, Oscar Alcobendas, uno de los vecinos más activos, ha repetido en diversas asambleas que “el 113 es un gigante dormido”. Pero, ¿Qué ha despertado al barrio de Las Planas y ha provocado una manifestación histórica?

Hace un mes casi 150 familias vieron truncada su tranquilidad de una forma inesperada. El bloque dónde viven fue construido para la venta en propiedad pero sus promotores llegaron tarde al festín de la burbuja especulativa y después de constatar que no lo iban a poder vender decidieron destinarlo al mercado de alquiler. Las prisas en acabar lo antes posible la construcción y la falta de mantenimiento durante el tiempo que los pisos estuvieron deshabitados había dejado mella con desperfectos tanto en las viviendas como en las zonas comunes. La inmobiliaria llegó a una especie de acuerdo con los inquilinos para que los ocuparan a pesar de los desperfectos a cambio de renovar sus contratos por un mínimo de 15 años con los únicos incrementos de renta del IPC. Era 2013 y las posibilidades de especular en el mercado del alquiler no eran las actuales.

Sin embargo, las palabras (de los rentistas) se las lleva el viento. En enero los vecinos a los que primero vencían sus contratos de 5 años recibieron un burofax en el que se les comunicaba que no se iba a proceder a renovar sus contratos y tenia que abandonar sus casas cuando estos se acabaran el 15 de marzo. Saltaron las alarmas. Se pusieron en contacto con la administración de la finca y se confirmó la alerta roja: si querian continuar en sus casas tenían que aceptar una subida de entre el 40 y el 100% del alquiler para adecuarlos al “precio de mercado”. En medio de la rumorología y el nerviosismo cambió la gestora que se encarga de su bloque y entro en juego Medasil Desarrollos S.L. Una compañia que ya se había visto implicada en la compra de 729 viviendas en el distrito de Hortaleza en Madrid.

La opacidad de las empresas dificultó a los vecinos entender que sucedía, pero resultó que la compañia propietaria de sus viviendas (Avenida Barcelona 111 S.L.) estaba en liquidación por una deuda con la también desaparecida Caixa d’Estalvi del Penedés y que, cómo informo La Directa había caido en manos de Goldmann Sachs a través de su filial Pyrenees Acquisitions LTD. De hecho, en Público explicaron que las dos compañias apoderadas de Medasil Desarrollos (Promociones Lladero y Picton Investments) comparten tienen en sus consejos directivos de Goldmann Sachs y su filial.

Es decir, a un lado tenemos a más de 100 familias trabajadoras, muchas jóvenes, y al otro uno de los bancos más poderosos del mundo. Llegados a este punto el paso más fácil para las vecinas de Sant Joan Despí hubiera sido darse de alta en un portal de busqueda de pisos y empezar a preparar las maletas. Sin embargo, cogieron otro camino. Improvisaron una primera asamblea en el parking de su edificio y se organizaron a través comisión con un par de representantes de las 5 escaleras que forman el bloque. Desde el primer momento el apoyo de la Asociación de Vecinos de Las Planas desde el inicio que les ayudo a organizar una asamblea abierta en el Centro Cívico de su barrio con centenares de personas y a la que pidieron que vinieran todos los grupos municipales a posicionarse sobre el problema. De estos encuentros y presión sobre el consistorio ha surgido un comunicado de apoyo  que denuncia la especulación y que curiosamente firman incluso el PP y CiU (aunque no Cs).

Consiguieron una reunión con Medasil que vetó la presencia de miembros de la Asociación de Vecinos y exigió DNI y ser titulares del contrato a quien asistiera a la reunión. Las vecinas del 113, entre las que hay sindicalistas, tenían claro una cosa: O todos, o ninguno. Así se lo hicieron llegar a los gestores del bloque. No estaban dispuestos a negociar caso por caso, querían unos criterios comunes para las renovaciones de contratos a través de la negociación colectiva. La empresa, interesada en atomizar a las arrendatarias para que el miedo venza, se negó en dos ocasiones a hacerlo así, pero ha acabado enviando una primera propuesta (subidas acumuladas de 10, 10 y 12% en tres años de contrato) que el 113 ha rechazado en asamblea. Con salarios y pensiones prácticamente congelados y su capacidad adquisitiva en retroceso destinar aún una parte mayor de su renta al alquiler les parece inaceptable.

La arrogancia inicial de Medasil, que se escuda en una Ley de Arrendamientos Urbanos que deja desprotegidas a las inquilinas y en “el precio de mercado” que fijan unilateralmente las propiedades, hizo que las vecinas lo tuvieron claro desde el primer momento: la única opción era luchar. Además, desde la primera asamblea abierta tenían el apoyo de diversas PAHs de localidades cercanas y del Sindicat de Llogaters que han insistido en que su fuerza principal era la movilización. El bloque 113 de Avenida Barcelona se ha ido llenando de pancartas e iniciaron también caceroladas diarias con un enorme estruendo. Este año vencen 96 contratos que no estan dispuestos a abandonar sus casas. La manifestación del sábado fue una demostración de fuerza para que la propiedad se plantee si realmente quiere enfrentarse frontalmente a la resistencia inquilina.

El 113 de Avinguda Barcelona está participando de la campaña Ens Quedem (Nos quedamos) del Sindicat de Llogaters junto a otros bloques y pisos individuales. Esta campaña pretende organizar una insumisión a las subidas abusivas y las no renovaciones y forzar a la propiedad a reconocer a las inquilinas como un actor con el que negociar colectivamente.