Manuel Barriere Figueroa | El pasado mes de febrero se tramitaba, en el Congreso de los Diputados, una proposición de Ley para que las familias más empobrecidas pudieran acceder a una renta mínima de 426 euros. CCOO y UGT impulsaron una Iniciativa Legislativa Popular que recogió más de 700.000 firmas. La ausencia de cinco diputados del PSOE, y el voto negativo de un quinto, tumbó la propuesta. Los medios de comunicación se hicieron eco del suceso, y durante un par de días se pudo ver en algunas redes sociales las caras y los nombres de esos 6 representantes del pueblo con mensajes poco halagüeños. Para algunas familias, la posibilidad de disponer de una pequeña cantidad de dinero que les ayude a sobrellevar los embates de la crisis se frustró la fatídica mañana del 22 de febrero de 2018. ¿O tal vez no?

Medios de comunicación y redes sociales nos arrojan a la cara multitud de datos objetivos alrededor de los hechos que acontecen en el día a día. La realidad a través de cifras, estadísticas, fechas, recuentos e imágenes que ilustran un relato generalmente tamizado por intereses económicos, ideológicos, políticos. Lo mismo un gran periódico de tirada nacional que un individuo aislado delante de su ordenador.

La literatura sin embargo, sea de ficción o no, tiene la capacidad de zambullirse en esa marisma para discernir las realidades ocultas bajo el lodo, de manera que se pueda alumbrar, a través de una narración construida y articulada fuera del torrente de la actualidad, una cierta verdad. ¿Dónde ocurrió el fracaso del PSOE en la votación del 22 de febrero de 2018? ¿Fue en la misma votación? ¿El día antes en una reunión a puerta cerrada entre los 6 implicados? ¿Fue una decisión de la dirección política del partido mantenida en secreto? ¿Fue alguno de los 6 que convenció a los otros 5, uno a uno a lo largo de varios días en conversaciones individuales y privadas? ¿Fue la llamada de un personaje relevante en la historia del partido pero alejado hoy de sus cargos dirigentes, llamémosle señor X, a los 6 individuos más próximos a él para convencerles de su postura? No lo sabemos, y seguramente nunca lo sabremos, pero sí que sabemos que todas esas opciones son posibles.

Puede que no tenga mucho sentido este preámbulo tan largo para un breve comentario de una novela como GB84, de David Peace. Pero GB84, entre otras muchas cosas, es un relato de aquello que ocurrió realmente durante la huelga de mineros que sacudió Gran Bretaña en el año 1984. Una huelga perdida contra un gobierno, el de Margaret Thatcher, que lideró la revolución conservadora de carácter neoliberal que aun hoy padecemos. Entonces, para que el proyecto de las elites económicas tuviera éxito había que aplastar a los sindicatos, aniquilar su poder. Esa fue una de las consecuencias de la derrota, una derrota histórica por lo que pudo significar. Uno de los hitos de la dama de hierro, sin duda.

Ella misma, sin embargo, preguntada años más tarde, afirmó que su mayor logro había sido otro, su mayor logro había sido Tony Blair. También seguimos padeciendo ese logro. Lo constatamos una vez más el 22 de febrero de 2018 cuando un señor X, llamadle Tony si queréis, llamadle social liberalismo, consiguió tumbar la posibilidad de que las familias más pobres de este país dispusieran de una modesta renta básica de 426 euros.

Pero todo esto es historia y actualidad. GB84 es una novela, una gran novela. En ella se cruzan géneros, el histórico, la novela negra, el realismo social, pero por encima de todo se cruzan tramas en las que diferentes personajes, algunos reales, otros inventados, desnudan las entrañas de un épico combate. La lucha de clases. Una lucha heroica, homérica, de tintes clásicos podríamos decir. No lo es la escritura de David Peace, de frases breves, a golpes, que cortan como cuchillas el tejido muerto del olvido para adentrarse en la carne y la sangre que palpita. La lucha palpita en las casi 700 páginas de un libro esencial para comprender y comprendernos. No basta con saber, no basta con almacenar datos, fechas, nombres y cifras, es necesario comprender, es necesario adentrarse, bucear en el lodo, en la mierda, como un acto de memoria, de reivindicación, de acción revolucionaria. La cultura, decía Montserrat Roig, es la opción más revolucionaria a largo plazo.

Esta dialéctica entre la forma y el fondo, la escritura fragmentada y fragmentaria, dispersa, cruda, directa, que teje una red que nos envuelve a medida que avanza el relato de una lucha emprendida hasta las últimas consecuencias por personajes míticos: la clase obrera. Esta dialéctica es también una declaración de principios (literarios, por supuesto). Contar el pasado desde el presente para comprender una narrativa histórica cercenada.

Pero hay una dialéctica mucho más obvia en la novela, compartimentada narrativamente e incluso tipográfica. En cada capítulo transcurre una semana. En cada capítulo seguimos a los personajes principales en los lugares donde todo ocurre realmente. La sede del sindicato, su presidente, su tesorero, reuniones, comités, negociaciones. El hotel y el coche del enviado del gobierno al mando de la guerra sucia contra los huelguistas y el sindicato. Más reuniones, conspiraciones, secuestros, asesinatos, violencia policial. Entre capítulo y capítulo, dos trabajadores, Martin y Peter, huelguistas y activistas sindicales, nos cuentan, en primera persona, su día a día durante la huelga. Como si pudiéramos ver al lado de la noticia sobre la votación en el Congreso, una imagen del señor X hablando con sus diputados desde su yate y aun al lado una imagen de una de esas familias, cómo viven, cómo sufren para llegar a fin de mes estirando al máximo sus menguados ingresos, si los tienen.

Esta dialéctica está al alcance de la gran literatura cuando su compromiso con la verdad va más allá de los datos, fechas, nombres y cifras. GB84 es esa clase de literatura.

 

GB84
David Peace
Hoja de Lata 2018
27,90€ | 688 pág.