Carlos Natera | Una dura noticia nos erizó el pelo hace un par de días: Habían asesinado a Marielle Franco, una concejala brasileña que estaba investigando los abusos y asesinatos policiales. Leí a una compañera en Twitter decir: “En algunos sitios la militancia política cuesta la vida”. Hubo una parte de mí que de algún modo se tranquilizó por hacer política en España, Europa, el primer mundo, el remanso de paz que es occidente, donde nos están metiendo en la cárcel pero al menos no nos están matando. Consuelo de tontos.

Sin embargo ese mismo día por la tarde todo dio un vuelco cuando en pleno centro de Madrid un chico de 35 años llamado Mmame Mbage murió de un infarto tras huír de una redada policial. Llevaba 12 años en España, trabajando (porque sí, vender en la calle también es un trabajo) pero nunca le dieron la oportunidad de regularizar su situación. Y huyendo, huyendo de la policía día tras día acabó muerto en las mismas calles donde (sobre)vivía y trabajaba. Asesinado por unas instituciones racistas que son culpables desde el minuto uno de la situación de estas personas: Provocan guerras en sus países de orígen, venden armas a gobiernos y guerrillas para hacer negocio, extraen sus recursos, les cierran las fronteras cuando quieren huir y, si por suerte consiguen llegar vivos aquí, son criminalizados hasta la muerte. Perseguidos como si hubieran robado millones del erario público o estafado a las personas mayores con activos financieros tóxicos pero muy preferentes.

A Urdangarín o a la infanta Cristina no les va a dar un infarto mientras disfrutan en yate de sus millones robados. Tampoco parece que Rodrigo Rato esté siendo muy perseguido cuando precisamente ayer mismo publicó un artículo hablando sobre lo de Bankia dando lecciones (¡encima dando lecciones!) sin importarle mucho los cargos que se le imputan. No están tampoco nerviosos ni Cristiano Ronaldo ni Leo Messi, que también ayer vieron el sorteo de Champions tranquilamente con sus compañeros sin que el fraude fiscal les pese sobre el corazón ni la conciencia. Ni por supuesto ese tal M. Rajoy parece muy preocupado por aparecer en unos papeles donde se le señala como parte del entramado de sobresueldos ilegales del PP. Qué cosas que todos estos delitos, siempre relacionados con el mundo financiero y con quiénes más dinero y poder tienen, no sean perseguidos con tanto ahínco por la policía a base de carreras por las calles día tras día.

El Estado se cobró una nueva víctima y hoy criminalizan desde todas las teles a estas personas que vinieron a nuestro trocito de mundo a ganarse la vida y a contribuir para crear un lugar mejor. Porque Mmame Mbage era también activista y denunciaba esas redadas donde él mismo cayó muerto. Porque sí, compañera, ayer nos equivocamos: Aquí la militancia política también puede costar la vida, especialmente si el color de tu piel no se parece al de las personas que posan en las marquesinas.