Soulaima Vázquez | El clasismo, el racismo, la islamofobia y el sexismo son cuatro cuestiones que afectan de lleno a las mujeres racializadas y/ o musulmanas. El capitalismo de la mano del orientalismo y las visiones etnocentricas han creado generaciones de personas que se consideran en una superioridad cultural, económica y racional. Como consecuencia dificulta aceptar que, al igual que necesitamos una deconstrucción del patriarcado, también la necesitamos del racismo y la islamofobia.

En 2016 se recogieron 81 casos de violencia de género de carácter islamófobo y 10 agresiones a hombres musulmanes, según el informe de la Plataforma ciudadana contra la islamofobia. Después de cada atentado terrorista en Europa se producen agresiones a mujeres musulmanas. Esto es un gran indicador de que la islamofobia de género debe tener una respuesta feminista.

Asimismo, un tema significativo y del que apenas se habla es la situación de las porteadoras, mujeres marroquíes que cruzan día a día una de nuestras fronteras como mulas de carga y que, en ocasiones, mueren en el intento. Dos mujeres muertas el 15 de enero, en un caso nada puntual, son la muestra clara de la feminización de la pobreza y del racismo.

Sin embargo, cuando hablamos de racismo no sólo nos referimos a las agresiones físicas o a la discriminación laboral. También nos referimos a la tradición o costumbre social, ya que esta lleva implícita desigualdad racial, pues se utiliza para justificar determinados actos racistas. A nosotros/as se nos cuestiona la pertenencia a España por nuestra forma de vestir, de pensar, de creer, de hablar o de actuar, hechos por los que no se cuestiona a las personas no racializadas. Hay que tener en cuenta que detrás de esto hay un problema identitario, es decir, vemos cómo aquello que se entiende por “español” excluye a amplias comunidades que viven y forman parte del Estado Español

De igual modo, una cuestión realmente importante es identificar el racismo y/o la islamofobia que se produce diariamente. Por ejemplo, tratar a las mujeres musulmanas como sujetos pasivos, objetos de estudio, para negarles así el derecho a hablar o a luchar. O decirle a una mujer musulmana con velo que no puede luchar por sus derechos por usar velo, alegando que en algunos países es símbolo de opresión. Es como decirle a una mujer negra que no puede luchar en contra del racismo porque el color de su piel ha sido utilizado para discriminar. No tiene sentido alguno.

No obstante, estos ataques legitiman políticas que vuelven a hacer de nuestro cuerpo un objeto sobre el que legislar. Con la excusa de los derechos de las mujeres se desarrollan leyes que facilitan el despido o la no contratación de mujeres que portan un velo, siendo esta una medida claramente islamófoba y machista.

Como respuesta utilazaremos “La sororidad como arma”, el lema de la II Marcha contra las violencias machistas de la provincia de Cádiz. Un feminismo que nos incluye a todas es una fuerza común que frena este sistema. Es por eso, que intentamos crear uniones difíciles de romper, pero se nos hace cuesta arriba en una sociedad patriarcal, racista e islamófoba donde constantemente nos ponen piedras en el camino.

Es imposible desligar la lucha antirracista del feminismo en situaciones como estas. Simone de Beauvoir hacía este planteamiento que desgraciadamente sigue siendo actual: “Burguesas, son solidarias de los burgueses y no de las mujeres proletarias; blancas, lo son de los hombres blancos y no de las mujeres negras”. Todas juntas llegaremos antes y más fuertes.

 

Soulaima Vázquez es musulmana, militante de Anticapitalistas y activista antirracista.

 

Puedes leer éste y otros artículos en el número 5 de la revista Poder Popular:

Revista Poder Popular #5