Beatriz Muñoz Nebot | Pamplona. San Fermines, 2017, ¿os acordáis o resulta que como ya ni siquiera lo nombran en los medios de comunicación se nos ha olvidado? Os refresco la memoria.

Una vez más, los animales no estaban encerrados en la plaza. Campaban a sus anchas en manada, por las calles oscuras, en busca de una nueva presa.

Caminaba junto a mi pareja, agotada la fiesta, rumbo al hotel. De repente, nos llamó la atención un cuerpo solo, desnudo, indefenso, inmóvil… La observé, extrañada; respondió con miedo en la mirada. Nos acercamos y le preguntamos si necesitaba ayuda. Ella no articuló una sola palabra, nada más lloró. Tenía marcas rojas en la cara, se percibía su terror a metros de distancia, le habían quitado toda la ropa y también el teléfono móvil —no fuera cosa que pudiera comunicarse—. Era definitivamente apreciable su profundo estado de shock. Llamamos inmediatamente a la policía, y tras muchas horas, un poco más calmada y afrontando la confusión y el trauma que sufría, pudo explicarse.

Esto parece ficción, pero no lo es. Todos los datos utilizados han sido recogidos en un auto. Después de varios meses, nueve sesiones en los tribunales a puerta cerrada y una abierta al público; todavía hay gentuza —que se hace llamar juez— que señala 6 víctimas en un caso de tal calado.

Después de a ver visto las preguntas acusantes e hirientes hacia la víctima por parte de uno de los miembros del tribunal, solo saqué en claro una cosa: que juntas podemos golpear todas las calumnias que se están diciendo sobre este caso y sobre muchos otros. Un gran número de compañeras salieron en defensa de la víctima y, en efecto, en contra de las falacias de este señor. Y ahí comprendí que aún hay esperanza para conseguir que haya sororidad y para seguir luchando por un país feminista. La sororidad y el feminismo no son nada más que un arma que nos ayuda a defendernos y a luchar por nuestros derechos como mujeres. Y es que todas nos unimos a la causa de la joven atacada por esta manada de energúmenos. <<¡Yo te creo!>>, gritamos, compartimos y difundimos; tanto para ella como en contra de todos aquellos que dudan de la veracidad de su testimonio y que creen que estos animales no deberían estar en prisión preventiva hasta que todo estuviera resuelto; tanto para ella como en contra de las hienas que pasaron, arrasaron con todo y piensan irse de rositas — tanto en este caso como en otros, los cuales no se usarán de antecedente para el juicio de los San Fermines; por ejemplo uno en que cuatro de los cinco presentes también van a ser investigados por presuntos abusos sexuales a una cordobesa de 21 años, y por drogarla con burundanga según se sabe por los mensajes de whattsapp enviados esa misma noche.

A renglón seguido de las pruebas presentadas por los detectives contratados por familiares de los acusados en los cuales se muestra que la víctima lleva una vida <<normal>>, sin hablar del estrés al que sigue estando expuesta; yo, como mujer; me pregunto: ¿qué pretendéis, que después de abusar de nosotras tengamos que acabar con nuestra vida? Pues no, no lo haremos. Porque juntas podemos combatir la violencia machista y luchar por una justicia que nos proteja del modo en que debería hacerlo.

 

Beatriz Muñoz Nebot es activista de Abrir Brecha.