Manel Barriere Figueroa | Vivimos tiempos excepcionales, un auténtico movimiento reaccionario que amenaza con desintegrar lo poco que queda en pie de la maltrecha democracia europea. Movimiento porque desde el resultado de las elecciones en Hungría hasta ese 62% de ciudadanía española que apoya el encarcelamiento de activistas y políticos del procés catalán, parece que no nos enfrentamos únicamente a un poder que se vuelve cada vez más autoritario. Esta salida insolidaria, punitiva, a los problemas y conflictos que nos atenazan, parece fruto de un cambio sustancial en ese sentido común que pocos años atrás, ocupando plazas y calles, presagiaba posibilidades de cambio político hoy extintas. El poder, eso así, actúa con toda su arbitrariedad para liquidar por la fuerza aquello que representa la promesa de un nuevo mundo, en el que el amor, la solidaridad, los cuidados y el apoyo mutuo articulen unas relaciones humanas dignas de ese nombre.

En este contexto cae en mis manos el imprescindible libro de Nico Rost, Goethe en Dachau. Un libro que constituye y a la vez no, un testimonio más entre muchos que se pueden leer sobre la barbarie nazi. Es uno más en tanto relata en primera persona las vivencias de un preso a lo largo de todos y cada uno de los días que duró su cautiverio en el campo de concentración de Dachau. No lo es porque se aleja de la intención explícita de la mayoría de supervivientes, quienes escribieron para denunciar con todo lujo de detalles el mal radical que sufrieron en sus propias carnes.

Rost no habla de la destrucción del ser humano, sino de su supervivencia. Aferrado a su gran amor por la cultura, rescata su dignidad de la degradación moral y física a través de las múltiples lecturas que llegan a sus manos, de la biblioteca del campo o herencia de otros presos al fallecer. Las reflexiones que suscitan tales lecturas, los recuerdos que evocan o las conversaciones al respecto con otros compañeros, tienen como objeto tradiciones culturales que también deben ser preservadas, rescatadas del poder oscuro que domina Europa en ese momento.

Pero hay algo más. El riguroso compromiso con el que escribe su diario, día tras día sin saltarse ni uno solo, clandestinamente, robando papel, arriesgando su seguridad, es un reflejo de la necesidad de resistir. Más allá de seguir viviendo, vivir según unos principios fundamentales. Amistad, solidaridad, apoyo mutuo. Organizarse contra la opresión. Por eso sus comentarios sobre literatura son en realidad un relato sobre el porqué de la literatura, el porqué de la cultura en una circunstancia tan atroz. Es a través de esa cultura, compartida como se comparte un mendrugo de pan o se intercede por un compañero para salvarle, como se teje una red de relaciones basadas en la supervivencia colectiva, que constituyen una verdadera comunidad europea de solidaridad y lucha.

Nico Rost volvió a Dachau en 1955. Escribió un epílogo para su libro en el que denuncia el abandono de las instalaciones y reivindica el heroísmo de quienes resistieron. También la memoria del horror ante unas autoridades herederas del Reich, pues en los pueblos seguían gobernando las mismas personas, cuya negligencia escondía la intención explícita de minimizar lo ocurrido, faltando a la verdad y en consiguiente, a la justicia. Geothe en Dachau no es solo un libro sobre la resistencia. También es un libro de resistencia y para la resistencia, especialmente en tiempos de reacción como los que estamos viviendo.

 

Goethe en Dachau
Nico Rost
ContraEscritura 2016
22,00 €