EXISTENCIA

Yo existo. Preexisto. Tengo una historia. He evolucionado. Vivo en la palabra. Nado en sus aguas más turbias. Voy contracorriente. Me excita la confirmación de la materia, la autoapropiación del clítoris, las turbulencias cuando te conquisto y nos follamos en secreto.

Yo digo. Y cuando digo algo el mundo se encoge a su manera. A veces camino por calles erróneas, pero nunca dejo de andar y de mantener los ojos abiertos. Me resulta imposible olvidar los colores de mi sangre, el hambre humana, la ecuación injusta, la saliva de los poderosos.

Yo amo. Con todas las letras del vocabulario yo te amo. En francés, en italiano o en inglés con un «I love you» yo te amo. Y me atrevo a decírtelo al oído desde la estepa más alta de la tierra. Aunque sé que tú nunca podrás amarme de la forma que yo quiero, ni hacerme el amor a diario como si fuésemos dos adolescentes. Ya nos llegó el tiempo de lo inútil. Así que sonrío cuando dicen que aúllo como una fiera y siempre respondo que tan solo soy una trompeta triste.

Yo existo. Me digo. Amo sin medida alguna. Me desnudo con violencia y me miro al espejo. Dos extrañas alas me han crecido, el sexo está más rojo e incontenible que nunca. La cabeza gira en torno a los huracanes, las teorías y mi desconcertante ateísmo. Me resisto a creer en Alá o en una manzana. Por eso me aferro a mi desnudez y me aireo a mis anchas. Esta sensación de libertad no me la quita nadie. Este corazón roto será arreglado con buen pegamento. Estos nervios seguirán siendo los míos y este cuerpo un universo que se rebela, espanta y se va creando todo el día.

 

(Rosa Silverio)