Eduardo Tamayo Belda |  El 22 de abril de 2018 se celebraron elecciones presidenciales en Paraguay, de las que salió vencedor el candidato conservador, Mario Abdo Benítez, de la ANR o Partido Colorado, que derrotó por escaso margen a Efraín Alegre, candidato del PLRA o Partido Liberal, que encabezaba una coalición opositora de fuerzas progresistas y de izquierdas. Mario Abdo gobernará el Paraguay hasta mediados de 2023 —las legislaturas en Paraguay tienen una duración de cinco años— pero deberá apoyarse en pactos parlamentarios para sostener la gobernabilidad debido al estrecho margen de su victoria.

A finales de marzo de 2017, los acontecimientos políticos en Paraguay convirtieron a esta pequeña república sudamericana en noticia internacional cuando los intentos del Presidente Horacio Cartes de habilitar por medios poco legítimos la reelección presidencial —Paraguay tiene vetada constitucionalmente esta posibilidad— provocaron una movilización social en las redes y en las calles, orquestada sobre todo por el PLRA (principal partido de la oposición) que devino en una grave crisis política e institucional, y que terminó suponiendo la quema de parte del edificio del Congreso paraguayo por parte de los manifestantes y el asesinato de un militante opositor al Gobierno por disparos de la policía en el interior de una de las sedes del PLRA en Asunción.

Cerrada aquella crisis, tras la renuncia definitiva de Horacio Cartes a ser reelecto, Paraguay iniciaba el año 2018 en campaña política, con la vista puesta en las elecciones presidenciales del 22 de abril, en las que se elegían el Presidente y el Vicepresidente de la República, diputados y senadores nacionales, gobernadores y juntas departamentales, y los parlamentarios que representarán a Paraguay ante el Mercosur.

Ese día, se celebraron unos importantísimos comicios en los que el país se dirimía entre el continuismo —conservadurismo social y neoliberalismo en lo económico— y la posible apertura de un proceso de regeneración política, seguramente complejo e incompleto, pero más que necesario en un país que vivió por sesenta años bajo la hegemonía de un mismo partido (la ANR o Partido Colorado), que dominó el país durante casi treintaicinco años de dictadura (1954-1989), monopolizó la primera fase de la transición (1989-1992), y gobernó el Paraguay democrático hasta 2008, año en que una amplia coalición opositora venció en las elecciones, con la figura del exobispo Fernando Lugo como cabeza de cartel de aquel proyecto político de cambio.

Para mediados de 2012, casi cuatro años después de aquella victoria de la oposición organizada, y a poco más de un año para la finalización del mandato del Presidente Lugo, éste fue destituido casi de manera fulminante. Se le acusó del desastre por el aún hoy polémico y obscuro Caso Curuguaty, tras una maniobra parlamentaria de dudosa legitimidad política —mediante la figura jurídica del “juicio político”— perpetrada en apenas 72 horas, lo que le valió un amplio reconocimiento como “golpe parlamentario”, que sacó del poder a las personas y las ideas de regeneración que habían entrado en las instituciones paraguayas desde 2008. Aquel impeachment de 2012, además de dinamitar la convivencia política entre los que hasta entonces habían sido socios políticos, desarticuló también las posibilidades electorales de una oposición que quedó terriblemente dividida entre golpistas y antigolpistas de cara a las elecciones del año siguiente, lo que devolvió finalmente el poder a la ANR, en 2013, que retomó la senda del conservadurismo tradicional paraguayo.

Ya en 2018, se presentó a las elecciones una oposición en parte recuperada de antiguos golpes y crisis, liderada por la figura de Efraín Alegre (PLRA) —con mucho menos carisma que Lugo—, junto con el reconocido periodista Leo Rubín —persona de profundas convicciones progresistas y muy crítico políticamente con el devenir del Paraguay— como candidato a la Vicepresidencia. Ambos configuraron la chapa que la oposición presentó a las elecciones de este año, bajo la denominación de Alianza GANAR.

Domingo, 22 de abril de 2018: Vocales de las mesas electorales revisando las listas de electores, con las papeletas de votación sobre la mesa, en un colegio de la capital paraguaya durante el día de las elecciones generales.

Las elecciones se desarrollaron con aparente normalidad durante la jornada del 22 de abril; los paraguayos y paraguayas votaron desde las 07:00 hasta las 16:00, y al poco del cierre de urnas el Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) inició el recuento, y tras varias horas de incertidumbre por lo ajustado del cómputo, a última hora del día el TSJE anunció que la victoria de Mario Abdo Benítez era ya irreversible, y lo consideró de facto como vencedor de las elecciones.

En realidad, muchas encuestas habían vaticinado en las semanas previas una amplia y sencilla victoria a Mario Abdo (Partido Colorado), conocido como Marito porque su padre también se llamaba Mario Abdo Benítez (quien fue secretario personal del dictador Alfredo Stroessner durante años); sin embargo, el triunfo fácil previsto por algunas de las encuestas finalmente no fue tal. Si bien el candidato colorado —conservador— se alzó con la victoria por la Presidencia, la distancia frente al candidato del Partido Liberal —de tendencia progresista— fue exigua, y menos de un 4% fue el porcentaje de votos que separó a ambos candidatos al final del conteo: 46’44% de los votos para la ANR (Partido Colorado), por el 42’74% obtenido por el PLRA (Partido Liberal).

En diputados, la ANR obtuvo 42 de las 80 bancas, y en senadores 17 de los 45, lo que deja a los colorados con tan sólo 59 de los 125 sillones del Congreso paraguayo, órgano encargado de ejercer el Poder Legislativo en el país, y que reúne las cámaras de diputados y senadores.

Lo ajustado del resultado no es una cuestión menor, ya que no se daba un resultado por la Presidencia tan apretado en Paraguay desde las elecciones de 1993. Esta falta de claridad en el apoyo popular y en el reparto de bancas del Congreso puede derivar en dificultades para la gobernabilidad en caso de perder el nuevo Presidente alguna de sus fidelidades internas o de sus apoyos externos en los primeros años de su mandato, lo que le obligaría a renegociar y llegar a acuerdos parlamentarios constantes para no ver interrumpido el desarrollo de su acción de gobierno.

Si bien ha habido numerosas críticas al proceso de recuento de votos y a la transcripción electrónica de estos conteos en la plataforma virtual del TSJE (con fuertes e importantes acusaciones de fraude electoral y denuncias por las consecuencias que podría haber tenido ese fraude en el resultado final habida cuenta del estrecho margen del resultado), finalmente el TSJE desestimó las incriminaciones al no observar fraude real, y Mario Abdo Benítez será el próximo Presidente de la República.

El 15 de agosto de 2018 se realizará la toma de posesión efectiva, fecha en que tradicionalmente (desde 1912) asumen el cargo los presidentes de la República del Paraguay, en conmemoración de la fundación de Asunción —capital del país—, que tuvo lugar el 15 de agosto de 1537.

 

Ambas fotografías tomadas por Eduardo Tamayo Belda en Asunción.

Imagen de portada: Viernes, 31 de marzo de 2017. Protestas ciudadanas frente al edificio del Congreso por el intento del Presidente Cartes (ANR) de habilitar la reelección presidencial. El episodio finalizó con la quema de parte del edificio del Congreso y con el asesinato de un joven militante opositor por la policía.