Oscar Blanco | El conflicto en los equipamientos culturales de Barcelona que comenzó a finales de marzo continua y se extiende cada vez a más centros. Como ha informado esta semana el SUT, sindicato que lidera la huelga, ya van 9 jornadas de paro en MagmaCultura (Museu Picasso, MACBA, Sala Ciutat y CCCB), 3 en Ciut’art (Arxiu Històric, Fundació Tàpies, Miró, Museu de la Música, Fabra i Coats, Museu del Disseny, CCCB) i el proper 31 de maig s’afegirà la plantilla del Museu d’Història de Barcelona (Expertus).

Las jornadas de huelga estan teniendo un seguimiento alto pero las empresas estan aplicando métodos ilegales para tratar de amortiguar el impacto. Después que MagmaCultura fuera condenada a indemnizar al SUT y los trabajadores por imponer servicios mínimos a las primeras jornadas convocadas en el Picasso, la empresa ha practicado sistemáticamente la sustitución de huelguistas. La plantilla del Picasso ha podido reunir pruebas de esta vulneración del derecho a huelga y esta a la espera de juicio.

En un acto organizado por Anticapitalistes el 1 de mayo, Abir Sadri, trabajadora del museo Picasso, explico el desarrollo del conflicto y las reivindicaciones de la huelga:

En medio de esta situación, CCOO y UGT llegaron a un acuerdo con el Instituto de Cultura de Barcelona y la patronal del sector para conseguir suspuestas mejoras en las condiciones laborales vinculadas a las licitaciones de equipamientos culturales. Sin embargo, el acuerdo, que ha tenido bastante recorrido mediático, no ha tenido en cuenta ni las reivindicaciones de la huelga ni al propio comité de huelga, puesto que ni CCOO ni UGT han impulsado movilizaciones en el sector, que lo juzgan cosmético e insuficiente.

La temporada alta del turismo comienza y la huelga sigue expandiendose al conjunto del sector afectado, sea cual sea la subcontrata, por una fuerte precariedad. Las posibilidades del conflicto de escalar a nivel de ciudad son reales y de momento el Ayuntamiento de Barcelona no parece interesado en mover ficha para acabar con un modelo de ETT y externalización que condena a la precariedad a centenares de trabajadoras dependientes del ICUB.