Guillermo Arribas | El Estado de Emergencia decretado tras el Golpe de Estado de 2016 y la jurisdicción paralela creada en el Estado turco a partir del mismo han convertido las elecciones generales del próximo domingo 24 de junio en una jornada decisiva. En ella se enfrentan la Alianza del Pueblo, la Alianza de la Nación y el HDP como partidos con mayor perspectiva de voto según las encuestas.

A la izquierda Murrahem Ince candidato del CHP y la Alianza Nacional, y a su derecha Raceep Tayeep Erdogan presidente de la República de Turquía y candidato de la Alianza del Pueblo.

La Alianza del Pueblo, liderada por el actual presidente Raceep Tayeep Erdogan, aglutina a su partido (AKP) junto al MHP de Devlet Bahçeli, siendo la opción nacionalista y más conservadora, en la que además vemos una deriva autoritaria y religiosa. Frente a ella, la Alianza de la Nación, se ha configurado como un conglomerado de cuatro partidos que busca detener la hegemonización del poder por parte de Erdogan pero sin una política común clara. La coalición está liderada por Muharrem Ince del partido CHP, que representa la opción de centro socialdemócrata. Mientras que el resto de partidos que forman parte de la Aliaza de la Nacion, es decir, el Partido IYI, el Partido Demócrata y el Partido de la Felicidad, tienen un perfil conservador. En tercer lugar encontramos al HDP (Partido Democrático de los Pueblos), pro-kurdo, que junto a otros partidos minoritarios representan la opción ligada al socialismo radical, ecologista y feminista, bebiendo tanto de votantes kurdos como de la izquierda turca.

El sistema electoral turco esta organizado en dos rondas. Una primera que conforma el parlamento, y en caso de que no se obtenga una mayoría absoluta, una segunda ronda que enfrente a los dos más votados.

Si la Alianza del Pueblo busca alcanzar en primera ronda la mayoría absoluta, la Alianza Nacional buscará una segunda ronda en la cual la polarización social, que enfrenta a los seguidores de Erdogan con el resto del panorama político, juegue en su favor. Mientras tanto, el HDP tratará de volver a alcanzar los resultados de las pasadas elecciones, superando el 10% del corte electoral.

La pérdida de poder del Parlamento votada en el referéndum de 2017, y que entrará en vigor tras estos comicios, dará lugar a un hiperpresidencialismo, es decir, la concentración de poder en la figura del presidente poniendo fin al sistema semipresidencial en el que la asamblea parlamentaria comparte dicho poder con el presidente. Esta es la razón por la cual la política interior y exterior del Presidente Erdogan ha sido un esfuerzo continuo por alcanzar más del 50% del voto en primera vuelta. Apoyado en el Estado de Emergencia, que ha sido denunciado repetidas veces por ONGs, actores sociales, Estados y el europarlamento, ha ejercido un control férreo de la esfera pública.

Su política ha llevado a una polarización social y a una persecución de la oposición democrática. Políticos, estudiantes, periodistas y activistas sociales han sido víctimas de un clima acusatorio en el que la justicia ha actuado con una dudosa imparcialidad y en el que los delitos de terrorismo y propaganda terrorista han servido como guillotina.

Como podemos constatar en los juicios de Taner Kilic -presidente de Amnistía Internacional en Turquía encarcelado desde hace un año- y Enis Berberoglu –político opositor del partido CHP condenado a 6 años de prisión que denunció los nexos del gobierno turco con Daesh-, o las condenas a cadena perpetua a los periodistas Altan y Nazli Ilicak. El fuerte control ejercido sobre la gran mayoría de medios de comunicación está dificultando la visibilidad pública del resto de candidatos, siendo una cuestión casi clandestina la publicación de visiones alternativas a la versión oficial.

Selahattin Demirtas candidato del Partido Democrático de los Pueblos (HDP) en prisión desde Noviembre de 2016

Pero sobre todo encontramos el paradigma de este Estado de Emergencia en la persecución continua llevada a cabo contra los miembros del HDP. En especial contra su candidato Selahattin Demirtas, quien fue encarcelado en noviembre de 2016. Es considerado el personaje kurdo más carismático e influyente del momento en la política turca y realiza su campaña electoral desde la prisión de Edirne. Su situación no es única ya que otros 12 parlamentarios del HDP se encuentran en la cárcel y 89 de sus 120 alcaldes han sido retirados de sus puestos por el gobierno de Erdogan.

Los cargos por los cuales se les mantiene en prisión son siempre fundamentados en una supuesta pertenencia o propaganda del PKK y legitimados ante la sociedad por la lucha del Estado turco contra esta organización en un conflicto que se ha cobrado más de 40.000 muertes. El voto kurdo, que tradicionalmente se ha disputado entre los partidos pro-kurdos y el AKP, será determinante el 24 de Junio razón por la cual las campañas electorales se han volcado en posicionarse en el conflicto. La Alianza del Pueblo (AKP-MHP) se postula como garante de la seguridad y la unidad nacional, llevando la lucha contra el terrorismo, y de facto, contra cualquier solución alternativa al conflicto kurdo, más allá de sus fronteras como podemos ver en las Operaciones Rama de Olivo y Escudo del Tigris, al Norte de Siria e Iraq respectivamente. Mientras que el CHP se posiciona como llave de apertura de un proceso de diálogo, y el HDP como único interlocutor del pueblo kurdo.

La oposición a Erdogan al completo denuncia que las leyes fruto del Estado de emergencia, votadas por AKP y MHP, han sentado la base para impedir que estos comicios sean transparentes, legalizando conductas completamente antidemocráticas. Por ejemplo, permitiendo que las urnas sean contadas sin estar selladas en colegios electorales que pueden ser reubicados y clausurados por cuestiones de seguridad y en los que se permitirá la entrada a personal armado gubernamental. Algo que seguro tendrá consecuencias en el Sureste del país, en las zonas kurdas, ya de por sí altamente militarizadas y en las que se cometen continuas violaciones de derechos, tal y como asegura Amnistía Internacional.

Todos estos factores hacen del 24 de Junio de 2018 una fecha histórica para Turquía, en la que está en juego no sólo el futuro democrático y de la libertad de expresión dentro de sus fronteras, sino la posibilidad de aumentar la inestabilidad en un contexto regional tremendamente volátil por la situación en Siria y el Kurdistán.