Manel Barriere Figueroa | La cuestión del realismo es hoy la cuestión del relato mismo. Como contar, como contarnos, como construir relatos sobre una realidad soterrada, en un mundo en transformación constante sometido a dos tensiones opuestas pero complementarias: la utopía tecnológica, mesiánica, frente al apocalipsis de la necro-política. Dos caras de la misma derrota.

Es más fácil, dicen, imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Por eso el capitalismo se esfuerza en anular nuestra imaginación mediante la fantasía de un futuro de salvación a través de las máquinas, la inteligencia artificial, el Big Data. Hoy mismo, dijo alguien apellidado Bush, hay alguien en un garaje inventando algo que nos salvará del cambio climático. Supongo que se refería, el bueno de Bush, al gigante del armamento Lockheed Martin. En la vieja Europa Frontex nos protege de las víctimas, nuestras víctimas.

Es esencial, pues, desmontar esa fantasía, construir un relato que rompa con la utopía realmente existente para poder luego plantearse que tal vez nos merecemos algo mejor. Es esencial contar y contarnos en este tiempo para afrontar sus demonios. Literatura contra necro-política. Contar el presente, el pasado desde el presente, también el futuro como puede ser si no hacemos que sea de otra manera. Contar El tiempo cifrado durante el cual descubrimos, reaccionados, sucumbimos y el mundo vuelve a empezar.

Será eso, tal vez, la novela de Matías Escalera Cordero. Primera obra escrita, publicada como segunda. Un relato del mundo y la vida en un tiempo de derrotas disfrazadas de utopía, la utopía liberal, progre, nacional-demócrata, monárquico-constitucional que nos ha conducido a la precariedad de todo.

El ser que escribe y publica, hoy, navega a la deriva en una especie de balsa de la Medusa, compitiendo por un mercado depauperado, escuálido, mermado por la expansión de comunidades virtuales que son a su vez la extinción de las comunidades reales. Hoy no hay relato sino relatos, creados a base de estímulos con significado que se multiplican de forma fragmentada y dispersa a través de múltiples canales, en una saturación de datos, fechas, nombres, lugares, comentarios, ocurrencias, eslóganes y chascarrillos sin posibilidad alguna de articulación narrativa. Los relatos se legitiman a golpe de “like” o “retweet”.

Matías Escalera, escritor de la resistencia, escritor, sobre todo, que se cuestiona desde dónde escribir, para qué hacerlo, cómo hacerlo. Construye un relato complejo de la transición que él vivió, que somos nosotras y nosotros hoy. Un relato que muchos considerarán alternativo, que yo considero realista, comprometido, intransigente como lo debe ser quien escribe sin competir por premios ni mercado.

Pero El tiempo cifrado es mucho más que eso. La novela constituye, a través de un despliegue de recursos literarios, una defensa de la literatura en sí misma, una reivindicación de ese tiempo, el del relato, que es también el de la reflexión, el de la consciencia. Al leerla descubres una belleza lírica sobrecogedora, una prosa precisa, una estructura intrincada que articula el discurso y nos conduce inexorablemente al discernimiento, a la emoción.

La cuestión del realismo es la cuestión del relato, y el de la transición sigue siendo una asignatura pendiente en nuestro país. El tiempo cifrado afronta ambos retos, romper con el discurso del poder para reivindicar la memoria arrebatada de lo que pudo ser y no fue, articular discursos literarios honestos y comprometidos para resistir las derivas del presente.

 

EL TIEMPO CIFRADO. ALUMBRAMIENTO Y TRANSICIÓN
Matías Escalera Cordero
Amargord, 2014
278 pág, 14€