Oscar Blanco | Tomates, pepinos y melocotones para todo el mundo. Alguna birra, pero ambiente deportivo. Tan deportivo que algunas activistas de la Ágora Juan Andrés incluso sufren al grito de: “eh, más baile y menos golpes”, entre las risas de las más acostumbradas al boxeo. El pasado sábado 28 de julio se encontraron cuatro espacios con muchas cosas en común con el lema “Entrebarrios, encuentro de boxeo social”. Los protagonistas eran el Gimnasio Sant Pau que hacía de anfitrión, desde Sabadell el Gimnasio Popular Rukeli del Centro Social La Obrera y, los que más se habían desplazado, Hortaleza Boxing Crew, desde la periferia madrileña. El escenario era la Ágora Juan Andrés, solar liberado y autogestionado del Raval.

Son espacios con cosas en común porque todos han estan o están recientemente en peligro de desaparecer. El Gimnasio Social Sant Pau parece que es el espacio con la continuidad más asegurada después de conseguir que el Ayuntamiento el pasado mes de mayo aprobara la compra del espacio que será gestionado por una cooperativa y donde se construirán viviendas sociales, tal como había pedido la iniciativa ciudadana que querían presentar desde el gimnasio a la fallida multiconsulta.

Más difícil es ahora mismo la situación de Hortaleza Boxing Crew que después de años de lucha ha recibido de la Agencia de Vivienda Social de la Comunidad de Madrid, propietaria del edificio, una carta comunicándoles que tienen que abandonar el edificio y trasladarse a un nuevo local con un alquiler de 457€ que no pueden asumir. En una situación similar se encuentran la Ágora Juan Andrés y el Centro Social La Obrera (sede del Rukeli), los dos en pleno proceso judicial contra Triquell y García SL y Cajamar respectivamente. Ambos espacios están organizando una campaña de apoyo y presión para conseguir que espacios abandonados durante años y recuperados por el trabajo desinteresado del vecindario continuen teniendo un uso social.

Este era el objetivo principal del encuentro de boxeo y ka recogida solidaria de alimentos. Poner un granito de arena en la campaña de defensa de la Ágora, que explicó al final del interclub el activista barrial y del movimiento de liberación sexual Gerardo Ariza. También tienen en común ser tres espacios donde el boxeo es el punto de entrada de jóvenes en riesgo de exclusión y con proyectos diferentes de educación social. Julio Rubio en Hortaleza, el Zurdo en el Raval o las militantes del Rukeli entienden el deporte como una herramienta de encuentro para rehacer vínculos sociales en el barrio y para combatir los impactos perversos de la combinación entre precariedad y atomización social.

Durante un par de horas desfilaron por el improvisado ring (tan improvisado como cuatro sillas en las esquinas con cordeles que delimitaban el espacio sobre el suelo de arena) jóvenes de los tres espacios de diferentes niveles, desde los que debutaban a los que ya han hecho algunas veladas amateur. El ambiente fue en todo momento de compañerismo y sin competitividad malsana ni aspavientos de nadie. Eso sí, todas las persones participantes quisieron dar el mejor de sí mismas como boxeadorass (sin arriesgar demasiado para no caer). La ocasión bien lo valía.

Boxa comunitària en defensa de l’Àgora Juan Andrés