Daniel Mulero y Roc Martinez | Hace unos días nos encontramos con Alex, sindicalista represaliado por Cacaolat, para conocer su situación. La historia se remonta a unos años atrás. En noviembre de 2011 la empresa Cacaolat se encontraba en concurso de acreedores y fue adjudicada al 50% a cada una de las empresas DAMM y Cobega con el compromiso judicial que se respetaría la plantilla y las condiciones laborales. Sin embargo, de forma acelerada la patronal Cobega y DAMM segrega la planta de Zaragoza y despide a sus trabajadores en septiembre de 2013.

En Catalunya después de cerrar la delegación de Tarragona y despedir a toda la plantilla de esta provincia, la patronal pretende empezar un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) encubierto. Siempre despidiendo menos del 10% de la plantilla con los plazos justos que marca la ley para no tener que negociar con la representación de legal de la plantilla. Con la resistencia y la lucha de as trabajadoras se consigue que no se apliquen medidas tan traumáticas y se opta por pedir bajas voluntarias y prejubilaciones.

Pese a la aplicación de medidas menos agresivas y que se consigue mantener el departamento de reparto, los efectos son 50 trabajadoras despedidas en dos años en Barcelona. Durante este periodo se produce el traslado de la fábrica de la fábrica de Cacaolat de Poble Nou a la antigua fábrica de la DAMM en Santa Coloma de Gramenet. La conflictividad con la plantilla va en aumento por la vulneración de las medida más elementales en Seguridad y Salud, tales como el déficit en infraestructura que hace que no se solucione el estrés térmico al trabajar con temperaturas superiores a 38º y un 100% de humedad. Deficiencias en salud laboral que la sección sindical de CGT consigue que se corrijan después de recurrir a instancias judiciales y por las cuales la empresa es sancionada en diversas ocasiones.

En medio de este clima laboral se produce la negociación del convenio. El punto principal para la plantilla es impedir que se llegue a una doble escala salarial y que se divida aún más a los y las trabajadoras. En este punto la sección sindical de CGT es muy beligerante contra las pretensiones de la patronal y la sumisión de algunos sindicatos representados en la mesa de negociación. La patronal junto a CCOO, UGT y USSOC consigue implantar la doble escala salarial. CGT no firma este (último) convenio.

Por otro lado, en pleno proceso de negociación de convenio, CCOO promueve el proceso de elecciones sindicales en contra del criterio del resto de secciones sindicales con representación en la empresa. Debido a la reducción de plantilla por los despidos y bajas voluntarias, se reduce también el número de representantes en el comité de empresa. Este hecho provoca que la representación de CGT a la empresa Cacaolat quede muy alterada respecto a las anteriores elecciones sindicales y como consecuencia Alex de CGT no sale elegido en el nuevo comité de empresa, por un solo voto.

El rencor y el autoritarismo de la patronal de Cacaolat llegan al extremo de despedir a Alex al año y tres meses de no ostentar la representación legal de les trabajadora. Justo el límite legal. Los motivos para justificar el despido disciplinario de Alex son totalmente ridículos y fuera de toda realidad. La verdadera intención de la patronal con este despido es dar una lección a la plantilla a la vez que se encarniza con Alex.

¿Cómo se ha articulado la resistencia contra el despido?

Es significativo que mientras muchas compañeras se han dirigido a dar apoyo y solidaridad a la persona represalida, el comité de empresa se ha limitado a sacar un tímido comunicado. El apoyo y la solidaridad también han venido desde fuera de la empresa y de entidades sociales muy transversales y de diferentes sectores. Han participado asociaciones de vecinos, sindicatos, partido políticos, entidades sociales, diferentes plataformas de afectados… tanto locales como comarcales para dar a conocer a la sociedad la presión y la falta de respeto que practica la empresa Cacaolat con las trabajadoras.

Todas estas muestras de apoyo a las movilizaciones hechas por las compañeras del trabajador represaliado en la fabrica Cacaolat han dado bastante sentido a la batalla jurídica que ha acabado con la sentencia que declara nulo el despido. La sentencia obliga a la empresa a readmitir al trabajador y pagarle todos los meses que ha estado fuera de la empresa, así como una pequeña indemnización.

Este caso, recuerda la importancia de las movilizaciones en los centros de trabajo acompañadas por un trabajo en red, arraigado territorial y sectorialmente, de base, que refuerce la solidaridad y el apoyo mutuo entre las de abajo. La cultura del pacto, fruto del actual régimen socipolítico nacido el 78, junto con las dinámicas burocráticas que perpetúan los sindicatos mayoritarios (principalmente UGT y CCOO pero no solo) han favorecido la perdida de musculatura del movimiento obrero así como ha estigmatizado las movilizaciones y acciones de la clse trabajadora.

Lo único que ha traído esta cultura del pacto ha sido precarización y autocensura en las acciones del movimiento obrero. Por eso es tan importante un sindicalismo combativo, unitario y horizontal que responda con contundencia a las agresiones y la represión de la patronal. La única vía para la victoria es la lucha constante y consciente. Se ha de saber interpretar la ley en favor de las trabajadoras, pero teniendo siempre presente que las leyes defienden los intereses de los poderosos. De ahí la importancia estratégica de unir las batallas jurídicas con la movilización.

También es fundamental la impugnación de la deshumanización que se vive a infinidad de empresas como en Cacaolat, Amazon, Ryanair… donde muchos derechos humanos quedan suspendidos en aras a la libertad de empresa y de explotación por parte del capitalismo. Las jerarquías se imponen con autoritarismo porque las legislaciones laborales, cada vez más diezmadas, son tibias, desreguladas, y cuando no lo son no hay mecanismos, ni personal para hacerlas cumplir. Es necesaria la democratización de los puestos de trabajo y fortalecer al movimiento obrero con un sindicalismo combativo y solo abierto al conjunto de la clase trabajadora podrá ser posible. Las viejas burocracias sindicales han de dar pasos hacia el sindicalismo horizontal y de las de abajo nacido al calor de las movilizaciones que lleva en si mismo la mejor tradición combativa del movimiento obrero. Las luchas se pueden ganar, como la de Alex contra Cacaolat.