Patricia Grela | Hace unos días hablamos con Pilar y Montse, representantes de la CGT en Atento Coruña, sobre los motivos de las movilizaciones que tienen lugar cada lunes desde el 28 de mayo.

La precariedad en el telemarketing es algo inherente al sector, pero desde hace un tiempo el ambiente laboral en Atento se ha convertido en irrespirable. La CGT, a nivel estatal, se ha movilizado todo este tiempo sin ningún apoyo del resto de los sindicatos aun habiendo despidos. Ahora, el comité de Coruña se moviliza, por primera vez en mucho tiempo, porque ya no aguantan más. El constante goteo de despidos, la presión de la mutua para dar altas, el acoso constante a las trabajadoras y el incumplimiento del convenio en materia de vacaciones han sido las gotas que han colmado el vaso.

Las delegadas definen la situación como «un ambiente de guerra constante» en el que no pueden ceder ni un minuto. Les han tumbado de varias maneras los atropellos laborales y ahora la empresa busca nuevas estrategias. Los despidos a cuentagotas son una de las formas de atemorizar al personal. En Coruña llevan 20 despidos en los últimos meses de los más de cien a nivel estatal. Utilizan la reforma laboral para encontrar causas como los despidos por la acumulación de bajas de corta duración. No olvidemos que en este sector su principal herramienta es la voz, por lo que es común que un resfriado o una faringitis les impida trabajar. Pero también utilizan causas inventadas para deshacerse de gente, aun a sabiendas que en cuanto llegue al servicio de mediación (SMAC) serán reconocidos como improcedentes. «No les importa, ahora el despido es prácticamente gratuito. Lo que buscan es dificultar la labor sindical tardando en notificar los despidos para que prescriban y no se pueda hacer nada» comenta Montse.

Tienen la lección aprendida. En 2014, la CGT, gracias a la movilización, tumbó un ERE amparado por CCOO y UGT que afectaba a más de ochocientas personas a nivel estatal. Al año siguiente, volvieron a intentarlo con un ERE encubierto que también fue paralizado gracias a la presión de los trabajadores. «Convencimos a la gente de la importancia de volver al puesto de trabajo y ahora los compañeros y compañeras readmitidos siguen trabajando, a pesar de lo duro del puesto y del miedo a las repercusiones» recuerda Pilar.

Estos despidos tienen varios objetivos. Primero deshacerse de personal antiguo y precarizar los nuevos puestos. Pero también amedrentar a los trabajadores y trabajadoras para que estén callados. «El personal tiene tanto miedo que hacen que vayamos a trabajar enfermas para no coger una baja que puedan utilizar para despedirnos». El absentismo en Atento está relacionado con el propio trabajo: las bajas son motivadas por temas de estrés y derivadas de las malas condiciones laborales. Pilar se lamenta de que «la empresa en vez de intentar mejorar las condiciones para disminuir ese absentismo, prefiere despedir y asustar a las trabajadoras para evitar que se cojan bajas o que tengan que coger días de vacaciones».

También despiden a personas de baja de larga duración aunque sean improcedentes. «Lo que hacen es mandar un mensaje a los trabajadores de si te coges una baja voy a por ti, haciendo que aumente el estrés y la tensión.”
La precarización tras los despidos viene en forma de contrato. Los nuevos puestos tienen peores condiciones (contratos de menos horas, categorías laborales más bajas, horarios más complicados…), pero por otro lado está el aumento de la carga de trabajo para los antiguos porque se tienen que hacer cargo de los puestos eliminados. «La carga de trabajo es cada vez mayor, llevamos muchos años pidiendo un tiempo entre llamadas porque queda trabajo pendiente para cerrar las incidencias, o incluso para beber. Ahora ya no somos nosotros los que descolgamos la llamada, ahora está informatizado por lo que las llamadas son seguidas y a veces estás tosiendo cuando entra la comunicación con un nuevo cliente» nos explican.

No solo utilizan los despidos y la sobrecarga de trabajo como estrategia de presión. Desde hace un año, las sanciones se han disparado en una empresa en la que apenas se utilizaban. «Por poner un ejemplo, en el departamento comercial, que no es exclusivamente de ventas, sino que deben recepcionar las reclamaciones de los clientes, son sancionadas por no ofrecer productos. La trabajadora puede gestionar adecuadamente la reclamación, dejando al cliente satisfecho o evitando que se altere más de lo debido. En situaciones en las que no sería sensato ofrecer nuevos productos, a la trabajadora le puede caer una sanción de varios días de suspensión de empleo y sueldo. Imagina lo que eso supone en un empleo en el que el salario ronda de media los seiscientos o setecientos euros con una jornada de 35h semanales. Cada vez hay más presión y te exigen cosas tan surrealistas como que el departamento técnico no abra averías, pero que quede contento y que no llame en 7 días. Tenemos instrucciones que van en contra de los clientes» nos dice Montse.

Esta situación viene por la modificación de la política de incentivos. Montse nos explica que «antes los incentivos por cumplimiento de objetivos en Atento no llegaban a quince o veinte euros. Este año han pasado de ser algo que si cumplías podías cobrar incentivos a ser motivo de sanción e incluso de despido. Cuando no cumples los objetivos te meten en lo que llaman planes de seguimiento, que consiste en estar vigilada todo el día, lo que supone una presión añadida, una nueva forma de acoso».

Atento no se limita solo a despedir de forma aleatoria, sino que intenta que abandonen los puestos por voluntad propia utilizando medidas de presión y acoso. Pilar recuerda que «en este último año pueden llegar a cincuenta, sesenta personas las que se han ido por estos motivos. En dos años la plantilla se ha reducido en cerca de cien personas entre despedidos y forzados a irse». Y la legislación laboral se lo ha puesto fácil a los empresarios dándoles herramientas para la precarización colectiva mediante las modificaciones sustanciales (cambios de horarios, de turnos, reducir jornadas, tener turnos que no son compatibles con la vida personal).

El motivo del endurecimiento de estrategias de acoso en A Coruña es que al ser uno de los centros más antiguos los derechos adquiridos de los trabajadores son mayores, tienen más contratos de jornada completa, categorías laborales altas…

A pesar de que la situación lleva casi un año siendo insostenible en cuanto a despidos, el comité sindical de Atento Coruña ha decidido movilizarse ahora debido a otra nueva medida de presión de la empresa. A través de la mutua fuerza el reingreso del personal de baja o evitan realizar exploraciones de enfermedades laborales como los nódulos de garganta. «La mutua evita mirarte y te manda al SERGAS para no darte una baja por enfermedad laboral o propone tu alta al médico de familia o a inspección sin decirte nada a ti» critica Pilar.

Otro de los motivos para la huelga y los paros que están llevando a cabo durante este último mes, son las vacaciones de este año. Montse nos explica que «el centro ha impuesto un procedimiento para solicitarlas que incumple el convenio en aspectos como que en verano tienes 14 días de vacaciones. Según la empresa, este año el período estival son 4 meses y aun encima deniegan las solicitudes de las vacaciones continuamente porque tienen que ser de común acuerdo o te imponen las fechas incumpliendo el convenio. A estas alturas aun hay gente que no sabe cuando tiene su período de descanso en verano».

Los motivos son más que suficientes para reivindicar los derechos de un sector abandonado a su suerte por el sindicalismo más tradicional. A pesar de que el panorama parece «bastante negro», Montse y Pilar reconocen que han sido muchas las batallas ganadas: «Hemos conseguido muchas cosas con la CGT, tanto en Coruña como a nivel estatal, a través de demandas y sentencias favorables. Lo que nos pesa es que todo lo que hemos conseguido no haya sido fruto de una movilización lo suficientemente importante como pasa en otros sectores. Desde nuestro punto de vista, la lucha sindical pierde porque se fija la idea de que el sindicato lo arregla con una demanda en vez de a través de la movilización».

Son muchos los obstáculos a los que se enfrentan día a día. La represión sindical contra los representantes de la CGT en Atento va desde suspensiones de empleo y sueldo por una postura sindical que nada tenía que ver con el desempeño de su trabajo hasta el despido de una de las delegadas. «Es una batalla constante en la que no podemos pasarles ni una. Se han puesto como objetivo agotarnos y hacernos vivir en una tensión diaria para que nos acabemos doblegando».

La desmovilización generalizada y los pactos entre los grandes sindicatos y la empresa son dificultades añadidas para lograr buenos convenios que supongan mejoras sustanciales en sus condiciones laborales.
Montse y Pilar se lamentan de la falta de lucha de la clase trabajadora, en especial en este sector: «Las movilizaciones tienen un apoyo desigual: aquí en Coruña sí son secundadas, pero los sindicatos pactistas obstaculizan mucho la labor sindical. El modelo tradicional de sindicalismo nos ha perjudicado mucho, esa concepción del sindicato como “gestoría”, esa idea de “yo te voto o me afilio para que me resuelvas los problemas”, es delegar la lucha en otros. El sindicalismo pactista nos perjudica diariamente, esa diferencia que hacen entre representantes y trabajadores es terrible». «Es obvio que alguien tiene que asumir la figura de dar más la cara o de asumir la responsabilidad de ciertas cosas, pero son mis compañeras, nos afectan las mismas cosas» indica Pilar.

Montse cree que tener que dar las gracias a la gente por acudir a las movilizaciones es parte de esta concepción. «Nos molesta especialmente, es como si no estuviesen luchando por sus propios derechos».

Tienen por delante un calendario de movilizaciones con paros parciales y huelgas por tiempo indeterminado, pues saben que aunque ganen esta batalla deberán seguir luchando por un sector precario creado por un sistema capitalista voraz.

Tenemos como reto lograr una cultura sindical basada en la participación y en el fortalecimiento de la clase obrera que permita poner los derechos de las personas por encima de intereses económicos y de la explotación inagotable del sistema en el que vivimos. El ejemplo del personal de Atento, como el de muchos otros, nos hace ver la necesidad de repensar el sindicalismo de clase. Necesitamos avanzar hacia un sindicalismo horizontal y democrático, alejado de las grandes cúpulas y los pactos de despacho, un sindicalismo con capacidad de adaptarse a los nuevos sectores y de crear poder popular.