Marko Mastrocecco | Desde hace unos años, en Italia, se están desarrollando experiencias de economía alternativa basadas en el mutualismo, en parte herencia de la gran tradición obrera y libertaria del Norte, y en parte producto de formas diferentes de producir, distribuir y consumir.

Entrevista a Gigi Malabarba, uno de los protagonistas de la fábrica recuperada RiMaflow en el norte de Italia. “La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos: la autoorganización y la autogestión son los puntos desde los que volver a empezar”.

Genuino Clandestino nació en 2010 como una campaña para denunciar las normas injustas que equiparaban los productos elaborados directamente por los campesinos con los de la producción industrial, aplicándoles los mismos criterios y convirtiendo de hecho a los primeros en ilegales. La campaña, que se ha ido transformando en una red de nudos en continúa evolución, se ha planteado desde el principio reconquistar derechos expropiados por el neoliberalismo, como la libre trasformación de productos por parte de los campesinos y el sistema directo de distribución, objetivos concretizados en un detallado estatuto. La etiqueta de Genuino Clandestino se define antirracista, antifascista y antisexista, y mantiene voluntariamente una identidad indefinida, es abierta a todas, personas y comunidades en construcción, y, más allá de las reivindicaciones iniciales, se propone construir alternativas concretas al vigente sistema capitalista.

Otra experiencia similar que se está difundiendo por el país es Fuorimercato, que se presenta como una alternativa ecológica y social. No quiere ser un mercado alternativo, sino una alternativa al mercado, es decir, un “lugar antropológico difuso” donde se conectan la producción, la reproducción y la circulación de una economía que incluye todos los factores básicos del sistema de subsistencia, no solamente el alimentario, rechazando todo tipo de restricción (pública o privada) al derecho soberano de acceso a tales factores. Las comunidades que se organizan con estos objetivos operan a través de procesos de reapropiación y en absoluta independencia de las instituciones, con la creación e inter-connexión de grupos de oferta y de consumo, cocinas populares, espacios sociales y plazas comunes. Se está intentando politizar el consumo crítico y experimentar cadenas lo más posible completas para satisfacer el conjunto de las necesidades sociales: alimentación, salud, vivienda, relaciones, cultura etc.

Entrevistamos a Gigi Malabarba, uno de los protagonistas de la construcción de Fuorimercato y de la fábrica recuperada RiMaflow.

 

Gigi, cuéntanos un poco la historia del proyecto RiMaflow.

Después de tres años de lucha, también con semi-ocupaciones de la fábrica, la Maflow de Trezzano sul Naviglio, cerca de Milán, cerró a final de 2012, despidiendo a 300 trabajadoras y trabajadores. Siguiendo el ejemplo de las fábricas recuperadas argentinas, un primer grupo de 20 dependientes la ocupó con el objetivo de restablecer la producción en autogestión, es decir, sin patrón. El “mutualismo conflictual” es el concepto que hemos acuñado para describir la transformación de un conflicto sindical obrero tradicional en un proyecto de economía fundado sobre criterios de solidaridad.

 

Nos gusta la idea de las “casas de mutuo apoyo”, ¿nos la puedes explicar?

Ha sido un recorrido de experimentación muy preciso, 30 mil metros cuadrados, un bloque de oficinas y cuatro grandes naves industriales quedaban abandonados por el proprietario (un banco, Unicredit) mientras que podían ser puestos a disposición de obreros despedidos de otras fábricas, desempleados, artesanos que tuvieron que cerrar sus actividades debido a la crisis y las políticas de austeridad.

Nos hemos abierto a estos perfiles y a quien estaba peor que nosotros, algunos migrantes, y en el curso de los años la fábrica se ha ido poblando de muchos trabajadores más. Hoy somos 120 y somos parte de la Casa de mutuo apoyo: a quien venga le proporcionamos un espacio, sin que tenga que pagar nada si no tiene recursos, ni electricidad ni otros servicios, financiados por los otros trabajadores; luego, cuando se consolida su actividad, paga sus gastos y abona un dinero de solidaridad con quien lo necesite. Tenemos una Cooperativa y varias asociaciones para coordinar las diversas actividades productivas y culturales, que reconstruyen aquellas que fueron las Sociedades cooperativas obreras históricas de finales del siglo XIX en el período previo al estado de bienestar. El poder de toma de decisiones de nuestras estructuras asociativas y cooperativas está en las manos de la asamblea de trabajadoras y trabajadores, cada posición es electiva y revocable. Tenemos que lidiar con el mercado, lo sabemos, y esta es la razón por la cual nuestras estructuras económicas también son parte de la misma trinchera de la lucha anticapitalista: no hay isla socialista dentro de este sistema. Pero sin las actividades económicas que dan respuestas aquí y ahora a las necesidades sociales (trabajo, ingresos, derechos) no hay más actividad política creíble.

 

Una vez que comenzó vuestro proyecto, ¿cómo surgió el conflicto con las instituciones? ¿De qué os acusan y qué medidas han tomado contra vosotros?

El primer conflicto es con la propiedad (privada): para nosotros la reapropiación de la fábrica representa una compensación social tras los despidos sufridos. Ocupamos pero pedimos una regularización, porque queremos tener un trabajo en regla y con todas las normas de asistencia, seguridad en el trabajo y social. La cooperativa ya funciona así. Unicredit no está de acuerdo y las instituciones, guiadas por el Partido Democrático, como en nuestro ayuntamiento, apoyan a la propiedad porque nosotros somos “ilegales”, machacándonos con cada detalle normativo en vez de ayudarnos a superar las dificultades. Allí donde hemos conseguido imponer al ayuntamiento que acepte nuestras peticiones de regularización, la nave de los artesanos, el trabajo se ha regularizado de manera integral. Sin embargo, donde necesitamos más autorizaciones, como en el reciclaje de la basura para recuperar las materias primas (vocación ecologista fundamental de nuestro proyecto porque ya nada debe ir al vertedero), no sólo no nos han ayudado sino que nos han demandado, empujándonos de hecho en una investigación judicial por tráfico ilegal de basura. El presidente de la cooperativa ha sido arrestado a finales de julio acusado de manera infame de asociación para delinquir. Precisamente nosotros, que junto a Cáritas y a asociaciones antimafia, presentes en RiMaflow, hemos construido una decena de otras realidades –que incluyen bienes confiscados a la mafia- coordinadas en la red Fuorimercato.

 

¿Y la gente de la zona qué piensa? ¿Cómo os relacionáis? ¿Vuestro proyecto ha estimulado otras situaciones similares en el área metropolitana?

El nuestro es un territorio con una alta densidad mafiosa. Hay un bien confiscado por cada mil habitantes y la gente se ha acostumbrado a este clima, aderezado con una retórica cultural legalista. Juntas municipales enteras de centro-izquierda y centro-derecha han acabado en la cárcel por connivencia con la mafia, pero las pocas asociaciones progresistas, humanitarias y también la gente común, han visto con buenos ojos que unos obreros no se quedaran esperando a que el trabajo les lloviese del cielo, sino que se han arremangado para reconstruirse un trabajo. También el mundo católico ha apoyado hasta el fondo el mutualismo, la acogida a los refugiados y la vocación ecologista. Más que imitaciones (desgraciadamente no han nacido otras empresas recuperadas), se ha extendido la red de economía social y solidaria Fuorimercato, que incluye pequeños productores agrícolas, y el proyecto común -desarrollado también con la ayuda del MST brasileño y de las organizaciones de Vía Campesina- consiste en la distribución entre las clases populares de Milán de alimentos sanos y producidos por trabajadores en regla. La misma RiMaflow produce conservas, productos para el horno y bebidas alcohólicas (el Limoncello y el Amaro Partigiano).

 

¿Qué crees que se podría hacer a nivel internacional? ¿Cómo podríamos colaborar, en nuestro caso desde España?

Ante todo, tenemos que defendernos de los ataques que intentan neutralizar nuestra experiencia y, de hecho, todas las actividades de mutualismo y autogestión desde abajo surgidas en Italia. Es indispensable que la campaña “RiMaflow vivrá! Massimo libero!” logre resultado. En breve, acogeremos el VI “Incontro nazionale di Fuorimercato” y en abril, el “III Incontro europeo delle imprese recuperate”, que incluye –aparte de empresas recuperadas en varios países- asociaciones y organizaciones sindicales, también de España, con la construcción de experiencias de mutualismo conflictual en el orden del día. Iniciar experimentaciones de economía en autogestión similares a la nuestra en todos los terrenos, de la ciudad al campo, es la mejor ayuda (tenemos una colaboración con el SOC-SAT andaluz, por ejemplo, que combina luchas sindicales y ocupación de tierras con producción propia, a parte de la gestión cooperativista de Marinaleda). Después de la crisis de perspectiva, también de la izquierda radical, demasiado ligada a la conquista del estado y las degeneraciones socialdemócratas y estalinistas, es bueno retomar una reflexión sobre los principios originarios del movimiento obrero y sobre las experiencias que constituyen la base de su historia, como la Comuna de París. La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos: la autoorganización y la autogestión son los puntos desde los que volver a empezar. Estamos muy interesados en dialogar con quien, como Anticapitalistas, se ha planteado como nosotros el problema de construir poder popular como condición para construir alternativa. Sin esto, incluso resultados electorales extraordinarios de fuerzas radicales, como los obtenidos en Grecia y España, están destinados a no avanzar… os esperamos en abril en el encuentro europeo.