EL TIPO QUE ES SIEMPRE AMENAZA

Puedo aceptar que mi barrio viva al rojo vivo,
que abracen las abuelas sus carteras
llenas de miseria en los transportes públicos.
Puedo esquivar la curiosidad de los niños,
las miradas lascivas de las MQMF,
los sky bars donde entrar es una lotería.
Puedo relativizar incluso la sorpresa;
es decir, el terror cerval que te asalta
al verme girar por la esquina,
las bromas, los clichés,
los consuelos que pretenden ser paternalistas, y lo consiguen.
Puedo seguir mirando como si nada mi vaso de café
mientras una afirmación estúpida rebota como una bala,
desde telediario hasta cada cabeza, provocando
un movimiento reflejo de consentimiento, igualmente estúpido.
Puedo parecer un buen trabajador, pagar mis impuestos y mis multas,
representar un suspiro de la población penal,
un nada por ciento de las consultas médicas,
vivir al margen de lo posible en esta sociedad
de lo diariamente imposible
y dar gracias por que no me identifiquen
cada vez que me cruzo con la autoridad.
Y podría aún ser peor, y ser adolescente
y tener pinta de querer bailar en la mira
del desencanto mientras pienso que soy el arquetipo.

Más español que el 25% de este país y para ti,
sigo siendo la amenaza.

 

(Julio Hernández)