Pepe Mejía | El pasado 1 de octubre de 2017 Catalunya vivió una jornada histórica. El 90,18% votó sí a la independencia y hubo una participación de más del 43% del censo. Pero también se vivió una jornada de dura represión policial que tuvo sus repercusiones en el exterior. Después del 1-O no todo sigue igual. Se abrió una nueva fase.

Sònia Farré Fidalgo, diputada catalana por En Comú Podem en el Congreso, activista del 15M, de la Plataforma de la Auditoría Ciudadana de la Deuda y militante de Anticapitalistes, nos explica algunas de las claves del post-1-O.

 

El próximo 1 de octubre se celebra un año del referéndum por la independencia en Catalunya. ¿Cómo recuerda aquel día, cómo lo recuerda la sociedad catalana?

Fue un día muy intenso, que pronto vimos que era histórico, y con mucha intensidad y emociones encontradas. Por un lado, la preocupación por las cargas policiales y por otro el lado más positivo: la colaboración y la solidaridad que mostró la gente. Un impresionante ejercicio de autoorganización, democracia y participación. Personalmente, estuve en un colegio electoral de un barrio que es tradicionalmente de mayoría de votantes socialistas: fue impresionante la cantidad y diversidad de gente que vino a votar, especialmente porque explicaban que no pensaban ir a votar hasta que vieron las cargas por la televisión.

 

¿Qué votó?

Sí. Igual que en el 9-N, aunque en el 1-O tardé doce horas en poder votar, porque tuvimos que solucionar diversos problemas, coordinar las filas, hablar con los otros colegios electorales, intentando que no nos cerraran en el que estaba yo y otro que no conseguimos que se mantuviera abierto porque lo cerraron los Mossos…, un poco más y no me da tiempo. Pero sí, fue una jornada histórica.

 

El referéndum celebrado el 1-O del pasado año ¿ha servido para algo?

Demostró la capacidad de autorganización popular. Además, visibilizó una mayoría amplia a favor del derecho a decidir y a favor de reivindicar más democracia. Estos tres elementos estuvieron también muy presentes en la huelga general del 3-O.

 

A propósito del 3 de octubre. El mismo día de la huelga general, que la gente estaba en las calles, el rey lanzó un mensaje institucional. ¿Cuál es su valoración de estos dos hechos?

En las calles se mostró una unión con unas reclamaciones más amplias, más allá de la nacional. Hubo reclamaciones y reivindicaciones sociales, contra la represión, junto a las consignas habituales en otras movilizaciones sociales o huelgas. La gente que participó no era independentista estrictamente: el 3-O, igual que el 1-O, superaba el espacio del independentismo. Sin embargo el discurso del rey se dirigía solo a una parte muy concreta de la población de Catalunya y mucha de la gente que asistió a las manifestaciones esperaba de él un discurso que aportara soluciones o, por lo menos, comprensión. En cambio, su discurso generó un rechazo muy amplio, porque no mostró ninguna empatía con quien participó en el 1-O.

 

Usted dice que el 1-O fue una demostración de autoorganización popular. ¿Corre el riesgo de que alguna fuerza política se apropie de este capital social y político?

Sí, de hecho hay intentos constantes para encasillarlo sólo como si el mandato que salió del 1-O fuera un mandato independentista, cuando en realidad es un mandato a favor del derecho a decidir, a favor del reconocimiento de la soberanía de Catalunya, en contra de la represión… Y Junts per Catalunya vive del legitimísmo y esto cala en parte del movimiento, no en todo.

 

¿Qué le diría a la izquierda española, exceptuando al PSOE, después del 1-O?

Que siga firme en la defensa de los valores democráticos, el derecho a decidir, y la soberanía de Catalunya, y en contra la represión que sufren tanto con los que están en la cárcel, en el exilio o las que tienen causas judiciales pendientes.

 

¿Cómo son las relaciones con las CUPs?

Desde hace mucho tiempo trabajamos con las CUPs en los diversos y variados movimientos sociales y populares, así como en algunos espacios municipales. Dicho esto, las relaciones políticas se han de construir desde abajo.

 

Desde su punto de vista ¿cuáles pueden ser las posibles salidas a la actual situación?

Proceso constituyente no sólo para Catalunya. Necesitamos un debate en todo el Estado sobre derechos sociales y nacionales. Desde el punto de vista catalán, el reconocimiento de la existencia de la Nación catalana es el primer paso para abrir un debate sobre qué encaje puede tener o el modelo de Estado a dotarnos. Y el último CIS revela que el 70% de los españoles considera que es necesaria una reforma de la constitución.

 

¿Considera posible que el gobierno socialista vuelva aplicar el artículo 155 de la Constitución?

Ni había motivos entonces ni los hay ahora. En el caso supuesto que el PSOE aplicara el 155 perdería los apoyos del bloque democrático y apostaría por gobernar con la derecha, la que ahora compite para ver quién es más xenófoba.

 

Después de la represión policial, que los grandes medios internacionales se hicieron eco, ¿sigue existiendo represión policial?

En el tema de la represión, la preocupante es la judicial. El 10 de abril pasado hubo una operación contra miembros de los CDRs que participaron en movilizaciones y a los que acusaron de terrorismo y desde esa fecha, Tamara, de Viladecans, está en arresto domiciliario, no puede salir de su pueblo. El otro caso es el de Adri, de Esplugues de Llobregat, que está exiliado desde entonces. Además de estos casos, siguen llegando citaciones y causas judiciales contra activistas. Estamos asistiendo a una situación de represión sostenida en el tiempo, que puede ser más dura que la misma policial. Por suerte hay redes de apoyo mutuo y capacidad en coordinación.

 

¿Cuál es su opinión sobre la situación de los presos políticos?

Es intolerable que haya presos y presas políticas. Catalunya es un país pequeño en donde es muy fácil que conozcas a alguien exiliado, preso o con citación judicial. Si se continúa la vía judicial y no se soluciona por la vía política, la ruptura emocional que se puede generar, con las sentencias que puedan salir, va ser muy grande y muy difícil de reparar. Nadie entiende que se hable de violencia o que se utilice el concepto de sedición o rebelión. Por otro lado, hay diferentes campañas de apoyo a las personas que están sufriendo la represión judicial. Es el caso por ejemplo de Adri, exiliado y miembro de los CDRs, que cuenta con un grupo de apoyo en su pueblo que está haciendo un gran trabajo. Ante la represión, la más amplia solidaridad.