Araceli Orozco Cozar | Tras el 8 de Marzo de 2018, el movimiento feminista se perfila como uno de los pocos movimiento capaces de despertar ilusión , movilizar las masas e imponer una agenda mediática en el marco de un discurso crítico y radical en muchos de los elementos con los que se presentaba en su manifiesto. El resultado desborda las expectativas de la propia organización que se encuentra al día siguiente con una mezcla de euforia por el éxito y la responsabilidad de asumir los retos y responder a las esperanzas renovadas de miles de mujeres. La combinación en un mismo movimiento de mujeres de diferentes perfiles, edades y trayectorias, junto con la apuesta por una huelga de mujeres que amplia el concepto de huelga más tradicional, apostando por un modelo social y transversal que incluyera el consumo y los cuidados , son algunas de las claves para entender la popularidad y el éxito de lo vivido el 8 de Marzo.

Pero las preguntas que a todas se nos colgaba en los labios tras la resaca del día siguiente era compartida en todos los territorios: ¿Y ahora qué?, ¿cuál es el siguiente paso? Las mujeres más jóvenes y las menos politizadas, mirábamos a aquellas compañeras con más experiencia en activismo y con una trayectoria consolidada, se abría una puerta a la esperanza y algunas nos arriesgábamos a hablar sin tapujos de revolución feminista y anticapitalismo, a pesar de saber que nos encontramos en un movimiento heterogéneo con implantaciones diferentes en cada territorio, con grandes lagunas en los debates y con grandes sectores sociales que aún no se sentían representadas como los colectivos de mujeres racializadas o las mujeres rurales. Aún así, la valoración positiva y el impulso restaurado desde los colectivos de nuevo cuño compuesto en su mayoría por mujeres jóvenes y que además mantienen una extracción de clase muy parecida a la movilizada en el 15M, no dejan lugar a la duda de que nos encontramos ante un proceso que nos permite remover cimientos y acumular experiencias interesantes de construcción colectiva socializada , política y autorganizada que merece poner todo nuestro esfuerzo.

El 9 de Marzo comienza por tanto una carrera de fondo para el movimiento feminista , perfilar una organización que se extiende por todo el estado y cuya comisión estatal se enfrenta a la difícil tarea de coordinar plataformas y colectivos muy diferentes y con realidades distintas propias de cada territorio. Alcanzar acuerdos en lo referente a la toma de decisiones cruciales y en debates en los que aún no se ha profundizado y cuyas posturas de salida difieren en forma y contenido y concretar las reivindicaciones de forma clara con la que plantar cara en las instituciones.

Esto no acaba aquí, es sólo el comienzo. El primer encuentro estatal después del éxito del 8 de Marzo en Mérida, no cumple con las expectativas, en esta ocasión y coincidiendo con la moción de censura al gobierno de Rajoy y la toma de posesión de la nueva directiva encabezada por Pedro Sánchez, con una mayoría de mujeres al frente de los ministerios , presentándose de forma embaucadora como un gobierno feminista, hace recular aquellas mujeres más afines al PSOE integradas dentro de los colectivos coordinados bajo la plataforma del 8M. Aparecen los viejos fantasmas y la posibilidad de nuevo de que el movimiento que por primera vez había conseguido sobrepasar los límites que marcaba el feminismo institucional históricamente en manos del PSOE, pierda su carácter autónomo y la hegemonía de un nuevo discurso feminista más crítico y combativo.

El varapalo de Mérida y la falta de acuerdos como resultado, ponen de manifiesto que nos encontramos ante una tarea nada fácil y ante un mapa complejo donde conviven los nuevos feminismos con los históricos, y donde el éxito y la popularidad del 8M también había convertido al movimiento feminista en el objeto de deseo tanto de los partidos, como de los sindicatos que comienzan a mostrar interés y cierta sensibilidad feminista.

Tocaba remangarse y trabajar para reorientar y coordinar y no perder los avances conseguidos hasta el momento, generando espacios amplios y abiertos en aquellos territorios que lo exijan sobre todo en momentos determinados, aunque sin perder en ningún momento el carácter autónomo y la dinámica de autoorganización, así como defender el modelo de huelga social, laboral e interseccional aún más amplia donde podamos llegar a los sectores que aún no se ha llegado.

Este proceso de reorientación y la labor realizadas por las diferentes compañeras en las distintas comisiones dentro de la plataforma 8M, así como también los distintos debates llevados a cabo en cada colectivo a nivel local o provincial, culmina en la construcción del próximo encuentro en Asturias, concretamente en Gijón para los días 6 y 7 de octubre. Serán más de 600 mujeres no sólo de distintos rincones del país, también asistirán compañeras de Alemania, Argentina, Bolivia, Brasil, Nicaragua, Francia y Perú. En este encuentro nos marcamos como meta salir reforzadas y consensuar posturas al respecto de qué tipo de huelga queremos, marcar líneas capaces de contribuir a que el movimiento se consolide y siga organizado de una forma descentralizada y donde el trabajo desde abajo de los colectivos a niveles locales sean piezas fundamentales en la construcción del movimiento.

El número tan elevado de mujeres que nos hemos inscrito así como el hecho de que mujeres de diferentes países se hayan sumado a la convocatoria, nos indica la importancia de este encuentro tras un periodo de impasse resultado del cansancio de las continuas movilizaciones en respuestas a los casos tan mediáticos como el de Juana Rivas o “La Manada”, de las debilidades propias de un movimiento transversal y que tiene aún que resolver cuestiones políticas y estrategias importantes, así como al nuevo gobierno del PSOE y sus medidas “maquillajes” como réplica al auge del movimiento Feminista.

La responsabilidad que implica la gran repercusión que tuvo el 8M tanto a nivel nacional como internacional nos ha hecho conscientes a la mayoría de mujeres que vamos a participar en el encuentro de que nos encontramos en un momento crucial y un punto de inflexión, en el que del trabajo y la predisposición para llegar a consensos, va depender volver a repetir el hito de la huelga feminista del 8M o en el mejor de los escenarios, conseguir tender redes a nivel internacional y llegar a esas mujeres que aún no se sienten interpeladas.
El fin de semana que vienes , cientos de mujeres emprendemos un viaje, algunas desde los rincones más apartados del territorio, con la ilusión y el empeño puesto en seguir construyendo desde la reflexión y el debate, un movimiento con vocación de resistencia, forjar alianzas entre compañeras y sentar las bases de una huelga que llegue más lejos y a más mujeres.

Queremos mantener vivo un movimiento que ya ha conseguido una de las movilizaciones más importantes en los últimos tiempos y que ha aunado la clase con el género y con otras categorías discriminatorias como la raza o la orientación sexual, están expuestos los mimbres para un proceso que puede cambiar el rumbo político en este siglo. Se hace más patente que nunca la frase: ” la próxima revolución será feminista o no será”. No faltará la implicación de todas estas mujeres que aspiramos a un nuevo mundo y una nueva sociedad más igualitaria que ponga a las personas y la vida y su sostenibilidad en el centro de la política. Mujeres que alcanzamos diferentes tramos de la historia con edades y vivencias diferentes, pero con la firme convicción de que a pesar de las dificultades, el Feminismo suma y aporta esperanza en un mundo atenazado entre el Capitalismo y el Patriarcado.

Las consignas utilizadas en la última huelga, nos recuerdan cual debe ser el camino y cuáles son los ejes importantes desde donde combatir al Patriarcado, el laboral, el estudiantil, el de las violencia y los cuidados. La sororidad como arma y la capacidad de dinamizar espacios autoorganizados que nos permitan involucrar a las mujeres con menos posibilidades con quién compartir experiencias, ayudará a la toma de conciencia política y social del Feminismo. Una tarea ardua y con altibajos, pero con el compromiso ineludible de un encuentro en Asturias desde donde empezar a consolidarnos y enmarcar el espacio desde donde despegar hacia el horizonte deseado: La revolución feminista del siglo XXI.