El 1 de octubre es todo un acontecimiento politicosocial de primer orden del que se ha escrito muchísimo y más que queda. De todas formas, ¿Tenemos suficiente distancia para ver todas sus consecuencias? ¿Tendrá traducciones políticas de dimensiones de las del 15M? Sin duda el primer aniversario del 1 de octubre llega en un momento incierto y difícil por el movimiento soberanista.

Poder Popular nos hemos propuesto publicar una serie de entrevistas a activistas y militantes catalanas con el mismo cuestionario para estimular la reflexión y el debate estratégico sobre “el octubre donde todo parecía posible”.

La primera edición de esta serie es Helena Vázquez, activista del Centro Social La Obrera, jurista y periodista, que hizo de portavoz del CDR de Sabadell y también de la coordinación nacional de estos. Ha publicado recientemente en el diario Público junto a Vagelis Moschos un extenso artículo donde ligan la experiencia catalana y la griega.

 

Con un Estado y toda su maquinaria represiva en contra ¿Qué hizo posible el 1 de octubre? ¿Qué mandato se desprendía del referéndum?

Una de las conclusiones que sacamos de octubre es que el gobierno de Junts por el Sí no estaba preparado por el embate con el estado. Incluso hay determinados elementos que nos hacen pensar que nunca hubieran querido llegar a ese punto de confrontación que se llegó. Sin embargo, creo que no se pone suficiente énfasis en la comprensión de cómo funcionaba el estado en lo referente a la construcción de la red clandestina que permitió salir adelante el Referéndum. Según informaciones publicadas más adelante, sabemos que proviene, sobre todo, de ERC pero también de un grueso importante de personas de la Esquerra Indepedentista. Con esto quiero recordar que hay un capital humano que ha bebido tanto de las luchas anticapitalistas como de la lucha independentista de los 90 – por lo que se refiere a un sector importante de ERC – y que es capaz de desplegar con destreza toda una estrategia que escapa del control del estado. Por lo tanto, no podemos olvidar, que el referéndum también nace porque hay unas redes preexistentes y un aprendizaje de lucha a contracorriente acumulada.

Por otro lado, su convocatoria se debe a la culminación del procesismo, de su relato. El procesismo con el conglomerado de intereses que lo conforman, algunos con esperanzas de llegar pacto fiscal y otros con voluntad de ruptura nacional. En todo caso, se los había enviado a un callejón sin salida después del fracaso del 9N y del agotamiento de las plebiscitarias. Inevitablemente esto lleva a la convocatoria de unos comicios de este carácter. Probablemente por este motivo, en parte, el simple hecho de convocarlo parece que sea suficiente para decir que se ha hecho. Ahora bien, la desorientación no venía de nuevas. De hecho, siempre estuvo presente en la hoja de ruta, que nunca había dejado claros elementos tan esenciales como la ruptura unilateral con el estado, ni especificaba el mandato que podría legitimarla.

En este sentido, todos fuimos a votar sin saber en qué condiciones podríamos considerar legítima la votación y en qué condiciones se podría considerar una mayoría consolidada para andar hacia la ruptura. Tendría que ser un debate imprescindible del movimiento soberanista, pero fue una discusión que tuvimos deprisa y corriendo. Lo debatimos mientras el estado empezaba a encarcelar y cuando intuíamos que cuanto más fuerte jugáramos con nuestras cartas más recularíamos.

En síntesis, es difícil fijar un umbral, que obviamente se movería por encima de los 2/3 del electorado. En todo caso, creo que la clave es en el proceso de lucha que culmina con el referéndum, con las fuerzas que se acumulan y el terreno que se prepara para la ruptura, tanto en el ámbito subjetivo como objetivo. En este sentido, también considero que se tiene que fundamentar una conciencia emancipatoria que necesariamente incluye la heterogeneidad sociológica del pueblo catalán, que difícilmente se moverá en coordenadas meramente independentistas.

 

Del 1-O al 27-O: ¿qué lectura haces de los acontecimientos de octubre y del final con el exilio, la prisión y el 155? ¿Qué falló?

El octubre pasado fue el fin del recorrido del procesismo, que topó de pleno con la maquinaria represiva del estado y la imposibilidad de negociar si no era en determinadas circunstancias. Los movimientos de algunos sectores del Junts per Cataluña a última hora, y las mismas declaraciones de algunos de ellos nos hacen pensar que nunca habían pensado en llegar tan lejos, que tan sólo era una carta negociadora para empezar en todo caso una desconexión o más autonomía. Ahora bien, todas las herramientas con las cuales podían jugar topaban con una negativa frontal y un uso de la violencia que parecía estar legitimado por el mismo electorado de PP y Ciutadans. Así pues, cuando se llegó al final del proceso – momento declaración simbólica -, el Estado Español comunicó que incluso pondría muertos sobre la mesa para pararlo. Aquí se acabaron las negociaciones. Visto así, si la salida indepe no tenía ningún margen para ganar nada, era un pozo sin salida desde un buen principio.

Dadas las condiciones, tendríamos que habernos replegado los del 3 de octubre, bajo la bandera de la democracia. Pero, esto era del todo imposible con el relato del gobierno que legitima el resultado y continúa amenazando con implementar una república como farol en plenas no-negociaciones. Por lo tanto, el movimiento popular ni supo ni pudo moverse en otras coordenadas que no fueran estas.

Era absolutamente imposible que la república se pudiera implementar y precisamente por este motivo el relato de traidores se me queda corto para explicar porque no pudimos ir más lejos. Lo más importante es que: ni teníamos la legitimidad (resultado justísimo y desarrollado en condiciones de violencia), ni teníamos la capacidad de hacer República de forma inmediata.

 

Un año después ¿Dónde estamos? ¿Qué ha quedado del primero de octubre? Cuáles son las prioridades? ¿Hacia dónde crees que va el movimiento soberanista? ¿Qué papel tendría que jugar el anticapitalismo?

Hay un sector que ha hecho autocrítica, honesta, y ha puesto sobre la mesa precisamente los límites formales (nº apoyos) y materiales para hacer que la República pueda ser viable. Este sería representado por una parte de Esquerra que, además, busca recoger una parte del PSC. Ahora mismo de los tótems del soberanismo representa, junto con Òmnium, los que apuntan hacia una dirección coherente y honesta. El independentismo no tiene que ampliar su base, creo que es el soberanismo el que tiene que ensanchar sus demandas y sus fronteras. El pulso con el estado sólo se podrá ganar si se deslegitima todo el régimen en todo la península.

Creo que se tiene que comprender que la etapa que abrimos nos obliga a dar respuestas diferentes y a construir alianzas diferentes. Esto pasa, antes que nada, al hacer una lectura clara de lo que ha pasado, pero sobre todo exige reconstruir el campo autodeterminista y vestirlo de un proyecto que ponga en el centro las luchas sociales y democráticas. Es imprescindible, pues, que este sujeto encuentre cierta representatividad parlamentaria pero también es importante que la izquierda se recomponga a pie de calle.

Parafraseando el artículo en Público diría que “la izquierda tiene que señalar todos los elementos materiales que impiden la evolución del proceso político. También tiene que exponer paralelamente los elementos programáticos-estratégicos que podrían hacer viable la ruptura.

Por ello, la izquierda no debe olvidar que es imprescindible transformar las demandas nacionales en una luchas populares y democráticas para conseguir su soberanía. Por ejemplo, la izquierda catalana debe recordar el potencial riesgo de fractura social que puede llevar convertir la batalla por su emancipación nacional en un sueño romántico por un simple cambio de banderas de países.”

Helena Vázquez: “Era absolutament impossible que la república es pogués implementar”