Víctor de la Fuente | Si pudiéramos caracterizar al nuevo marco laboral en construcción, los adjetivos que podríamos utilizar son: temporalidad, ampliación de las horas de trabajo, reducción de derechos sociales y sindicales y como no, bajos salarios. Sin investigar mucho, todo ello podemos encontrarlo en Deliveroo y Glovo junto a otras que nacen en el sector.

Y es que la “nueva economía colaborativa”, esa que tan pronto pone a miles de jóvenes a pedalear por las calles de nuestras ciudades como echa a tus vecinas del barrio y las sustituye por turistas, esconde bajo una delgada capa de aplicación de móvil unas condiciones no tan novedosas. Conocer el modelo laboral que imponen estas nuevas empresas no es sino prever un futuro nada lejano que se extiende día a día a más sectores productivos. ¿Y qué mejor forma de hacerlo que con aquellas que han iniciado la puesta en marcha de un camino más allá del modelo imperante?

Nos encontramos por la tarde con Laura y Martino en Lavapiés, junto a bloque nº 11 de la Calle Argumosa, en el madrileño barrio de Lavapiés, el recién nombrado como el barrio más cool de Europa. Quizás les suene este bloque ya que la misma noche en la que hicimos esta entrevista una de sus inquilinas, Pepi, estuvo cerca de perder su casa fruto de un fondo de inversiones que pretende especular con todo el bloque. El Sindicato de Inquilinas e Inquilinos evitó un desahucio más en un barrio que poco a poco comienza a ser tomado por turistas en masas acogidos por Airbnb, transportados por toda la ciudad mediante Uber y cientos de cestas para ser alimentados por las ciclistas de Deliveroo. “El barrio de Lavapiés supone un bajo porcentaje de los repartos de comida mediante Deliveroo” comentan Laura y Martino, “la mayor parte de las entregas se suelen realizar en los barrios del norte de la ciudad, no verás repartidoras en Vallecas o Usera. Pero no te podemos decir exactamente porque ya no trabajamos para la empresa”.

Lo cierto es que Laura y Martino ya no trabajan para esta empresa de reparto. Cuando hace un año decidieron dar un paso a delante como trabajadoras, reclamando a la dirección de la empresa condiciones dignas, esta decidió despedirlas junto a otras sin ningún tipo de explicación o negociación. Lo único cierto es que no firmaron un nuevo contrato impuesto por la empresa que le quitaba lo mínimo de seguridad que ante tenían. “Siguiendo el ejemplo de las compañeras de Barcelona decidimos parar de pedalear. Nuestras demandas entendemos eran bastante lógicas: reconocimiento del estatuto de trabajadoras, zonas de descanso, seguridad médica, taller de reparación de bicicletas y el reconocimiento de nuestro derecho a sindicarnos. La respuesta que obtuvimos siempre fue el silencio total, esta idea de desverticalizar la relación, lo que pretende realmente es individualizarnos. Ante esta actitud no nos quedó más remedio que poner en marcha una huelga. La estrategia de la empresa ante nuestra decisión fue clara: negociación casi individualizada con la plantilla para intentar romper nuestra organización, cancelar todos los pedidos durante este día para que no tuviera impacto sobre el consumidor la huelga y posteriormente el despido automático de quienes organizamos dicha jornada de lucha.” Como destacan, es necesario atender a la composición de quienes trabajan en estas empresas para comprender los procesos que allí se viven. Gente joven en su mayoría, que toma estos trabajos como medida temporal mientras encuentra algo mejor, población migrante que por su situación tiene difícil acceder a otros puestos de trabajo y la gran mayoría sin experiencias laborales previas y mucho menos sindicalización.

El camino seguido por las trabajadoras de Madrid se trasladó a la vía judicial, una demanda colectiva para ser reconocidos como trabajadoras. Denuncias ante la inspección de trabajo en distintas ciudades del Estado han demostrado progresivamente la serie de ilegalidades en las que han concurrido estas empresas. La contratación se venía realizando de forma totalmente fraudulenta, pues existe una relación laboral entre empresa y trabajadora. Distintos juzgados en Madrid, Barcelona y Valencia fallaron ya a favor de las trabajadoras, mientras se han abierto procesos en otras ciudades como Málaga, Bilbao, Sevilla o Gijón, entre otras.

Si estas empresas han irrumpido en el mercado y en la opinión pública a base de “innovar”, mediante un modelo laboral propio del siglo XIX, las trabajadoras de ciclomensajería despedidas no se han quedado de brazos cruzados. “Crear espacios propios de trabajo, lugares donde no sólo se reconozcan los derechos laborales, sino ejemplos que demuestren hasta donde podemos llegar si nos autorganizamos”. Y es que Martino no es solamente un “exrepartidor de Deliveroo” es uno de los impulsores de la cooperativa La Pájara. Un proyecto cooperativo de ciclomensajería en Madrid, como ellas mismas se definen y que destacan entre sus principales características “Desarrollamos oportunidades de trabajo sostenible y digno para nosotras y para las entidades colaboradoras.” y destacan su prioridad por el reparto de productos de comercio local y pequeñas empresas.

Continuando con el ejemplo lanzado por Mensakas, cooperativa de ciclomensajería en Barcelona, quienes alcanzaron a través de un crowfounding los fondos suficientes para comenzar a recorrer las calles de la ciudad y repartir mediante una aplicación propia. Lo cierto es que, como declara Martino, “obviamente es muy difícil y no queremos hacer la competencia a las grandes empresas, pero estamos ofreciendo un modelo alternativo y demostrando que otra forma de ganarse el sueldo es posible.” La propia puesta a punto de la cooperativa La Pájara demuestra ya cuales son sus intenciones, el trabajo conjunto con el proyecto Mares (orientado a potenciar iniciativas en el marco local de la economía social y solidaria) y Coopcycle, cooperativa francesa dedicada a la elaboración de aplicaciones de reparto para otras cooperativas, marcan sus inicios. Ya que fueron esenciales en la gestación del proyecto. El trabajo con Coopcycle abre nuevos horizontes, así como las empresas de reparto se extienden por Europa, nuevas iniciativas por parte de las trabajadoras las siguen de cerca. Son muchas las batallas que se están dando a ambos lados del Atlántico, alcanzando ya hasta la capital de Argentina, donde en poco tiempo se dará comienzo a otra huelga más en defensa de unas condiciones de trabajo dignas para el sector.