UN CUENTO PARA DESPERTAR

¿Me entenderías si te dijera que guardo un bala de plata
en un nido de águilas imperiales,
que salgo al bosque con un fusil escondido en mi capa?
¿A qué crees que viene un hacha tras la puerta
y esa extraña colección de patas de lobo disecadas?
¿O por qué odio las manzanas rojas y adoro los espejos
o pregunto qué se hace por las noches
por miedo a que devoren mi lazo almidonado?
¿Me creerías si te contara que olvidé sus rostros,
que no sé si fue una pesadilla el beso detenido
y el huso envenenado una legión de soldados fugitivos?
¿Por qué crees que escapé de las nieves y la reina mentirosa?
Ha sido bueno recordar quién soy hoy,
dormir con un cántico recitado por tu voz
y el susurro celestial de las perdices
expirando en los fogones.

 

(Cecilia Quílez)