Alejandro Gago Tejeda | Hace algunos años teníamos mucha seguridad a la hora de la conservación de nuestro puesto de trabajo, eran tiempos en que los trabajadores gozábamos de ciertas garantías y derechos donde la contratación de otro operario suponía un coste añadido al empresario, pues el salario era parecido y a eso se le sumaba la indemnización, por lo que el despido era la última formula usada por la empresa.

Pero después de las últimas reformas laborales y añadiendo la figura del aprendiz, la del becario y la picaresca del empresario para ahorrar costes, estamos inmersos en un sistema de despidos a la carta con el nombre de “los objetivos”. En ella, los trabajadores que tienen un salario “elevado” y conceptos salariales ganados en la lucha obrera de otros tiempos, estamos abocados al despido y la sustitución por personal joven que es contratado como aprendiz, becario o simplemente eventual, con salarios y costes para la empresa muy bajos, siendo nuestra indemnización amortizable en poco tiempo. Estos jóvenes que no se atreven a luchar por sus derechos por miedo a ser reemplazados antes de terminar su contrato de aprendizaje, y así, vemos cómo éstos ocupan puestos que antes ocupaban trabajadores fijos de plantilla, pero por la mitad o menos del coste.

La fórmula empleada es muy sencilla, se inflan los departamentos con este tipo de contratos y al cabo de un tiempo vemos como despiden a los que tienen los salarios más elevados, sin más.

Para poder hablar sobre el conflicto primero tenemos que aclarar que pertenecemos a un sindicato minoritario, CGT. Tenemos dos miembros en un comité de empresa compuesto por 13 personas, en donde vemos cómo se silencia esta situación por el resto de representantes. Por lo visto les sirve cualquier explicación ridícula de la empresa en cuanto al porqué del despido.

Aclarado esto, es importante señalar que hace un año fue despedido un compañero afiliado y amigo nuestro, el cual tuvo que ser readmitido al ser declarado por la justicia como despido nulo. Vimos y sufrimos junto a él durante el tiempo que duró la agonía desde el despido hasta la sentencia firme del TSJ, la cruel realidad de un despido a un trabajador de 48 años con una familia a su cargo. Desde entonces teníamos claro el intentar hacer algo en los sucesivos.

El siguiente despido no se hizo esperar: cinco nuevos despidos en la empresa a nivel nacional, y en nuestro centro de Toro un ingeniero que ya llevaba 10 años con nosotros. Este compañero tenía un contrato antiguo y en nuestra opinión ha sido de los despidos más injustos. Ello debido a que suponemos que ha sido por hacer uso de un permiso de paternidad en pleno periodo de fabricación de azúcar, sin embargo, en la hoja pone “por objetivos”, como es lo habitual. Fieles a nuestra promesa comenzamos a utilizar las herramientas sindicales para intentar que nuestro compañero sea readmitido.

El primer paso fue proponer al resto del comité convocar una huelga: muy hábilmente aceptaron la petición, pero supeditada a que fueran los trabajadores en asamblea (que se celebraría en el centro de trabajo) los que dieran el sí a la petición. Nosotros nos negamos, no podíamos cargar la responsabilidad de la convocatoria en los trabajadores y menos ante representantes de la empresa ya que en esas asambleas asisten también los jefes y personal de recursos humanos. Sabíamos que sería un fracaso y un riesgo evitable, por lo que tras debatirlo entre nosotros decidimos convocar las movilizaciones por nuestra cuenta.

El segundo paso y más lógico ha sido pedir asesoramiento y ayuda a nuestro sindicato a nivel provincial, para aprovechar su experiencia. Al principio fueron reacios a nuestra propuesta, pero después de un largo debate se acordó realizar una asamblea con afiliados y simpatizantes de nuestro centro de trabajo para conocer su opinión e implicación. Si dicha asamblea pasara a ser positiva se iniciarían conversaciones con la empresa para intentar llegar a un acuerdo y evitar las movilizaciones.

La asamblea se realizó y para nuestro asombro fue un éxito de asistencia. En ella se informó de los pasos que seguiríamos, estando la mayoría de acuerdo a excepción de unos pocos que echaban de menos la implicación del resto de sindicatos, dejando una puerta abierta por si éstos quisieran en un futuro unirse a las movilizaciones.

A los pocos días se realizó un escrito, el cual se entregó a la empresa, solicitando una reunión con nuestra sección sindical. A día de hoy la única contestación recibida y después de mucho insistir verbalmente en que por favor contestasen, fue que los despidos ya estaban en la vía judicial, por lo que no había nada que tratar.

La fecha de la huelga no está definida. Todavía tenemos la esperanza, después del comunicado anunciándola, de que la empresa tenga a bien reunirse con nosotros, pero será en la campaña de fabricación de azúcar, ya que es cuando está contratada toda la plantilla.

Somos conscientes que es complicado que sea un éxito, teniendo a los otros sindicatos en contra y sobre todo el miedo que se respira después de tanto despido. Por conciencia tenemos que intentarlo, si no esta situación continuará. Ahora está en manos de los trabajadores decir a la empresa que no van a consentir la situación de inestabilidad que vivimos. Si fuese un fracaso, nos quedará que hicimos lo que estaba en nuestras manos y cuando le toque al siguiente, que “todos” nos sintamos culpables.

Queremos conseguir la reincorporación de nuestro compañero, que los siguientes despidos sean tratados antes con el comité de empresa del centro correspondiente y no después, que se utilice el apartado de faltas y sanciones firmadas en el convenio, en definitiva, que el despido sea el último recurso.

 

Alejandro Gago Tejeda es miembro del comité de empresa por CGT.