Cristóbal López Pazo | Esta es una historia más de concomitancia entre la avaricia y la ambición, entre el poder económico y el poder político, para desposeer a los vecinos y vecinas de un bien común. El sempiterno modus operandi: expropiar, recalificar y repartirse el botín dejando algunas migajas entre los y las expoliadas para desarticular su oposición. Esta historia no narra una derrota y esto, por desgracia, la hace singular, porque aunque todavía no se ha escrito el final son las y los vecinos quienes están dictando esta narración. Y esto ha sido posible en gran medida por las estructuras preexistentes de auto organización popular. Sí, sobre nuestro santo grial, «Poder Popular», gravita esta historia. Si de lo que a continuación voy a narrar podemos extraer alguna enseñanza, esta es la confirmación de que nuestro horizonte solo será posible construyendo y alentando desde dentro todas estas estructuras de autogestión popular, pero sin que impere en nosotras la impaciente exigencia de que comulguen mecánicamente con nuestra doctrina.

Hace tiempo que el magnate dueño del Celta de Vigo quiere capitalizar el club de fútbol para poder venderlo sin renunciar a una suculenta tasa de ganancia. La fórmula es sencilla: presionar al alcalde de turno para que el Ayuntamiento ceda al club la propiedad del estadio y terrenos adyacentes en los que previa recalificación construir hotel, centro comercial, etc… Ante la negativa, comenzaron a trabajar la opción B que difiere de la primera en que la excusa es la construcción de una ciudad deportiva. Aquí entra en escena la alcaldesa de nuestro pueblo, Mós, un municipio rural de menos de 20 000 habitantes aledaño a Vigo. Todo esto sucede con un trasfondo de elevada hostilidad entre el Partido Popular, del que la alcaldesa del Concello de Mos, Nidia Arévalo, es vicepresidenta provincial y la persona del alcalde de Vigo, Abel Caballero, del PSOE.

El binomio avaricia-ambición que forman el dueño del Celta y la alcaldesa de Mos arrastra el campo de operaciones a los montes comunales de las parroquias de Tameiga y Pereiras en nuestro Concello subiendo la apuesta especulativa: ahora el pelotazo urbanístico incluye un Macro Centro Comercial de 80 hectáreas. La fórmula que en Vigo no funcionaba por la oposición frontal del alcalde aquí cuenta con la alcaldesa del PP como acérrima impulsora. La combinación de intereses estaba bien aderezada: el Partido Popular con la complicidad del dueño del Celta erosionaba la reputación del alcalde de Vigo con la salida del Celta de la ciudad, la alcaldesa de Mos tenía su proyecto estrella con el que camuflar una legislatura vacía y el dueño del Celta veía superada con creces sus expectativas mediante un convenio en el que cientos de hectáreas de monte serían expropiadas a bajo precio, recalificadas y puestas a su disposición en una operación especulativa de manual al entrar además en juego el grupo inversor extranjero que había promovido una operación fallida similar en los montes comunales de la parroquia de Cabral en Vigo.

Foto del día de la Fiesta del Monte de Tameiga con miembros y cargos públicos de GañaMós, Marea de Vigo y En Marea.

La prepotencia y soberbia de la alcaldesa de Mos la llevó a realizar sorpresivamente, a finales de 2017, una presentación pública del proyecto como algo cerrado y en marcha cuando no había ningún acuerdo, ni siquiera aproximación, con la Comunidade de Monte Veciñal e Mancomún de Tameiga, propietaria de la mayoría de los terrenos donde querían desarrollar todo el complejo de medianas (un polígono de grandes superficies comerciales).

Este fue el pistoletazo de salida para la construcción de la oposición vecinal. Las grandes e inesperadas protagonistas fueron las comunidades vecinales de traídas de agua (gran parte de la vecindad rural se autoabastece a través de comunidades que autogestionan la captación de agua en el monte para su posterior distribución entre las familias comuneras). Cierto que tanto desde la Comunidad de Montes de Tameiga como políticamente desde Gañamos Asemblea Veciñal interpelamos desde el principio a estas comunidades alertándolas de las graves consecuencias del proyecto, pero nunca, o al menos yo así lo confieso, esperábamos que se convirtieran en una barrera infranqueable para los promotores de Macro Centro Comercial.

La prepotencia de la Alcaldesa se desvaneció cuando las y los comuneros de todas las traídas de aguas damnificadas votaron al unísono en sus respectivas asambleas NO al Macro Centro Comercial de forma ampliamente mayoritaria.

Foto del momento en que las y los comuneros votan rechazando cualquier acuerdo para vender el monte, asamblea extraordinaria de la Comunidad de Montes de Tameiga celebrada a principios de octubre.

En esta votación sincronizada de todas las comunidades de aguas y su rotundo resultado podemos ubicar el punto de inflexión del tratamiento mediático del conflicto y también de nuestra animosidad: de jugar para no perder pasamos a jugar para ganar. A partir de esta votación en la que participaron más de mil hogares, un 25 % de la población del municipio, la prensa empezó a hacerse eco de nuestro posicionamiento detallando los graves perjuicios del otrora inmaculado proyecto.

En este crescendo de la oposición vecinal originado por la votación de las y los comuneros a principios de este verano podemos señalar varios hitos:

– A finales de agosto, en la semana anterior a la Fiesta del Monte de Tameiga, los otros dos partidos de la oposición, BNG y PSOE, declaran públicamente también su oposición al proyecto rompiendo la soledad política con la que estuvimos trabajando en GañaMós desde el principio. Ya no éramos la única fuerza política que portaba las camisetas verdes: ambos partidos hasta ahora callados o vacilantes se sumaron el día de la Fiesta del Monte de Tameiga a la marea verde contra la sinrazón del Partido Popular. Una Fiesta a la que acudimos miembros y cargos públicos de GañaMós, de la Marea de Vigo y de En Marea para expresar nuestro apoyo a las y los vecinos.

– Varias semanas después se celebró una asamblea extraordinaria de la Comunidad de Montes de Tameiga para tratar como único punto del orden del día la oferta que el dueño del Celta había presentado por los terrenos. En dicha asamblea se vota el rechazo a la oferta y a cualquier otra oferta futura. Con el 97 % de los votos se refrenda a la Junta Directiva en su negativa a enajenar los terrenos. Un NO rotundo de las vecinas y vecinos, así lo recogió la prensa al día siguiente anunciando la defunción del proyecto.

Foto del grupo municipal GañaMós Asemblea Veciñal en el salón de plenos el día del pleno de agosto, la primera vez que portamos la camiseta verde recién entregadas por la serígrafia a la Comunidad de Montes de Tameiga.

Nosotras no nos atrevemos a tanto conociendo la capacidad coercitiva del Partido Popular a través de su extensa red clientelar. No vamos a cantar victoria hasta que esté suspendido y cerrado el expediente de la Modificación Puntual del PGOM porque mientras el alcalde de Vigo y el dueño del Celta no lleguen a un acuerdo la avaricia sobrevolará nuestros montes alentada por la ambición de la alcaldesa de Mos.

No voy a exagerar el papel que desempeñamos hasta ahora como fuerza política, pero creo que al menos dotamos de pinturas de guerra a las y los vecinos proporcionándoles información y un contrarrelato al «cuento de hadas celestes» que el Partido Popular intentó imponer con toda su artillería mediática, ya que desde el principio siempre presentaron el proyecto como si solo se tratará de una hermosa ciudad deportiva casi para disfrute general, ocultando la parte principal del proyecto al no mencionar nunca el Macro Centro Comercial. Quizás muchas de los miembros de GañaMós tuvimos más influencia y capacidad de acción por nuestra inserción en el tejido asociativo que conforma la oposición al proyecto, pero con unas elecciones municipales próximas la vía política va ser primordial para enterrar definitivamente este despropósito ganándonos la confianza y los votos de los vecinos y vecinas para desalojar del gobierno municipal al Partido Popular.

 

Cristobal López Pazó es militante de Anticapitalistas.