Poder Popular hemos querido impulsar la reflexión estratégica en torno al aniversario del referéndum de autodeterminación de Cataluña, la dinámica que generó y la reacción del Estado español. Después de las respuestas de Helena Vázquez y Marc Casanovas publicamos la visión del mismo cuestionario de Laia Facet, militante de Anticapitalistas y activista feminista.

Desde el 1 de octubre del 2017 Facet ha ido publicando varios artículos donde reflejaba su opinión de la situación en Cataluña y la evolución de la coyuntura que suponen una aportación de fondo y nada autocomplaciente. Además, ha participado en varias actividades que giraban en turno al tema como la última Universidad de Verano de Anticapitalistas junto con Txell Bonet o internacionales invitada por organizaciones como el NPA francés o la suiza Solidarités. El último artículo lo publicó el aniversario del 1-o en el blog de Viento Sur dentro El Salto Diario.

 

Con un Estado y toda su maquinaria represiva en contra ¿Qué hizo posible el 1 de octubre? ¿Qué mandato se desprendía del referéndum?

El 1 de Octubre fue posible por muchos factores: la tenacidad de una parte importante de la población, la experiencia frustrada del 9N, la densidad de tejido social y asociativo de Cataluña, la dinámica de movilización masiva durante septiembre. Pero creo que hay dos elementos clave: la ocupación de escuelas impulsada por la Comunitat Educativa, sindicatos, Òmnium… que permitió que centenares de miles de ciudadanos se organizaran alrededor de los colegios electorales y que el día 1 se pudiera votar. Y el otro elemento clave son las urnas que el Estado no consiguió confiscar gracias a un tejido y compromiso militante sorprendente.

El 1 de octubre hubo una respuesta que obtuvo de lejos más apoyos que era la de un Estado independiente en forma de República, pero hay dos cosas que para mí no hacían posible desplegar este mandato de manera literal: las debilidades materiales, la carencia de poder real; y por otra parte, no conseguimos que el ‘no’ participara de la votación, ni conseguimos arrastrar y convencer de que participaran la mitad de la población.

 

Del 1-O al 27-O: ¿Qué lectura haces de los acontecimientos de octubre y del final con el exilio, la prisión y el 155? ¿Qué falló?

Fallamos porque no fuimos capaces de levantar una estrategia sostenida de desobediencia a diferentes escalas. Después de 10 años de movimiento masivo y de legislaturas con gobiernos independentistas es inexplicable que los partidos de gobierno no tuvieran ningún plan para mantener el desafío. Pero, también se falló porque no mantuvimos la amplitud del movimiento que se expresó desde el 20S hasta el 3O. Por ejemplo, el tipo de declaración de independencia que se hizo, no expresaba la amplitud y pluralidad que estaba en las calles y que había construido el referéndum. Las dos cosas combinadas explican que hoy tengamos que hablar de una derrota, en un choque que era dificilísimo.

 

Un año después ¿Dónde estamos? ¿Qué ha quedado del primero de octubre? ¿Cuáles son las prioridades?

Yo creo que han quedado muchas cosas, la más importante seguramente sea la experiencia acumulada por centenares de miles de personas. Una experiencia de autoorganizase y de lo que implica enfrentarse a un Estado. También queda el empoderamiento de materializar colectivamente un derecho fundamental. De una manera u otra esta acumulación volverá a irrumpir.

Una de las prioridades es organizar un movimiento anti-represivo lo más amplio posible. Y digo un movimiento, no sólo una Mesa. Este año tendremos el proceso judicial contra el independentismo, contra los presos y presas políticas y las exiliadas. A nosotros nos tocará juzgar al Estado y a un aparato judicial cada vez más deslegitimado por sectores muy diversos: tuiteros, raperos, feministas… Hay que construir puentes con todos estos sectores para deslegitimar unas sentencias judiciales que serán injustas.

Pero, el frente anti-represivo no tiene que ser la única prioridad. Cómo decía, el 1 de octubre se expresaron una serie de debilidades que hay que abordar honestamente de manera colectiva. Desgraciadamente, la lógica partidista y electoral está descabezando la posibilidad de un debate estratégico que es fundamental para no paralizarnos ni replegarnos.

 

¿Hacia dónde crees que va el movimiento soberanista? ¿Qué papel tendría que jugar el anticapitalismo?

Desde octubre, desde el encarcelamiento de los Jordis y la aplicación del 155, creo que el movimiento soberanista se encuentra paralizado y desorientado, moviéndose entre la reafirmación sin plan o la parálisis moderadora. La represión juega precisamente a esto, a intentar paralizar y hacer retroceder los debates y las posiciones. Y lo está consiguiendo. Cómo decía, también el electoralismo y el partidismo también está jugando a descabezar un debate de fondo.

En Cataluña existe un anticapitalismo bastante plural y con experiencias de muchos años de lucha. Por un lado, hay que profundizar las herramientas de autoorganización, movilización y autogestión. Pero también tenemos que ser capaces a contribuir en este debate de fondo. Contribuir poniendo sobre la mesa que hay una cosa que se llama poder y que lo tienes tú o lo tienen ellos, que el poder es un conflicto y o bien lo organizas o bien lo pierdes. Y por último, creo que desde el anticapitalismo tenemos que imponer que el republicanismo signifique algo a escala social, que la soberanía es también económica, sobre los propios cuerpos, sobre el territorio… en definitiva, que se materialice ya una política anti-austeridad que nos permita frenar la ofensiva demagoga de la reacción de la derecha a barrios y pueblos.

 

Versión en catalán:

Laia Facet: “L’electoralisme i el partidisme està escapçant un debat de fons”