Marta Autore | En la noche entre el 18 y el 19 de octubre, se encontró el cuerpo sin vida de una mujer, muerta por sobredosis en una choza abandonada durante años en el barrio de San Lorenzo en Roma, a lado de la estación principal y del campus de la Universidad Sapienza. Un distrito caracterizado por el abandono sistemático por parte de las instituciones, por el cierre de servicios, espacios de agregación, tiendas artesanales; un barrio maltratado para dejar maniobra libre a la especulación inmobiliaria y al capital.

Unos días después del descubrimiento, emerge la dramática verdad sobre la muerte: el cuerpo es de Desirée, una joven de 16 años que, antes de morir por sobredosis y ya en estado de inconsciencia, fue violada durante horas por un grupo de 4-5 hombres (las investigaciones siguen mientras se escribe este articulo). El enésimo feminicidio, el número 53 desde principios de año (cuando se escribe, el número ha subido a 55), en un país, Italia, donde desde 2012 ha habido 773 mujeres asesinadas por hombres.

Pasaron sólo unas pocas horas antes de que el cuerpo sin vida de Desirée fuera utilizado una vez más, convirtiéndose en material de campaña electoral para Matteo Salvini (líder de la Lega y ministro del Interior) y sus discursos de seguridad represivos y racistas.

Porque la historia tuvo lugar en una zona “degradada”, una oportunidad increíble de especular para el Ministro del Interior y para los grupos neofascistas. Ya que los investigados por la violación y muerte de Desirée son inmigrantes irregulares de origen senegalense y maliense.

Entonces, mientras Salvini va personalmente a la escena del crimen para recordar a la víctima (¿dónde está cuando docenas de mujeres son asesinadas por sus compatriotas italianos?) y promete orden, represión y desalojo de todas las ocupaciones abusivas, lanzándose principalmente contra centros sociales presentes en el territorio, una decena de sus seguidores lo esperan en el lugar gritando frases como “Más allá de Matteo, aquí necesitamos a Benito” y “Italia a los italianos”.

Poco importa si los feminicidios en Italia este año fueron cometidos por jóvenes, ancianos, residentes, migrantes, blancos, negros, derechistas, izquierdistas, alcohólicos, drogadictos, narcotraficantes, personas decentes, padres, tíos, cuñados, novios, maridos, ex novios, desempleados, profesionales, empresarios, trabajadores, policías, ultras, carabinieri: no importa el hecho de que entre estas muchas identidades de verdugos, solo una la une a todas, a saber, la del hombre. Poco importa que el 97% de las violaciones sean cometidas por italianos y en la mayoría abrumadora en la familia o pareja.

Poco importa si la choza en cuestión es parte de un complejo de 16 mil metros cuadrados donde anteriormente existían tiendas de artesanía, adquiridas y abandonadas por un particular a la espera de la próxima especulación inmobiliaria: un lugar abandonado por propiedades e instituciones (justo lo que representa Salvini … ), hecho fértil para el narcotráfico que martiriza el barrio; el enésimo lugar convertido en insoportable y peligroso para los ciudadanos, con el objetivo de abrir el terreno a la exasperación y la consiguiente aceptación de cualquier proyecto de construcción para reemplazar esa degradación, aunque sea inútil socialmente si no perjudicial. Una tierra, en otras palabras, en la “fase de preparación para la ganancia”. Un esquema que hemos visto y revisado en muchos barrios populares de nuestras ciudades.

Por otro lado, la jugada de Salvini podría efectivamente obtener el resultado deseado, en un país donde la tendencia racista y securitaria se está extendiendo, alimentada por la retórica y las políticas del gobierno amarillo-verde (los colores del Movimento 5 Stelle y la Lega, los dos partidos de gobierno); un país donde ya es común leer sobre los ataques racistas, la discriminación de inmigrantes en la calle, en el transporte público e incluso en las escuelas, y en que a finales del pasado enero el femincidio de una joven por parte de un africano llevó a una caza de negros y intento de masacre con armas de fuego por parte de un ex candidato italiano de la Lega.

Pero esta vez algo sale mal para aquellos que siembran odio y prometen el paso de las excavadoras. De hecho, durante los cuatro días, a partir del miércoles por la mañana (el día de los ruidosos anuncios de Matteo Salvini) hasta el sábado por la noche, la retórica represiva y xenófoba se encuentra con una fuerte respuesta sinérgica por parte de las mujeres, los habitantes del vecindario y las numerosas realidades sociales y asociativas presentes en el área. Una respuesta enérgica y solidaria, capaz de visibilizar en las calles y en los medios de comunicación que las verdaderas emergencias son la violencia machista contra las mujeres, los femincidios, la gentrificación, el abandono de las instituciones, el narcotráfico, la presencia tolerada del crimen organizado.

Así, el miércoles por la mañana, el Ministro del Interior se encuentra con un par de cientos de habitantes del barrio, reunidos en menos de una hora, que evitaban su inspección en el lugar del femincidio, al grito de “Chacal, chacal!”; pero sobre todo, en la tarde del viernes, una marcha de 4-5 mil personas, inaugurada por un gran bloque de “Non Una di Meno” con una pancarta que decía “Basta de violencia machista contra mujeres: ni una menos”, invade el barrio en memoria de Desirée; y el día siguiente, el sábado, la plaza principal de San Lorenzo está ocupada durante todo el día por mujeres, habitantes, partisanos de más de noventa años, familias, activistas, para impedir un mitin anunciado de militantes del partido neofascista Forza Nuova, obligados a permanecer fuera del perímetro de un distrito caracterizado por una fuerte tradición antifascista.

Hay dos elementos que vale la pena resaltar de esta historia emblemática, porque son importantes para enfrentar el período que se avecina, en un contexto cada vez más caracterizado por tintas machistas, racistas y securitarios.

El primero es, sin duda, el protagonismo fundamental de las mujeres en la respuesta, no solo a una violación más, al enésimo femenicidio, sino también al intento de instrumentalización de estos. Hoy el movimiento feminista habla claramente para afirmar que los violadores y asesinos no tienen pasaporte, que la militarización de los barrios no es la solución, que es necesario financiar centros contra la violencia y estado de bienestar, para permitir que las mujeres salgan de las condiciones de chantaje y precariedad. Por otro lado, lo estamos viendo en nivel global: el movimiento feminista de hoy representa la principal oposición a los cambios reaccionarios, regresivos, racistas y, en algunos casos, fascistas en varias partes del mundo (Argentina, Brasil, Polonia, Estados Unidos …).

El segundo es la importancia de la presencia en el barrio de un tejido social vivo, solidario y antirracista, formado por activistas, asociaciones, centros sociales, comités de barrio, etc. Lo estamos viendo: el discurso xenófobo y de seguridad de la Lega, como otros partidos similares en otros países, hoy se encuentra en un terreno fértil: en una situación de crisis prolongada y pobreza generalizada, la perspectiva de la guerra de los pobres contra los más pobres se arraiga, porque presenta un enemigo contra que es más fácil lanzarse que contra los verdaderos culpables de la situación. Las experiencias de mutualismo, solidaridad, contracultura, planificación participativa, deporte popular, constituyen un activo fundamental para combatir estos discursos.

En primer lugar, esos representan una respuesta diaria y material a las políticas neoliberales de recorte de servicios y cultura, de abandono y gentrificación. No es casualidad que una de las consignas de las manifestaciones afirmara que “Un espacio ocupado es lo opuesto a un espacio abandonado”. Un ejemplo es Communia, un espacio ocupado en el mismo bloque donde Desirée murió, que se recuperó hace 5 años del abandono fue convertido en un espacio de mutua ayuda y agregación social, que incluye, entre otras cosas, una sala de estudio y una biblioteca autogestionadas, iniciativas culturales, cursos de italiano para migrantes, una sastrería dirigido por los refugiados. No puede ser más claro que esto: lo que ha evitado que los cobertizos donde hoy se encuentra Communia fuese el escenario de episodios como el de muerte de Desirée, es precisamente la práctica de la ocupación, esa “ocupación” que el Ministro de Interior confunde deliberadamente con el abandono, para abrir el camino a las excavadoras y la especulación. Además, estas experiencias son fundamentales porque representan una respuesta creíble y poderosa en situaciones de emergencia y ataque directo, como hemos visto en los eventos de San Lorenzo en la semana pasada.

Lo que queda en San Lorenzo tras de una semana, la pasada, de invasión de medios de información, provocaciones fascistas y intentos de instrumentalización, es el dolor y la rabia por el femicidio de Desirée. Y un barrio en que hay mucha necesidad de feminismo y solidaridad, y en que muchas y muchos están listas para construirlos, entre contradiciones, dificultades, pero sin alguna intención de parar de luchar.