Fidel Ernesto Narváez | El día 31 de octubre en el comunicado de prensa 18/402, el FMI rindió informe de su visita a Nicaragua con el objeto de evaluar la economía del país centroamericano. En dicho comunicado se constata que el gobierno de Nicaragua apuesta por el aceleramiento de políticas económicas que hagan de Nicaragua, otra vez, un país seguro para el inversionista privado e internacional. El FMI constató los ¨encomiables¨ esfuerzos del gobierno para mantener la inyección de liquidez de los bancos, así como los de reducir sustancialmente el gasto público a través de reformas presupuestarias principalmente en salud y educación para hacer frente a la contracción económica.

Con toda seguridad, el gobierno de Nicaragua hará todo lo posible para vender la imagen y la gestión del país como la idónea, para que el país sea administrado desde la lógica fondomonetarista respecto de los problemas de financiación, seguridad social y de protección al capital que ha venido haciendo hasta antes de abril. Esto puede ser interpretado como una recomposición del poder público-privado que ha administrado el país durante más de una década. Frente a ese escenario de recomposición de poderes, la cuestión nicaragüense quiere ser abordada como una temática exclusiva de Derechos Humanos, con el objeto malicioso de delimitar los grandes debates y negociaciones nacionales a ese tema, dejando excluidos otros aspectos que la población considera prioritarios e importantes tanto como el de Derechos Humanos: Entiéndase justicia y reparación, modelo económico, modelo político, fin de exoneraciones fiscales, cierre de centros de tortura, seguridad social y otros.

En este momento de transición de la movilización popular a las propuestas concretas de cambio, el movimiento social Construimos Nicaragua, integrado por activistas de diferentes movimientos sociales, de derechos humanos y juveniles, estudiantes, periodistas, académicos y personas movilizadas permanentemente desde abril, y antes incluso, en contra de los abusos del régimen, presentó un programa político. Un programa de salida que está siendo consensuado con los diferentes sectores de la sociedad nicaragüense, principalmente en los espacios de base barrial, feminista, municipal y universitario que actualmente empuja este programa para que sea la alternativa por la refundación del Estado, frente a los intereses del régimen y el gran capital, que buscan la “salida suave” o negociada.

El programa político que ha presentado Construimos Nicaragua ha supuesto un hito en el desarrollo de los eventos, en tanto que ha establecido un espectro de máximos y mínimos al que cada vez más población se adhiere. El movimiento social en cuestión no tiene como objetivo búsqueda de cuotas de poder, pues en su punto 1 del Programa de Construimos Nicaragua establece la Convocatoria de una Asamblea Constituyente libre y soberana. En este sentido, se pretende «devolver al pueblo el derecho a decidir», el lema fundamental del movimiento. No obstante, las críticas que empieza a recibir desde el gran capital y el gobierno son cada vez más evidentes, al catalogarlos cada vez con más regularidad de radicales.

El movimiento se incardina dentro de una forma de organización horizontal, transversal y sin estructuras de decisión visibles, una especie de anonimato permanente para evitar la represión e infiltración del gobierno. Métodos inescrupulosos de los que muchos ya tienen experiencia por haber pasado, a través de años de resistencia, ataques de este tipo, es por tal razón que no se ha nombrado ninguna portavocía interna, exceptuando las que se encuentran en el exilio, por cuestiones de seguridad. Un movimiento sin cabeza o sin caras visibles para evitar la represión y para gestionar un nuevo modelo de liderazgo colaborativo. No todo es fácil: uno de los colaboradores gráficos está siendo juzgado por su rol activo en las protestas, pero mantiene su silencio de la pertenencia al movimiento para evitar mayores represalias, así como las amenazas sobre los que se encuentran en el exilio son cada vez más recurrentes.

Las condiciones de represión son tales que el trabajo interno se hace en total clandestinidad, nadie afirma abiertamente pertenecer al movimiento hasta cuando hayan condiciones de hacer la asamblea constitutiva del mismo. Si existen condiciones favorables se espera impulsar abiertamente, con mayor confianza y seguridad, la alternativa de refundación del país, a través de lo que consideran una herramienta de democracia popular: la asamblea constituyente.

Con el citado proceso constituyente pretenden salirle al paso a lo que se conoce como «aterrizaje suave», o bien, como un «orteguismo sin Ortega», que consiste básicamente en transacciones políticas que buscan dejar intacto el poder político y económico corporativo que busca mantener su inmunidad e impunidad.

En todo caso, el discurso de despedida de la Embajadora de EEUU, Laura Dogu, reconoció que el régimen no tiene ninguna intención de buscar una salida por la vía del diálogo. Esto significa que el gobierno está en la búsqueda de una recomposición con sus aliados y algunos actores de la oposición. Todo ello con el objeto de golpear las propuestas y las tesis de la ruptura democrática y de refundación del Estado, que se encuentran en la base de la insurrección de abril, la de cambiarlo todo.

En conclusión, el futuro del país cada vez más se dirime en dos vertientes. La primera que consiste en la transacción del régimen con sus aliados, con algunos actores de oposición, para mantener el estatus quo y crear las condiciones de confianza que exige el FMI para reactivar la economía. La segunda de ellas, es la vertiente de los movimientos sociales, entre ellos Construimos Nicaragua, que buscan refundar estructuralmente el país sobre la base de un programa que pase por devolver al pueblo el derecho a decidir.

ConstrUE, núcleo de Construimos Nicaragua en la Unión Europea (www.construimos.org).