Adolfo Allué Blasco | Hace unos cuatro años, un grupo de personas, de diferentes ámbitos y movimientos sociales, empezamos a proponer cosas alrededor del Mercado Ambulante y el Rastro. Siempre nos pareció un tesoro de la ciudad. Y además había un hecho que desde hacía tiempo nos indignaba: el acoso policial a las personas que venden sin licencia (estás una semana recogiendo cosas por la calle para sacar unos pocos euros porque no tienes otra cosa, y en un momento unos locales te multan y te lo tiran todo a la basura). Nos parecía que habiendo sitio suficiente se podría buscar una alternativa para esa gente que trataba de sobrevivir. Para ello empezamos a buscar información, a hablar con las Juntas de Vendedores (primera mano-Mercado Ambulante y segunda mano-Rastro), el Ayuntamiento, los compradores…

Pero antes, un poco de historia. El Rastro nace en Zaragoza a principios de los 70 cuando hay gente que se pone a vender cosas en los alrededores del Mercado Central. Poco a poco fue creciendo. Eran tiempos de libertad, el último franquismo dudaba en cómo tratar a las clases populares y éstas tomaban la iniciativa. En 1985, el Ayuntamiento propuso su traslado a dos zonas de la ciudad, separando primera y segunda mano.

El cambio fue bueno, el espacio anterior empezaba a quedarse pequeño. Además, por una pequeña cuota, (al principio) la gente tenía una plaza asegurada y no hacía falta levantarse a las cuatro de la mañana a coger sitio. De esa fecha y hasta el 2006, fueron buenos años pues el Mercado Ambulante estaba al lado del concurrido Hospital General (barrio de Romareda) y el Rastro alrededor de la Plaza de Toros. Dos buenas ubicaciones. Miles y miles de personas de Zaragoza y pueblos pasaban por allí. Pero Romareda es una zona con clases pudientes y les molestaba tal algarabía popular los miércoles y domingos. El señor Belloch, alcalde del PSOE, con la promesa de que volverían tras una remodelación del sitio, los mandó a la explanada del Pabellón Principe Felipe-Siglo XXI. El sitio casi acaba con el Mercado Ambulante. En el año 2008, una vez terminada la famosa Expo del Agua, se trasladó a ambos sectores al Parquin Sur de la Expo. Desde entonces, en el domingo se levantó cabeza, pero el miércoles fue y sigue siendo una ruina (los de segunda mano ni montan).

Y allí tenemos, luchando contra los elementos, a cerca de cuatrocientos puestos de Mercado Ambulante y unos doscientos de Rastro; además, de los casi ciento-cincuenta vendedores sin licencia anteriormente citados. La mayoría de los puestos son gestionados por personas gitanas, a las que se suman grupos de payos, magrebíes, latinoamericanos, subsaharianos y gente proveniente del este.

Con la llegada del ayuntamiento del cambio arreciaron las campañas de la derecha –Heraldo, PP, Ciudadanos–, con el PSOE y El Periódico de Aragón de comparsas, contra los sin licencia. Aunque estos existían desde 1985 de repente encontraron en ellos algo con lo que atizar a Zaragoza en Común. Lo que bajo alcaldías del PSOE y el PP era un fenómeno irrelevante, ahora se convierte en un “caos y descontrol”. En la misma campaña se describe a los manteros como la “amenaza principal contra el pequeño comercio”. Lo dicen los mismos que han convertido a Zaragoza en una las ciudades de Europa con más metros cuadrados de grandes superficies por habitante, lo que ha sido una auténtica hecatombe para el comercio tradicional.

Por nuestra parte montamos la llamada Plataforma Social Rastro, un pequeño grupo de trabajo cuyos manifiestos y peticiones son apoyados por un sector de las asociaciones vecinales, las formaciones políticas (Podemos, PCA, Puyalón, Anticapitalistas) y los sindicatos (CGT, CNT, CUT); además de asociaciones culturales, de reciclaje, de inmigrantes, de lucha contra la pobreza…Y empezamos a hacer propuestas a través de un plan integral de reforma del Rastro. Básicamente, que se beneficiaran los tres sectores de venta y de paso la ciudad. Un plan muy modesto en cuanto inversión económica. Traslado del miércoles a la ciudad consolidada (Romareda, Macanaz, Cesáreo Alierta o donde se vea), añadir el sábado para segunda mano en los alrededores de la Plaza de Toros, legalizar a los sin licencia los domingos con cien nuevas plazas con su correspondiente cuota (rotando allí doscientos vendedores), más ratio de autobuses al Parquin Sur, además de alguna fuente, bancos, papeleras, algo de protección para el sol y el viento, publicitar estos mercadillos, un plan de reducción de bolsas de plástico y de limpieza al acabar. Todo esto en diálogo permanente con las Juntas de Vendedores. También hemos organizado concentraciones con los sin licencia, que han dado lugar a una Asamblea de Vendedores por Nuevas plazas con quienes se lleva a cabo un mercadillo mensual en el Centro Social Comunitario Luis Buñuel.

Pero nada es fácil en esta ciudad y cada propuesta e iniciativa social saca a la luz el clasismo, el racismo y la aporofobia (odio a los pobres) de las clases pudientes. No solo de éstas sino también de organizaciones anteriormente progresistas, como la Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza, ahora en manos del PSOE a causa de su actual dirección. La política del PSOE es que no se haga nada durante el mandato de ZeC. Algunas asociaciones de vecinos aceptan mercadillos “vintage” (precios medios y altos, vendedores blancos), pero no el Mercado Ambulante de toda la vida con su mayoría de familias gitanas. Paradójicamente, vecinos de esos barrios acudían en masa mientras estuvo en Romareda durante veintiún años. También hay que lidiar con informes negativos por parte de la policía local llenos de prejuicios racistas.

Como Plataforma hemos planteado públicamente las realidades de Valencia (con tres mercadillos diarios en sus barrios), de Barcelona* (con sus múltiples eventos y venta ambulante), de Toulouse (con un zona de vendedores en riesgo de exclusión social) y la experiencia de Huesca con el pequeño comercio y venta ambulante retroalimentándose…

En nuestras campañas insistimos en que se debe hacer política a favor de la ciudad consolidada y contra las grandes superficies (por su perjuicio en el justo reparto de la economía, por su fomento del coche privado, por la privatización del espacio público, etc). Que es necesaria una unión del pequeño comercio y la venta ambulante para configurar una ciudad más humana y habitable; con comercio de proximidad, con calles más seguras y más accesibles para la gente mayor, etc. Que el Rastro y el Mercado Ambulante son un valor de la ciudad, y ayudan a la economía de vendedores y compradores. Representan un espacio para la socialización de muchas personas que no pueden, y en muchos casos no quieren, hacerlo a través de su poder adquisitivo. Espacios donde no importa tanto tu país de origen o el de tus padres.

Estamos, pues, con una reivindicación modesta, pero que creemos que enlaza con la batalla por el espacio público, con la ciudad que queremos, con los derechos económicos de los de abajo. Una batalla antigua, que viene de cuando la burguesía parisina del siglo XIX bautizó a la gente popular que vendía en la calle como el “Mercado de las Pulgas” con la intención de estigmatizarla, o se perseguía en Madrid y Barcelona en 1930 a los vendedores ambulantes –los manteros de entonces– por las presiones de los comerciantes ricos.

Lucha contra el racismo y los de arriba en ese rincón de la ciudad por el que nos gusta perdernos.

 

* En esta ciudad a nuestro entender hubo una mala experiencia que fue reducir Los Encantes tradicionales y subir los precios, relacionado con tendencias a la gentrificación y la turistificación.

** Imagen de zaragoza.es

 

Adolfo Allué Blasco es militante de Anticapitalistas.