Martín Lallana | El pasado fin de semana, en torno a 300 personas de todo el mundo nos juntamos en Lisboa con motivo de los IV Encuentros Ecosocialistas Internacionales. Este evento se consolida y logra convertirse en un espacio de referencia sobre los urgentes debates de estrategia ecosocialista. La primera edición tuvo lugar en 2014 en la ciudad de Ginebra, las dos posteriores en Madrid y Bilbao.

El programa de este año contaba con ponentes de 40 países y 5 continentes, así como una gran diversidad de temáticas. Las charlas se estructuraron en cinco bloques:

  • Economía política de la comida y soberanía alimentaria
  • Desmontar la falacia del capitalismo verde
  • Trabajo en la era del cambio climático
  • Justicia climática y democracia energética
  • Ecofeminismos

Además, también se realizaron varias mesas sobre experiencias concretas de defensa del territorio y talleres prácticos de “artivismo”.

Las luchas ecosocialistas tienen un carácter global en la estrategia y local en la táctica, por eso, este tipo de encuentros son un verdadero privilegio para avanzar en las discusiones y conocer el trabajo de compañeras de todo el mundo.

Hablar de ‘ecosocialismo hoy’ nos exige asumir un gran reto. Por un lado, tenemos que hacer frente a las falsas soluciones del capitalismo verde. Por otro, debemos enfrentarnos a gobiernos como el de Bolsonaro o Trump que niegan abiertamente el cambio climático y se disponen a profundizar en las sendas de deterioro ambiental.

Sabemos que el capitalismo verde es una falacia. Este sistema económico necesita un crecimiento continuo, obtener cada vez más beneficio, trasladar temporal y geográficamente las crisis que origina, así como desplazar los focos de producción a medida que se convierten en focos de consumo. Si examinamos este comportamiento caníbal y lo enfrentamos a los límites termodinámicos, ecológicos y de recursos del planeta, comprobamos que su base física se termina. Sin embargo, aunque reconducir este sistema socioeconómico a un comportamiento que respete dichos límites sea imposible, la potencia de la idea que hay detrás del capitalismo verde se sitúa en los imaginarios colectivos. La inercia psicosocial de 200 años de capitalismo encuentra un gran aliado en los mitos que nos presenta esta nueva narrativa. Mitos como la energía ilimitada a partir nuevas tecnologías, como la aclamada desmaterialización de la economía o como lograr disminuir el uso de recursos únicamente a partir de las mejoras en la eficiencia.

Al mismo tiempo, los monstruos del neofascismo asoman. Hace unas semanas, Ernesto Araújo, nombrado por Bolsonaro ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Brasil, afirmó que el cambio climático y el calentamiento global forman parte de un complot de marxistas culturales. En esta línea, dicho gobierno se disponible a dar facilidades para arrasar con enormes extensiones del Amazonas. De esta forma, Brasil se une a Estados Unidos en la lista de gobiernos de grandes estados abiertamente negacionistas. Las evidencias del cambio climático y la sobrelimitación ecológica aumentan día a día, el convencimiento en la población también. Los movimientos que puedan surgir frente a unos discursos que se encaran de forma violenta a dichas evidencias son todavía desconocidos. Lo que sí podemos aventurar es que en el futuro quizás nos encontremos con eventos y actores políticos antes insospechados.

En esto consiste tener una perspectiva estratégica en las luchas ecosocialistas. Ampliar los marcos y ganar aliadas. Por eso, durante estas jornadas hablamos y debatimos de diversos puntos de vista. Atraer a los sindicatos a partir de los empleos por el clima (Climate Jobs), dar voz a las concepciones y las luchas por la defensa de territorio de los pueblos originarios, pensar y actuar desde la ecofeminismo, aprender de las movilizaciones frente al extractivismo, el fracking y la apertura de minas de carbón o pozos de gas y petróleo (¡Diez! ¡Cien! ¡Mil Ende Gelände!), reconducir nuestro modelo de agricultura y alimentación hacia cada vez mayor soberanía.

Estos días en Lisboa nos juntamos para hablar, debatir y tejer redes. El futuro recrudecimiento de los eventos climáticos y los conflictos por los recursos exige que esas redes sean cada día más grandes. Abordar las cuestiones ecológicas con una perspectiva de clase nos permite apelar a grandes mayorías, y comprender mejor los procesos sociales.

El camino hacia un mundo más justo y democrático debe transitar por las sendas del ecosocialismo. Quizás no sea un viaje corto ni exento de altibajos, pero cada vez somos más y estamos convencidas de por dónde avanzar los primeros pasos.

 

Martin Lallana es militante de Anticapitalistas.