Pablo Rochela | El alarmante ascenso de expresiones de extrema derecha, tanto a nivel electoral como de acciones en las calles, está provocando una importante preocupación en todo el mundo. La victoria de Bolsonaro en Brasil hace unas semanas ha generado grandes debates y dudas que tratamos de clarificar a través de esta entrevista realizada a Deborah Cavalcante (miembro de la Coordinación nacional de Insurgencia / PSOL, integrante del Frente Pueblo sin Miedo y militante de RUA – Juventud Anticapitalista) y Lucas Oliveira (miembro de la Coordinación nacional de juventud de Insurgencia / PSOL).

 

Se ha hablado mucho sobre qué sectores sociales de Brasil, incluso de clases populares y personas racializadas, han apoyado mayoritariamente a Bolsonaro. ¿Cómo se ha distribuido este apoyo?

Deborah Cavalcante: El resultado final de las elecciones presidenciales en Brasil, en este pasado mes de octubre, puso en el poder al diputado y ex-capitán del Ejército Jair Messias Bolsonaro. Con un programa autoritario y conservador, bajo la tutela militar, Bolsonaro alcanzó 55% de los votos válidos. Su apoyo vino del agro-negocio pecuario, de parte de los bancos, de iglesias evangélicas, de la industria de armas, de la mayor parte de la rica clase media urbana y de amplios sectores populares. Eso solo puede ser comprendido dentro de una situación de grave crisis económica, grandes tasas de desempleo y de la más importante crisis política desde el fin de la dictadura militar

 

¿Qué análisis hacéis desde el PSOL e Insurgencia de la campaña electoral y del resultado?

Deborah Cavalcante: Vivimos una campaña muy polarizada y marcada por la violencia política. En el periodo pre-electoral, el líder en las encuestas, el ex-presidente y principal líder político de Brasil, Lula, fue encarcelado por medio de un proceso que consideramos selectivo y orientado a garantizar que la derecha ganara las elecciones. Además, una concejala del PSOL en Río de Janeiro, Marielle Franco, mujer, negra, LGTB y periférica, fue brutalmente asesinada –un asesinato político– y fuertes movilizaciones de solidaridad explosionaron por el país. Durante las elecciones, Bolsonaro fue acuchillado mientras participaba de una actividad de su campaña ganando así más espacio en la prensa, desde entonces, como “héroe sobreviviente”. Cuatro personas que declararon su rechazo a Bolsonaro fueran asesinadas por partidarios de Bolsonaro. Hubo muchas movilizaciones de extrema derecha y en resistencia contra ella, estas últimas con fuerte peso del movimiento de mujeres, que desbordaron las calles.

Después de las denuncias de uso ilegal de financiación empresarial por parte de Bolsonaro para pagar el envío en masa de fake news vía WhatsApp, disminuimos la diferencia, pero no pudimos girar el marcador. Ese resultado impone una relación de fuerzas pro-extrema-derecha y amenaza el régimen democrático, mientras garantiza la continuidad de la grave crisis política.

 

¿Este ascenso de Bolsonaro ha sido el punto final de un cambio que venía produciéndose en los últimos años? ¿O ha sido algo del último momento que puede provocar cambios a partir de ahora en las preferencias políticas de la mayoría de habitantes de Brasil?

Lucas Oliveira: En términos de correlación de fuerzas, Bolsonaro no es ni el comienzo ni el punto final de un cambio. Es resultado de una disputa en que la derecha viene obteniendo victorias importantes desde por lo menos 2016, cuando impusieron el golpe parlamentario al gobierno de Dilma, a lo que se siguió la (contra-) Reforma Laboral y la congelación de las inversiones sociales por los próximos 20 años. Pero, puesto que la resistencia y la izquierda –que ha sufrido derrotas duras– no han sufrido una derrota histórica, hay razones para creer que esa disputa no terminó del todo.

Por otro lado, lo que la victoria de Bolsonaro sí que cierra es la experiencia de colaboración de clases que ha sido la marca de la política brasileña desde 2002, bajo los gobiernos social-liberales del PT. El próximo periodo tiene nuevas características, con un peso inédito de la extrema-derecha que se verá marcado por una combinación explosiva de crisis con un fuerte conservadurismo de base fundamentalista, esclavócrata [1], patriarcal y militarista. No consideramos que el 55% de la población que participó en las elecciones y votó a Bolsonaro sea fascista, sino que está frustrada, indignada y quiere cambios. Estaremos en la disputa incansable para demostrar que los cambios propuestos por Bolsonaro no son la solución para los problemas sociales, económicos y políticos.

 

¿Qué papel han jugado los medios de comunicación y lobbies para impulsar a Bolsonaro o perjudicar a las alternativas de izquierdas?

Lucas Oliveira: Bolsonaro, asesorado por el responsable de marketing de Trump, Steve Bannon, hizo una fuerte campaña en las redes sociales. Con enorme alcance, en particular en WhatsApp, su campaña gastó millones distribuyendo fake news y discursos de terror. Bolsonaro no era el candidato prioritario para parte importante de los medios de comunicación que colaboraron mucho en la acusación a Dilma, aun definiéndose en favor de los medios de comunicación vinculados a las iglesias evangélicas. Pero ganó enorme cobertura mediática, en especial después del episodio de la puñalada. Contando con fuerte apoyo desde el principio del lobby de la industria de armas, de la mayoría del agro-negocio y de la bancada fundamentalista religiosa en el parlamento, Bolsonaro amplió su red de apoyo burgués, especialmente junto al capital financiera mientras demostraba que tenía condiciones de ganar las elecciones.

 

¿Hasta qué punto han influido los procesos judiciales contra Lula y el PT por corrupción?

Deborah Cavalcante: Influyeron de manera decisiva. A pesar de la acusación y de la fuerte campaña anti-petista, de carácter mayoritariamente reaccionaria, Lula se mantenía en la primera posición en las encuestas electorales –incluso después de encarcelado–. Nosotros hicimos oposición por la izquierda al PT desde el nacimiento del PSOL en 2005, pero estuvimos en contra el golpe institucional y su desarrollo político-jurídico que llevó a la acusación de Dilma. Entendemos esa acción como selectiva y orientada desde la derecha, sin pruebas evidentes y con enorme uso como espectáculo en los medios.

 

Hemos leído noticias sobre acciones represivas en las calles por parte de grupos de ultraderecha. ¿Es algo masivo? ¿Ha condenado estas acciones el gobierno? ¿Están respondiendo de alguna forma grupos antifascistas?

Deborah Cavalcante: Grupos de ultra-derecha organizaron movilizaciones de masas en Brasil, reuniendo millones de personas en 2015 y todavía con fuerza en 2016, con objetivo prioritario el combate contra la corrupción y la caída del gobierno Dilma. En esas manifestaciones, se veía un sector que defendía una intervención militar como alternativa a la crisis. Desde eso, vienen concentrando su movilización contra la “ideología de género”, en defensa de una “escuela sin partido” [2] y, en las elecciones, apoyando a distintos candidatos –entre ellos, Bolsonaro–. Nosotros estuvimos en las calles, con bastante peso en la Frente Povo Sem Medo, en 2015 y 2016 en unidad de acción contra la derecha, el conservadurismo y las reformas neoliberales. Hicimos una importante huelga general en abril de 2017 contra la Reforma de las Pensiones. La respuesta de carácter antifascista más importante que dimos hasta ahora fue una manifestación masiva contra Bolsonaro y en defensa de la democracia, convocada por las mujeres contra Bolsonaro, el 29 de septiembre. Con repercusión internacional y con manifestaciones en más de 350 ciudades, millones de personas dijeron no a Bolsonaro.

 

¿Existe miedo a las políticas que pueda aplicar el nuevo gobierno contra sectores mujeres, personas racializadas, sectores LGBTI, activistas o pobres?

Lucas Oliveira: Su programa defendía la dictadura militar que sufrimos entre 1964 y 1985, despreciaba reivindicaciones de género, orientación sexual y raza. Está en contra el Estado Laico, sugiriendo que “las minorías tienen que arrollidarse ante las mayorías” (febrero 2017). Refiriéndose al pueblo quilombola, dijo que “ni siquiera para procrear sirve” (abril 2017). Dijo que no violaría a Maria do Rosário (diputada por el PT), en una sesión de la Cámara en 2014, “porque ella no lo merece”. Propuso esterilizar los pobres como medida contra la miseria y afirmó en entrevista que prefería que su hijo sufriera un accidente con el coche a que fuera gay. Además, dijo en un discurso masivo, una semana antes de las elecciones, que los “criminales rojos” tendrían dos opciones bajo su gobierno: “la cárcel o el exilio”. Es cierto que nos amenaza y la única opción es resistir.

 

¿Cómo está afectando al ánimo de la militancia de izquierdas esta victoria de Bolsonaro?

Lucas Oliveira: La tristeza que sentimos al saber el resultado no nos puede paralizar. Una frase se hizo famosa entre la izquierda la semana siguiente a las elecciones: ninguém solta a mão de ninguém (nadie suelta la mano de nadie). Con esa idea, convocamos unos a otros para continuar la resistencia unitaria. Necesitamos un amplio frente para defender la democracia, el derecho de reunión y manifestación, y la acción de los movimientos sociales. También necesitamos un frente social para evitar los retrocesos a los derechos sociales. No menos importante, un frente político para presentar un programa de izquierda, anticapitalista, popular, feminista, LGTB y anti-racista –que, para nosotros, debe ser impulsado por el PSOL en alianza con los movimientos sociales, en especial aquellos que estuvieron con nosotros en las elecciones de 2018: el Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST) y la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB)–.

 

¿Cómo se piensa recomponer una alternativa política y electoral a la izquierda del PT para el próximo ciclo político? En este sentido, ¿están todas las corrientes del PSOL en la misma línea?

Deborah Cavalcante: Es fundamental que la izquierda reconstruya una alternativa política independiente al PT, dispuesta a superar la estrategia de colaboración de clases, capaz de tener peso de masas y que no deje de lado la defensa de la clase trabajadora, el feminismo y las necesidades de emancipación del pueblo negro y LGTB. Nuestra actuación en esas elecciones, desde una alianza entre el PSOL, el MTST, APIB, Mídia Ninja, RUA y otros movimientos, dio pasos importantes en ese sentido. El PSOL duplicó su presencia en la Cámara Federal y amplió mucho su peso en los parlamentos regionales. Guilherme Boulos (MTST) y Sônia Guajajara (APIB), nuestros candidatos a la presidencia, se consolidaron como líderes de la izquierda brasileña y vamos a continuar con esa alianza. Una parte minoritaria del PSOL defiende otro balance sobre las elecciones y tareas para el periodo. Pero nosotros confiamos en que el PSOL debe seguir ese camino que venimos construyendo.

 

Esta victoria de Bolsonaro, ¿puede tener una réplica en otros países de América Latina?

Deborah Cavalcante: Hay una fuerte ofensiva de la burguesía internacional sobre América Latina y un avance de la extrema-derecha con un programa ultraliberal, apoyada en el conservadurismo histórico en el continente. En el seno de la derrota de varios gobiernos llamados “progresistas”, la victoria de Bolsonaro puede tornarse un pésimo ejemplo para el restante del continente. Por eso, es muy importante que nuestras luchas latinoamericanas sean capaces de arrancar victorias sobre Bolsonaro, Macri, Duque, Piñera y otros, para que no se dé un paso atrás y podamos avanzar conjuntamente con nuestra clase y todos los pueblos oprimidos del continente.

 

¿Qué esperáis de la solidaridad internacionalista mundial? ¿Qué se puede hacer desde Europa y el Estado español?

Lucas Oliveira: Las condiciones para la aparición de Bolsonaro en Brasil no son exclusivas nuestras. Naturalmente, cada país tiene sus peculiaridades y relaciones de fuerzas específicas, pero Bolsonaro expresa un fraccionamiento más o menos global de las clases dominantes. En muchos países se observa el desarrollo de proyectos burgueses autoritarios que, a pesar de presentarse como alternativa a la crisis, prometen abatir impuestos a los ricos y defender exclusivamente los intereses de los de siempre. O sea, cada victoria de la izquierda para frenar el crecimiento de eses proyectos autoritarios, sea donde sea, sería para nosotros también fortalecedor. Eso se hace, por un lado, denunciando los ataques que se darán en Brasil y actuando como sea posible en términos de solidaridad. Por otro, construyendo alternativas políticas para y con la clase trabajadora, con peso de masas, en cada país. Hay que combinar las experiencias de resistencia para aprender y fortalecernos unos a otros.

 

[1] Esclavócrata se refiere a herederos del sistema esclavista colonial.

[2] “Escuela sin partido” es un proyecto de las bancadas conservadoras para prohibir contenidos “partidarios” en las escuelas. El objetivo es imponer cierta censura a los y las profesoras de las escuelas públicas en general. Discusiones sobre género, sexualidad o incluso (en sus versiones más duras) miradas críticas sobre la dictadura militar podrían ser prohibidas.