PARA EN MEDIO DE LA BATALLA UN BESO

1

                  Madre
Tierra mordazas de asfalo silencian tu cano verde
          y en claros al cielo
las ciudades frenan tu oleaje de árboles,
          tu ascenso en paloma,
el galope hacia el sol de tu dividido caballo verde.
                  Ya no oigo
el ruido de tu hierba al alba como una estampida de trenes
por las venas del aire,
                  no te escucho
llorar con voz de mujer desde dentro de cada árbol
-desde la barricada de sus hojas-,
por con sus cuchillos de sombra/desangrándote de luz
la noche
                  Antes era
tu canto en cada brizna en cada pétalo un salmo
     interminable,
y antes era
el imparable paso de tu celeste sangre
hasta en las aortas de la nieve.

                        Y ahora callas,

callas
               (funeral de tu lengua),

ahora callas pensando como un muerto que espera.

¿Madre?

                                                […]

Padre
cielo como una hoja al viento flota la campana de tu
relincho.
Y ya no brilla tu alta crin azul entre las nubes.
Dónde la majestuosa cordillera de tu celeste lomo
     en ninguno de los techos del aire. ¿Qué jinete qué
     endemoniado
ángel
espolea tus ijares y ya siempre tu ausencia?

Visión de hoja
para ver al amanecer tu hocico azul antes de tu marcha,
para ver tu ojos de mar gigantes como rosas,
para oír la hierba en tus cascos antes de tus patas ser
     aire,
en un poema de aire en que ningún ave de verso
conoce la palabra espuela. Pero
ya hastaen el tronco del árbol, en
la superficie del mar,
en la espalda de cada nuevo ser nacido se lee la palabra
     fusta.

¿Padre?
                                                […]
 

(Ángel Padilla)