Gerardo García y Vidal Cantero | Desde tiempos inmemoriales hemos ido creando una sociedad cada vez más perversa y espesa en cuanto a la empatía hacia nosotras mismas y quienes nos rodean.

Las personas con Diversidad Funcional, y que somos discriminadas en función de ello, somos conscientes de ello, ya que vivimos el día a día del estigma social y a la vez una incompresible caridad de la sociedad, que nos infantiliza e inferioriza en relación a nuestro entorno y a quienes lo habitan.

La Diversidad Funcional es presa de las empresas afines de las grandes corporaciones que integran el IBEX 35, demostrando que ésta, al igual que sucede con las personas mayores y el resto de personas en situación de exclusión social (o en riesgo de la misma) suponen en gran medida un enorme negocio que crea precariedad, sufrimiento y ausencia de nuestros derechos más fundamentales, impactando asimismo de pleno a la vida cotidiana de sus familias, especialmente a las mujeres, sobre las que suele recaer mayormente las labores de cuidados que estas personas requieren en su día a día.

Las instituciones residenciales, por su parte, se convierten en auténticas ‘jaulas’ en manos del capitalismo neoliberal más salvaje, donde la situación de las personas importa bien poco en comparación con los intereses de determinadas corporaciones, sin que las políticas dictaminadas por el Congreso mejoren esta situación.

Asimismo, no hay que olvidar el conflicto de intereses que se da entre la industria farmacéutica y el colectivo de las personas neurodivergentes, dando lugar comúnmente a una sobremedicación continuada hacia las mismas. Dicho conflicto, entre otras cuestiones, se trató en la sesión de trabajo del Congreso, que tuvo lugar el pasado 28 de noviembre, a raíz de la propuesta relativa a la Salud Mental presentada por el Grupo Parlamentario de Unidxs Podemos y que dio lugar a una serie de intensos debates protagonizados por una serie de plataformas ciudadanas, lo que supone un auténtico hito en la político que al respecto del tema se ha efectuado desde la instauración del Régimen del 78 y el inicio de una serie de cambios que, aunque pequeños y, por el momento, de alcance limitado, no dejan de empezar a apuntar en el camino adecuado.

En este contexto, el pasado 1 de diciembre en la madrileña Plaza del Callao se pudo escuchar a la Diversidad Funcional, que habló bien fuerte, arropada con las voces de las distintas plataformas que representan a los distintos colectivos que allí estuvieron acompañándola; el de las trabajadoras de las residencias de personas con diversidad funcional y mayores, así como el del personal laboral del Servicio a Domicilio (reivindicando ambos unas condiciones laborales dignas, exentas de la precariedad y la temporalidad que les caracteriza) y el de lxs pensionistas, que reclamaron igualmente una subida digna de las pensiones y que éstas también dejen de convertirse en objeto de los intereses objetivos del gran capital.

Gerardo García y Vidal Cantero son militantes de Anticapitalistas.