Alberto Sánchez | Hace apenas unos meses desde que se publicase “Antifa, El Manual Antifascista”, un libro donde su autor, Mark Bray, pretende exponer los orígenes y evolución de algunas corrientes antifascistas a partir de experiencias que abarcan un amplio recorrido histórico de forma trasnacional.

En él podemos observar una cantidad de ejemplos concretos donde el “antifascismo militante” o “autónomo” ha conseguido detener el avance del fascismo, y algunas pinceladas históricas sobre las interpretaciones que se han dado del mismo. Pero ¿podemos trasladar esas experiencias ante un fascismo renovado?

Empecemos por entender el fascismo actual. ¿Qué es ser fascista y qué antifascista? Ahí encontramos las primeras limitaciones del libro, y es que se centra en las experiencias de esas corrientes revolucionarias pero minoritarias, como si ser anarquista, o de extrema izquierda fuese condicio sine qua non ser antifascista o formar parte de la lucha antifascista. Sobre el fascismo actual, y centrándonos en el Estado español, dentro de la izquierda parece haber un paradigma sobre cómo catalogar estas fuerzas emergentes, y ese resurgir de los nostálgicos del franquismo. Hace unos días Santiago Alba Rico exponía [1] ese problema que hemos visto desde que VOX ascendiese.

Lo vimos en Murcia hace menos de un mes, donde una contramanifestación antifascista (que encajaría perfectamente con alguna de las experiencias de lucha que se relatan en el libro), a un acto de VOX acabó con 2 detenidos (antifascistas como no). Y además, con una campaña de victimización orquestada desde VOX después de que en la contramanifestación (unas doscientas personas) se dijesen cánticos de “Ortega Lara vuelve al zulo” (al acto de VOX asistieron alrededor de dos mil).

Entonces ¿cómo hay que definirlos? Para empezar primero hay que dar una respuesta colectiva que se aleje de lo exclusivamente de la extrema izquierda. También se generan dudas sobre cómo usar algunos de los términos que propone Alba Rico, no me imagino a la multitud gritando “sois unos destropopulistas” a las puertas de una charla LGTBfóbica. Quizás deberíamos empezar por señalar esa LGTBfobia, islamofobia, ese racismo, ese antifeminismo que contiene su programa y que no es más que una representación de esa extrema derecha y todo lo que tiene que ver con los viejos monstruos. Eso sí, aglutinando dentro del movimiento antifascista a todos esos colectivos que son el objetivo de ataque, impidiendo que como en Murcia, sean 10 veces más.

Y como hay dudas sobre cómo catalogarlo, consecuentemente también se ha generado debate sobre cómo tratarlo mediáticamente [3].Tras el resultado de Andalucía no han sido pocos los que han acusado a los medios de catapultarlos dándoles más cobertura de la que deberían. Y está claro que en algunos casos sí han contribuido haciéndoles parecer que son inofensivos o evitando definirlos como de extrema derecha siquiera, pero tampoco hay que obviar que están avanzando, y eso es responsabilidad de tod@s, pero principalmente nuestra.

Porque es cierto que VOX se parece al matón en la puerta del colegio, que sirve a los más carismáticos pegando a los más débiles, pero incluso estos “matones” y los de la nueva extrema derecha, tienen sus propios intereses, y saben pasar inadvertidos como el alumno que no va a clase, pero acaba robando el almuerzo al resto.

 

[1] https://blogs.publico.es/dominiopublico/27168/franquismo-y-antifascismo/

[2] https://www.laopiniondemurcia.es/murcia/2018/11/14/carga-policial-concentracion-antifascista-frente/972086.html

[3] https://ctxt.es/es/20181003/Politica/22110/Nuria-Alabao-periodismo-fascismo-libertad-de-expresion-entrevista-a-salvini-le-pen.htm

 

Antifa: TheAnti-Fascist Handbook
Mark Bray
Capitan Swing Libros (2017)
312 Pág. 19€