Víctor de la Fuente | Tras diez años conviviendo con la llamada “crisis financiera” parece claro que ha venido para quedarse. La explotación laboral y la precariedad se cronifican en nuestras sociedades siendo naturalizadas por un mercado laboral que prioriza conservar altas tasas de ganancia sobre las condiciones de vida de millones de trabajadoras.

Numerosos estudios reconocen a las jóvenes como uno de los sectores más afectados. La imposibilidad de encontrar puestos estables, salarios acorde al coste de la vida conjugado con el aumento en el precio de la vivienda y los recursos básicos deja sin proyecto de futuro a millones de jóvenes. Con motivo de la concentración que este viernes 14 de diciembre a las 18h se ha organizado en la Puerta del Sol de Madrid para denunciar “Los nuevos modelos de explotación laboral” entrevistamos a tres jóvenes. Son Cristina, Alejandro Gonzalo y Alejandro León, jóvenes precarios y militantes de la organización juvenil Abrir Brecha, un espacio autoorganizado por y para jóvenes que ha participado en la organización de esta movilización.

 

¿Podéis resumirnos brevemente vuestras últimas experiencias laborales?

Cristina: Trabajo los veranos en un restaurante en un pueblo del norte. Mi contrato pone que trabajaré 8h diarias y libraré dos días semanales (jornada laboral tipo). Antes de firmar ya te dicen que serán mínimo 9h al día y que solo librarás un día a la semana. La realidad es que casi todos los días las trabajadoras hacemos de 10h a 12h. En ningún caso el día libre cae en fin de semana. Sabemos a la hora que entramos pero no a la que salimos (tiene que decirnos la encargada que podemos irnos). En total en toda la jornada (que de media dura 10h) hay una única pausa de 15 minutos para comer en la que comes sola, sin ninguna de tus compañeras.

A.G.: Nada más terminar los estudios, y sus respectivas prácticas gratuitas, estuve menos de dos meses captando en la calle para una ONG. Que el mes siguiente tengas trabajo o no depende de si cumples los objetivos o no. Además hay una gran tensión al estar parando continuamente personas en la calle. Más adelante estuve haciendo prácticas de lo mío, Sociología, en una empresa. Aunque era un trabajo “normal” oficialmente era un becario y por tanto no tenía un contrato como tal. El salario esta siempre por debajo del SMI, nadie se plantea siquiera que cobres por 7 u 8 horas lo que cobraría un trabajador normal. No parece haber trabajo fijo o temporal para lo mío ya que todo el trabajo ya lo hacemos los becarios. Ahora mismo tengo un trabajillo en negro de “ayuda con los estudios” que es la mejor solución que he encontrado.

A.L.: He estado trabajando en una zapatería del centro durante 15 días. En este sitio contratan a varias personas para cubrir vacaciones, pero nadie pasa el periodo de prueba. Las condiciones pasan por trabajar 42 horas semanales, librando un día a la semana y trabajando otro de 9 a 9. Luego estuve un mes y medio en otra zapatería. Tenía que desplazarme durante 1 hora y 15 minutos desde mi casa, solo trabajando los fines de semana, que no me daba apenas para vivir. Ahora estoy trabajando en un call center, en el que estoy a punto de terminar el periodo de pruebas.

 

¿Cómo creéis que condiciona el resto de vuestra vida este tipo de modelo laboral?

Cristina: Es invasivo, el trabajo no es agradable pero tampoco tienes tiempo para llenar tu vida con otras cosas porque no hay tiempo material. Lo peor es que te sientes decepcionada porque hay una serie de derechos que tú creías que existían y en la práctica ves que no se cumplen ni de lejos.

A.G.: Evidentemente el trabajo condiciona gran parte de tu vida. Por un lado por la cantidad de tiempo que absorbe y por otro porque te provee de aquello que necesitas para funcionar; dinero. La inestabilidad laboral hace necesario rebajar tu nivel de vida (pisos patera con amigos, por ejemplo) para no tener que recurrir a la familia, que no en todos los casos va a poder ayudar. Como tienes que estar cambiando de trabajo no puedes asegurar esa independencia a largo plazo ni hacer planes. Por supuesto tienes que estar dispuesto a emigrar o a desaparecer para tus amigos durante largas temporadas. Esto corroe los grupos de amigos, dificultando la socialización.

A.L.: Yo vivía en el sur de Gran Canaria, donde alquilar un piso o habitación, y mantener un coche es imposible con un sueldo de 700€, por lo que tenía que vivir con mis padres. Además, el transporte público es horriblemente caro. Por ejemplo, moverte en “guagua” desde Maspalomas a Las Palmas (60km) cuesta 5,65€ el viaje solo de ida. Por esto y otras razones decidí venir a Madrid a trabajar y poder buscarme la vida. Lo que encontré al llegar a Madrid es que hay más variedad de trabajos, pero que condicionan totalmente tu vida. Por ejemplo, haciendo entrevistas para empresas como Uber y Cabify, vi que tendría que vivir pegado a un coche durante 12h de turno, dejando el vehículo a final de este en zonas muy alejadas de mi casa a las 5 de la mañana y volverme en transporte público.

 

¿Cuál suele ser el papel que juegan las jóvenes en esto que se viene llamando la “nueva economía?

Cristina: El papel suele ser de asumir pasivamente una situación injusta.

A.G.: En general el papel de los jóvenes en el panorama laboral tras la crisis económica es la de carnaza. Estamos sujetos a una serie de legislaciones, irregularidades y situaciones de debilidad que nos envían a trabajos absolutamente precarios. Becarios, falsos autónomos, bajos salarios, temporalidad, dependencia de la hostelería y el turismo, contratos irregulares, horarios absurdos… En gran medida estamos fuera de los estatutos y convenios laborales que otros dan por supuesto. Esta sobreexplotación de un grupo de los trabajadores ha permitido aumentar los beneficios del capital y sacarlo a flote tras su crisis de 2008.

A.L.: Estamos obligados a aceptar cualquier tipo de trabajo para acceder al mercado laboral, que es muy difícil para nosotras las jóvenes. La alternativa a esto es tener que vivir de nuestros padres, aunque sea parcialmente, para no tener que gastar todo nuestro dinero simplemente en sobrevivir. En este punto no me quiero ni imaginar las compañeras que tienen dobles o triples opresiones a la hora de conseguir trabajo, como puede ser en el tema de las mujeres, las personas racializadas o ambas a la vez.

 

¿Por qué consideráis que es importante la organización?

Cristina: Necesitamos crear una red fuerte de trabajadoras que impida a las personas que nos contratan saltarse los derechos básicos que nos pertenecen. Si seguimos permitiendo esto la explotación va irá a más (como vemos que está ocurriendo). Es importante que las trabajadoras no nos sintamos solas, que tengamos un respaldo de nuestra comunidad y también de las leyes (y un respaldo real, no solo teórico). Saltarse los derechos de las trabajadoras debe convertirse en algo PELIGROSO.

A.G.: No solo es la necesidad de organizarse para luchar, algo evidente. A veces, en el día a día tiendes a pensar solo en tu situación y en cómo puedes mejorar tú. Por el camino te olvidas un poco de las personas que te rodean o pierdes contacto con ellas. Darte cuenta que tu situación no es única, ni algo normal, o tu culpa, si no compartido con los demás te permite tomar espacio y coger visión. También relacionarte con los demás en tanto que iguales y apoyo mutuo y no en competición. Así puedes tomarte esta situación sabiendo que debes defender tus lazos sociales, reforzarlos y sin dejar de luchar por ti, ayudarnos los unos a los otros.

A.L.: Por unas amigas empecé a militar en Abrir Brecha y me encontré con gente maravillosa con la que poder organizarme en muchísimos aspectos. Hemos realizado varias campañas y trabajando en muchas otras. Por ejemplo, la campaña de metro, donde exigíamos, entre otras cosas, que el abono transporte joven se extendiera más allá de los 26 años, que se redujeran los tiempos de espera, apostar por el transporte público, ya que es más ecológico, luchar contra el acoso y las agresiones machistas y racistas, etc.