Cristina | ¿Cuándo comenzó a deteriorarse la Sanidad Pública? Lo desconozco, lo que sí sé es cuando, tanto profesionales como usuarios, tomamos conciencia de ello y empezó la lucha por nuestra “joya de la corona”, nuestra Sanidad Pública.

Corría el año 2012 cuando la Consejería de Sanidad, con Lasquetty al frente, en su “Plan de medidas de garantía de sostenibilidad del sistema sanitario público”, pretendía la privatización de los 6 hospitales nuevos de la Comunidad de Madrid, inaugurados poco antes por Esperanza Aguirre, así como el 10% de los centros de Atención Primaria y la transformación en centros de media y larga estancia para los hospitales de La Princesa y Carlos III. Con el eslogan “La Sanidad no se vende, se defiende”, sanitarios y usuarios se unieron y surgió la Marea Blanca.

Poco a poco, sin parar en su objetivo y con otros muchos frentes abiertos, la Marea Blanca consiguió su primer objetivo, paralizar el “Plan Lasquetty”.

Pero, ¿qué está ocurriendo ahora con la Sanidad Pública en la Comunidad de Madrid?

Actualmente estamos viviendo un claro deterioro de los servicios en todos los ámbitos: Atención Primaria, Atención Especializada y Servicios de Urgencias Extrahospitalarias.

En Atención Primaria, las citas con el médico son un bien preciado, la demora varía de unos centros a otros, pero raro es el usuario que consigue su cita antes de 3 días, y cuando la consiguen, su cita dura escasos minutos. Los usuarios, que quieren contactar con su médico porque sienten un problema en su salud, ¿qué hacen? Acuden al Servicio de Urgencias de Atención Primaria (SUAP, dependiente del SUMMA) o a las urgencias hospitalarias, ambos servicios abiertos 24 horas.

Quizá, este problema pueda agravarse próximamente. La Comunidad de Madrid pretende que las consultas de los centros de salud terminen a las 18:30 en lugar de a las 21:00 como se venía haciendo; posteriormente, solamente quedaría personal para urgencias. Se ha iniciado un proyecto piloto en 12 centros de salud de la Comunidad con la finalidad de implantarlo en el resto de centros de Atención Primaria si los resultados son favorables.

   

Con esto, la Atención Primaria perderá una de sus características para la que fue creada: la accesibilidad. Además, se prevé que esta medida no haga más que agravar el problema de las urgencias hospitalarias, ya masificadas.

Por su parte, las urgencias hospitalarias viven escenas de hacinamiento a diario, los pacientes se amontonan en camas, camillas, sillones e incluso sillas cuando los recursos anteriores ya se han agotado.

   

Estas situaciones, aparte de producir una clara merma en la calidad asistencial que reciben los usuarios de nuestra Sanidad Pública, produce una gran insatisfacción laboral por parte de los profesionales, que no pueden realizar su trabajo por falta de espacio y por tener que asumir el doble (o incluso el triple) de los pacientes que las organizaciones internacionales recomiendan. Esto produce en ellos situaciones de estrés y ansiedad, que han llegado incluso a producir bajas laborales.

A la par que urgencias colapsadas, nos encontramos camas en hospitalización cerradas, plantas enteras, o incluso una cuarta parte de un hospital entero, como ocurre en el Hospital Infanta Sofía.

   

En el SUMMA 112 no están mucho mejor. Viven una falta continua de personal que ha llegado incluso a tener que paralizar coches médicos.

Con estos ingredientes tenemos la receta perfecta para destruir poco a poco la esencia de la Sanidad Pública: usuarios cuyas citas sufren unas demoras excesivas y atendidos en condiciones no óptimas que deciden hacerse un seguro privado para paliar estas deficiencias y profesionales frustrados porque no pueden realizar de manera correcta su trabajo. ¿A quién le interesa toda esta situación? Hagan sus apuestas.

Continuará…

 

Cristina es trabajadora y usuaria de la sanidad pública de Madrid.