Juanjo Álvarez | Este domingo, la plataforma No a la Caza, apoyada por una amplio abanico de colectivos, convoca una manifestación contra la caza en Madrid. Es uno de los temas que durante muchos años han pasado desapercibidos y que, sin embargo, están empezando a mostrarse en la agenda política y social por el número de personas que se sensibilizan. Tauromaquia, maltrato animal, abandono, y también caza, son cada vez más un objeto de rechazo social.

El campesinado tradicional –que practicaba la caza artesanal como parte de sus estrategias de subsistencia, en ese mundo rural que tan bien noveló Miguel Delibes- apenas existe ya. Hoy la situación es distinta: la caza tradicional en el mundo rural es muy inferior a lo que fue -con la salvedad de algunas especies y en territorios locales – y difícilmente se puede considerar de montería; y la caza mayor es otro asunto, más industrial que artesanal. Se practica en cotos, ya sean nacionales o privados, que funcionan a menudo como verdaderos criaderos de ganado; si hubiera que captar en una foto lo que es la caza a día de hoy, no aparecerían campesinos que capturan algún pequeño animal para comerlo, sino más bien monterías de lujo como la que protagonizaba hace ya años el exministro de justicia Bermejo compartiendo entretenimiento con grandes empresarios y altos cargos del estado.

En el terreno de la conservación, la función de la caza para el control de las poblaciones animales no se sostiene; al contrario, la enorme intervención humana en el espacio natural está teniendo como resultado una enorme crisis de biodiversidad y desequilibrios constantes. Los territorios necesitan un cambio drástico que apunte a una intervención humana orientada de forma muy diferente: políticas agroecológicas, búsqueda de soberanía alimentaria, promoción de policultivos, protección de setos y cuencas fluviales, reforestación con especies autóctonas y cuidado de las masas forestales, limpieza de residuos, control de accesos a parajes protegidos, etc. Han de reintroducirse las especies situadas en lo alto de las cadenas tróficas (lobos y linces resultan aquí emblemáticos), con políticas inteligentes que minimicen y compensen posibles daños al ganado. La caza, que en sociedades tradicionales pudo tener un encaje en los ecosistemas, ya no lo tiene.

Todo esto, en un marco en el que disparar a animales como entretenimiento, ya sea de las clases más poderosas o de otros sectores, ha dejado de ser respetable para la mayoría de la sociedad. Más allá de discusiones estériles sobre la verdadera esencia del animalismo, la cuestión de la sensibilidad de los animales y la obligación de respetar su vida y sus espacios ecológicos están fuera de discusión, y son una exigencia cada día más legítima. Este domingo, No a la caza.

 

Juanjo Álvarez es militante de Anticapitalistas.