Pepe Mejía | Una noche memorable esta de la entrega de los Goya 2019. Y digo memorable porque merece la pena guardar estos instantes en nuestros más profundos y preciados recuerdos, para que el pasado, el nuestro, el del genocidio franquista y fascista no vuelva a ocurrir. La gala de los Goya en este sábado 2 de febrero, mes significativo y señalado en nuestros calendarios y de nefastos recuerdos golpistas, ha sido un aldabonazo para muchas conciencias. El arte de la imagen, la pericia en el ejercicio de las luces, la destreza en el manejo de los colores, han estado al servicio de tres palabras que dijo el actor intérprete discapacitado de “Campeones”, Jesús Vidal: “inclusión, diversidad y visibilidad”.

En un marco incomparable Sevilla acogió a tres mil invitados/as de cine. El enorme recinto del Palacio de Exposiciones y Congresos (Fibes) acogió a 3.200 invitados (un millar de ellos académicos y 168 nominados). En la gala hubo más de 300 medios acreditados.

Los primeros acordes de “Me quedo contigo” fueron los primeros vestigios de que mis emociones iban a ponerse a prueba una noche más. Conforme iba avanzando la pieza musical y veía las imágenes recordaba los duros años, allá por el 76, cuando uno de los hermanos Salazar pasaba por el bar Milano -en la plaza Matute, donde yo trabajaba de camarero- antes de recalar en la plaza Mayor para cantar unas rumbas y ganarse unas cuantas perrillas. Canciones de pobreza, drogas y marginación. Rosalía marcaba así, con nuevos acordes, la visibilidad y la denuncia de problemas de ayer y de hoy.

En la gala se repartieron 26 premios. Yo me quedo con cuatro películas que llegan al corazón y se encuadran dentro de lo que Vidal dijo: inclusión, diversidad y visibilidad.

“Campeones” de Javier Fesser. Una maravillosa película recomendada para todos los públicos por su originalidad, su buen hacer y, sobretodo, porque transmite valores. Ya no son los discapacitados intelectuales, ya no son los discapacitados, son los campeones. Las palabras de Vidal al recibir el Goya a la mejor interpretación demuestran que si nos proponemos hacer cosas, cambiar la situación, lo podemos conseguir. “Compañeros, sin nuestra frescura, nuestra espontaneidad y nuestro talento esto no hubiera sido posible”.

Teniendo sólo el diez por ciento de visión, Vidal nos soltó otra perla que nos hizo saltar la primera lágrima de la noche. “Mami, gracias por darme la vida, gracias por dármelo todo porque hiciste en mí el amor a las artes y porque me enseñaste a ver la vida con los ojos de la inteligencia y el corazón, te quiero todo”.

“Gaza una mirada a los ojos de la barbarie” de Carlos Bover y Julio Pérez ha sido otra buena noticia, más que nada porque ha sido una sonora y proyectada bofetada internacional a la comunidad judía, esa comunidad a la que se doblegó la iglesia católica de la mano del cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, que ordenó suspender la proyección del cortometraje en el centro pastoral de San Carlos Borromeo. La misma iglesia católica que convivió, colaboró y encubrió al franquismo/fascismo y que ahora, sin remilgos, amenaza con la expulsión de la iglesia al cura de la parroquia de Vallecas. La actitud de esa iglesia retrógrada se entiende porque no quiere dar visibilidad a lo que es innegable y son hechos. El documental muestra, a través de diversos personajes, “la vulneración de derechos humanos que sufren diariamente y la situación de bloqueo y posguerra por la que trata de sobrevivir la población palestina en la Franja”, según consta en la ficha de las nominaciones de los premios Goya. Será que también a la iglesia católica le molesta que se hable de derechos humanos porque en su seno desprecia y ningunea a las mujeres y protege a pederastas. Gracias Bover y Pérez por esta pieza. La difundiremos y seguiremos intentando proyectarla también en parroquias.
Otra de las joyas de este memorable Goya 2019 es “Carmen y Lola”, una película valiente que pone sobre la mesa y visibiliza un tremendo cóctel social lleno de prejuicios ancestrales: mujer, adolescente, lesbiana y gitana.

El trabajo de Arantxa Echevarría concentra todo lo prohibido, todas esas cosas que hemos pasado en algunos momentos de nuestras vidas: la homosexualidad. Pero visibilizar esto, con grandeza, proyección y respeto no lo hace cualquiera, es muy difícil y es una tarea ardua.

Y no quiero dejar de plasmar una frase de mucho compromiso y calado, la pronunciada por Arantxa Echevarría, animando a los retrógrados a que vean una película de “lesbianas, gitanas y mujeres”.

En la comunidad gitana el tema de la homosexualidad es tabú. Si eres homosexual o lesbiana vives en el filo de la navaja. “Expulsada de tu familia, de tu comunidad, de tu gente, caer en un mundo ajeno, el payo, en el que tu raza te estigmatiza y en el que ni siquiera te van a dar cartas para que juegues la partida” dice Carlos Olalla quien añade: “Una película que habla de ausencias y de vacíos”.

Y finalmente la joya de la corona “El silencio de otros” de Almudena Carracedo y Robert Bahar. Con esta mención llegamos al éxtasis. La emoción fue tremenda, los nervios a flor de piel, los abrazos, las lágrimas, los lloros desconsolados…ver a Chato, Kutxi entre otras víctimas de torturadores franquistas, vivos recuerdos de nuestra más siniestra historia. Allí estaban, tocando moqueta (y roja además), aguantando las luces, los flashes, dando color a sus reivindicaciones de justicia, verdad y reparación. La sola presencia de estos invisibles para la justicia española, para todos los gobiernos de este país que no han hecho nada para reparar las injusticias, merece ya no un Goya sino el reconocimiento mundial. Una lección para las nuevas generaciones y un gran apoyo al movimiento memorialista en una noche memorable.

El documental contiene 96 minutos de gran carga emocional. Hablan de los torturadores que los masacraron. “El silencio de otros” venía precedida de grandes elogios en el festival de Berlín. Puso a muchos espectadores con los pelos en punta. Testimonios en forma de entrevistas a mujeres y hombres, a los que se les negó conocer el paradero de sus asesinados difuntos, que quieren encontrar sus huesos y darles sepultura.

Me recuerda el libro “El hombre que estaba allí” que habla sobre el periodista Manuel Chaves Nogales y escrito por Luis Felipe Torrente y Daniel Suberviola. El oficio de Chaves era andar y contar. Y esa ha sido la tarea de todos los entrevistados en este magnífico documental. El tráfico de criaturas de las que se beneficiaron monjas, curas y miembros de la iglesia católica, militares y médicos. Testimonio de personas anónimas que fueron torturadas largamente por policías que siguen acumulando condecoraciones y sueldos cuarenta y tantos años después de sus imperdonables crueldades. Y que incluso ex ministros con Franco, como Martín Villa, que tuvo responsabilidades en la matanza de Vitoria, el asesinato de los estudiantes Arturo Ruiz, Nájera y tantos otros hechos execrables que se mantienen en la impunidad, haya sido condecorado por el rey Felipe. El Goya es un empujoncito más para conseguir sentar en el banquillo de los acusados al inefable Martín Villa.

Pero tres horas de gala dejan mucho material y muy suculento. Gracias al buen hacer de Silvia Abril y Andreu Buenafuente podemos disfrutar de las siguientes frases. Un ejercicio mordaz, irónico y de humor muy serio. Afinen y disfruten.

“Una película que junta en la misma casa a Penélope Cruz, Javier Bardem, Ricardo Darín, Elvira Mínguez, Inma Cuesta… y todos desconfían de todos. ¡Un montón de gente encerrada creyendo que el malo es el otro! Parece un congreso de Podemos”.

“Echenique está aquí con nosotros. Un político muy cinematográfico, ¡su vida es un traveling!”.

“Queremos agradecer la confianza a la Academia y a Mariano Barroso, un presidente que fue elegido en el mes de junio. Un Mariano que entra por otro que sale. Los Marianos son dos presidentes que han hecho muchísimo por la ficción en este país”.

El reino, o como muchos la llaman en Soto del Real, mi biopic”.

“Este año, el cine español ha superado los 100 millones en cartelera, lo que para Amancio Ortega es un mal fin de semana”.