Redacción Poder Popular | Ya no somos la excepción, la vacuna del 15M que permitía que el descontento por la crisis se dirigiera hacia arriba en lugar de a nuestro alrededor ha perdido gran parte de su efecto. La ilusión institucional que surgió de ese movimiento convertido en decepción, y la alternativa descomponiéndose en medio de batallas sin fin entre sus autoproclamados protagonistas, viene la oscuridad para llenar el vacío donde había la luz de la posibilidad.

Podemos intentar engañarnos, pensar que todo esto es un capricho del momento, ese discurso de que no pasa nada, es simplemente gente que votaba al PP, que ahora vota por Vox y luego volverá a casa. Esta idea pierde el foco sobre un elemento clave del fascismo y es que tanto una parte del electorado como una parte del sistema deja de fiarse de la derecha tradicional y aposta por la salida más brutal. Justamente lo que estamos viendo. Podríamos engañarnos que el nuevo fascismo caerá por su propias contradicciones; que apenas tienen programa, que en Las Palmas ya se ha disuelto la ejecutiva por corrupción, por ejemplo. Pero el fascismo histórico siempre ha tenido que representar una contradicción porque representa la forma más sangrienta de recuperar los beneficios empresariales, los privilegios de una determinada clase a la vez que granjea apoyo popular.

Pero para influir en su desarrollo tenemos que actuar. Y tenemos que hacerlo la mayoría social que nos oponemos al fascismo y a quienes el fascismo nos aplastará con la máxima violencia si llega a poder hacerlo. Hay una cuestión electoral importante, está claro. Pero no es sólo eso, ya que el fascismo depende de una movilización de fuerzas en las calles que les hace sentirse y parecer más poderosos, una alternativa real, atrayendo así a nuevos apoyos. También les permite reprimir la voluntad y autoorganización popular como puede ser los agresiones oportunistas hasta impedir las reuniones de otras fuerzas, sean electorales o no. En este sentido cualquier movilización popular, o movimiento social que ofrezca otra visión de cómo avanzar es fundamental. Las movilizaciones feministas entorno al 8 marzo tienen además de su objetivo principal, un elemento antifascista que no se debe menospreciar. También es importante una coordinación que aporte un enfoque explícitamente antifascista a los distintos movimientos y espacios sociales. En este sentido, este fin de semana en Madrid se han celebrado asambleas abiertas y unitarias simultáneamente en varios barrios bajo el lema Ama Tu Ciudad, Odia Al Fascismo. Es una iniciativa modesta pero que tiene su objetivo servir de aglutinador de amplios sectores populares en propaganda y acción antifascista.

Varias decenas de personas se han reunido este fin de semana en distintas asambleas en Vallecas, Arganzuela, Villaverde… desde los distintos barrios de Madrid se comienza a articular una red de activistas y militantes que se niegan a que el odio, el racismo y el machismo se inserte en nuestros barrios. Extender la lógica antifascista, que encuentra su fuerza en la autoorganización vecinal para hacer de la solidaridad el centro de acción, reforzando un sentimiento de comunidad entorno a intereses comunes y horizontes compartidos frente a quienes refuerzan su posición sobre los sentimientos de miedo, odio y exclusión. Acompañado de una sesión de fiesta donde se reforzó la alegría como ariete de lucha.

Unidad de acción entorno a la que articular a la gran heterogeneidad que nos constituye, donde radicalidad política y democracia son dos caras de una misma moneda. Por ello la asamblea, el debate y la decisión colectiva son el espacio de autoorganización. Tras las asambleas de este fin de semana se celebrará una nueva asamblea donde se pondrá en común las decisiones tomadas en cada barrio, esta será el próximo 19 febrero en el Espacio Vecinal Arganzuela (EVA) a las 19:00h.

 

Foto de Diego Díaz (Arainfo.org).