Viviana Ferreras | En Abril de 2017 el Gobierno Serbio desalojó los Barracones de la Estación de Trenes de Belgrado, en donde vivían improvisadamente mil quinientos chicos, muy jóvenes la mayoría y procedentes de países en guerra.

Aquél fue el último campo de refugiados de Europa no controlado por un gobierno. Tenía un potencial simbólico muy fuerte debido al atractivo mediático y la oportunidad de presión política que suponía al hallarse en medio de una gran capital europea con los hoteles, algunos en construcción, y la turistificación a escasos metros de los refugiados. Sin embargo la Unión Europea había decidido invertir también en Serbia como país tapón de la migración. Entonces apareció la institución del Comisariat cuya misión sería gestionar nuevos campos como el de Obrenovac, una base militar Yugoslava en el pasado. Muchos refugiados se negaron a ingresar en estos campos y decidieron vivir de manera clandestina en el bosque o en las ruinas de algún edificio. ¿Sus motivaciones?… el Game, o sea, a lo que ellos llaman al chance o intento de atravesar las fronteras, entrar en Schengen y no ser descubiertos y deportados en algún momento del viaje. Desde un campo oficial las posibilidades para llegar lo antes posible a sus destinos se complican ya que están más alejados de las fronteras y todo se vuelve más caro.

En 2015 el presidente húngaro Victor Orban levantó una valla de la nada. Lo mismo había ocurrido en Bulgaria, Rumanía, Eslovenia, Macedonia, etc. En Croacia se optó por un despliegue policial brutal como frontera. Esta política de fronteras ha traído consigo un aumento espectacular de la corrupción y del poder de la mafia. Esta  correlación es importante. La extrema derecha también se está beneficiando a costa de los migrantes a los que
instrumentaliza con el fin de captar votos fomentando xenofobia en la población y miedo a la idea de la escasez de recursos, paradójicamente también en los países industrializados y ricos del mundo. Estas ideas el problema es que arraigan muy fácilmente en la sociedad. La deshumanización de víctimas de la guerra la estamos viendo incluso del lado de poblaciones que recientemente también han vivido la experiencia de la guerra y el trauma de tener que huir de casa. Actualmente los recortes y la austeridad están afectando muy fuerte a la economía de la gente en los Balcanes por lo que muchos de los habitantes simplemente prefieren mirar hacia otro lado y hacer como que los refugiados no existieran.

Por otra parte también recordar qué le está sucediendo a la población gitana: muchas familias viviendo desde hace décadas totalmente fuera del sistema y sin derechos. Hoy en día la mortalidad infantil en los campamentos romaníes, donde no hay ni siquiera acceso debido a agua, es un dato alarmante y donde buena parte de las nuevas generaciones crecen con la dificultad de ser apátridas, o sea, sin papeles. De esta naturalización de la pobreza basada en criterios racistas y xenófobos sale reforzada cierta clase media-alta con privilegios sobre el resto, pero es la mayoría de la sociedad quién participa en ello e incluso ciertos sectores de la izquierda justifican interesadamente la discriminación argumentando lo mismo que la extrema derecha: que no hay para todos.

En Šíd -el pequeño pueblo fronterizo con Croacia donde la No Name Kitchen realiza su labor- los refugiados no pueden entrar a la mayoría de las tiendas (cafeterías, peluquerías, hostales, etc.), así como en situaciones en las  que necesitan ir al hospital, los trabajadores suelen llamar a la policía. Solo hay la posibilidad de dormir en un hotel y el precio es de 15 euros por noche, que es el ejemplo de cómo se está tomando una ventaja económica de la precariedad de estas personas llevándoles a sus límites. Las voluntarias estamos siendo testigos de que las prioridades de las políticas europeas son hacer imposibles estas vidas, obligándoles a soportar la precariedad, pobreza y marginalidad más duras. En las últimas semanas, las fuerzas estatales están encarcelando a personas que cruzan la frontera ilegalmente, si no les hacen pagar una multa de 50 euros e ignorando su derecho a la protección internacional. Además, la policía fronteriza croata está entregando personas directamente a la policía fronteriza serbia, que también viola el acuerdo de readmisión entre estos dos países. Durante este proceso no tienen en cuenta la edad, siendo los niños y menores de edad maltratados y deportados de la misma manera que los adultos. El problema es que imposibilitan el derecho a pedir asilo incluso desde Eslovenia en donde suelen ser  deportados de nuevo a Serbia, desde donde los chicos tienen que volverlo a intentar al día siguiente. A veces es la propia población civil quién en caso de ver al migrante llaman a la policía para que se le deporte. En Bulgaria muchos chavales cuentan haber estado en la cárcel y nos hablan de torturas. Es un lugar del que apenas se sabe nada ya que las ONGs pequeñas están casi que prohibidas y es muy complicado actuar siquiera para activistas que lo intentan por su cuenta.

La verdad es que la situación recuerda a los tiempos del Ku Kux Klan. Los chicos hay días en los que ni siquiera pueden caminar libremente por la calle sin que la policía les detenga. Para las mujeres la situación de estar en tránsito es todavía más dura y más violenta. También es menos sabida por quienes estamos en terreno debido a que están mucho más institucionalizadas que los hombres. Volviendo a la labor que realiza la organización de Sîd… consiste en ayudar a sobrevivir a las personas en tránsito que no están bajo “protección” del Comisariado en los campos, sino que se quedan temporalmente en las calles, los bosques, pero principalmente unos edificios abandonados a las afueras del pueblo en donde vamos a proporcionar fogones, ollas y alimentos para que los propios migrantes se autogestionen la cocina y el reparto. También conseguimos tiendas, mantas, ropa, agua, madera, asistencia médica y medicinas.

Pero la NKK no concluye su trabajo en las necesidades básicas sino que también llevamos a cabo entrevistas (“reports”) sobre deportaciones ilegales y violencia policial que hay a diario lo cuál podría ser útil en un futuro para litigar. Los cálculos sobre los recursos que tienen los chavales y donde destinarlos son en base a la probabilidad de que un Game salga bien, o sea logística. Por ello no nos extraña a las voluntarias que algunos no puedan permitirse ni ir a comprar un calzoncillo ya que tienen que pagar tasas a los traficantes que son los únicos que pueden sobornar a la policía o al conductor del tráiler para hacer la vista gorda y que igual en un game de ochenta personas, haya diez que puedan irse. Con el cierre de fronteras la verdad es que se ha convertido prácticamente en obligación contratar los servicios de los traficantes de personas, que se basan en una relaciones de control-sumisión, muy rudimentarias, y que es una industria que genera millones cada día. Al menos todavia funciona el Track game que consiste en viajar a escondidas en camión, pero para ello hay que eludir el control de un láser y tener mucha suerte para ello porque Croacia se está esforzando mucho en demostrar a la UE que controla los flujos migratorios para obtener ventajas en Schengen, ahora que también es un Estado miembro.

Conviviendo con los Afganos en el caos ves lo alejado que está el relato oficial de la realidad y que los delitos cuando vienen de arriba tienen la seguridad de quedar impunes. No es posible volver a España como si nada hubiera pasado. Y es que después de todo hay lazos creados. Es imposible no pensar a diario en sus caras, sus bailes, las risas… haber podido entender y compartir mutuamente unas veces la alegría y las ganas de vivir y otras veces la desesperanza, el vacío o la necesidad de soñar con algo distinto. El día a día allí es un mundo paralelo, con otras lógicas. El amor y la solidaridad de la comunidad, e incluso el humor, hacen un poco de contrapeso a todos estos episodios de violencia, del frío exagerado y a las malas experiencias que se van presentando. Falta un movimiento social como el que pueda haber en España en donde tenemos la frontera Sur, que es la más mortífera. En la frontera Este están cambiando mucho las cosas y las pocas personas que están intentando hacer algo se ven impotentes ante los acontecimientos y el ascenso del fascismo. Estar allí significa el limbo legal que se alarga tanto en el tiempo que amenaza con acabar la salud de las personas sin papeles.

 

Viviana Ferreras es militante de Anticapitalistas.