Sara Outeiral | El 10 de febrero volvimos a salir a las calles por las condiciones en las que se encuentra la sanidad pública gallega. Entre todas las peticiones, que no son pocas, no podemos olvidar el sesgo de género en la sanidad. El género y la clase son dos factores por los cuales tu calidad de vida puede cambiar estrepitosamente.

Creo que artículos como este deben servir para visualizar la realidad que sufrimos muchas mujeres del país y que no debemos sentir vergüenza frente lo que padecemos, sino dar un paso adelante e impugnar los marcos establecidos en el sistema actual. Fuera tabúes!

Me centraré en mi caso personal que es lo que conozco y padezco para hacer un llamamiento e intentar ayudar a que desaparezcan las muchas de las carencias que sufrimos. Estoy diagnosticada de Fibromialgia, una enfermedad que afecta especialmente a las mujeres en proporciones que van desde 21 mujeres por cada hombre. Esta enfermedad está reconocida desde el año 1992 por la Organización Mundial de la Salud, siendo clasificada dentro de los reumatismos con el código M79.7 en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10).

Se estima que en España afecta al 2,4% de la población general mayor de veinte años, lo que supone en números absolutos unas 7000.000 personas, la inmensa mayoría mujeres de mediana edad. Entre el 10% y el 17% de las personas que sufren la enfermedad presentan una forma severa de la misma.

Ante su complejidad en la definición y en la diagnosis, os explico de la forma el más resumida posible que se trata de una enfermedad que se caracteriza por la presencia de dolor crónico continuo en músculos y articulaciones, que provoca hipersensibilidad al tacto, al roce con la piel, cansancio y trastornos del sueño. Otros síntomas característicos son el entumecimiento, dolor de cabeza, espasmos musculares, rigidez articular, reglas dolorosas, dolor de vientre, hinchazón abdominal, estreñimento, diarrea, trastornos de la memoria y de la atención, problemas sexuales, sequedad en los ojos, disminución de la visión y trastornos del estado de ánimo como la ansiedad y la depresión. Puede existir también una especie de irritibilidad general a los ruidos, a la luz, a los olores no habituales o perfumes fuertes, al olor a comida y a la presencia de otras personas.

Es una enfermedad de causa desconocida, crónica y sin cura en la medicina actual, que tiene efectos invalidantes para el trabajo y las tareas cotidianas, extremadamente negativos en la esfera laboral, social, familiar y económica de quien la sufre.

Teniendo en cuenta que no hay un tratamiento específico para esta enfermedad y las vueltas que das durante años para ser diagnosticada y más cuando se trata de una persona joven, los meses de espera de la sanidad pública por la falta de personal y recortes o la desesperación por la incomprensión por parte de los/a las sanitarios/las por su reconocimiento “reciente” (26 años) y la implicación del patriarcado en este tipo de enfermedades, complican la calidad de la mejora y recuperación de la enferma.

El factor de clase es fundamental, la mayoría de los tratamientos están externalizados como la necesidad de ir a un fisioterapeuta, ojalá que fuera semanalmente pero, como mínimo una vez al mes; el pago de los medicamentos donde un promedio de 20/40 euros mensualmente no es viable para todas las casas. Pero sobre todo, el incumplimento de un protocolo de actuación, ya que precisamos un equipo multidisciplinar de diferentes especialistas para un buen tratamiento y no esperar seis meses entre la cita del reumatólogo y del neurólogo por ejemplo, ya que cada uno/una se centra en su rama y no en el conjunto de lo que la fibromialgia supone y significa.

La privatización y recortes de los servicios sanitarios y las interminables listas de espera consiguen evidenciar más quien puede permitirse una sanidad más efectiva. En conclusión, si precisas tu tratamiento en tiempo y forma correctos sólo queda “tirar” de capital. El monstruo del capitalismo siempre al acecho.

El factor social e invalidante es abrumador. No somos locas ni depresivas y nuestro dolor es tangible y verdadero. Sufrimos el desconocimiento de nuestro entorno y no son pocas las ocasiones en las que nos tachan de flojas o de vagas.

Con todo esto quiero dignificar que es necesario dar pasos con el fin de visibilizar y exigir un mismo trato que el resto de enfermos/as, al tiempo que reivindicamos más investigación y una cobertura sanitaria a la altura de nuestras necesidades, un derecho, este, que nos corresponde como ciudadanas. A esta incomprensión, incluso por parte de profesionales sanitarios/las, se suma la falta de apoyo de las instituciones públicas, ya que hoy en día nos enfrentamos a muchas trabas burocráticas a la hora de conseguir el reconocimiento de un grado de minusvalía, solicitar ayudas a dependencia o solicitar prestaciones económicas derivadas de los distintos grados de incapacidad permanente.

Como ya dije, las mujeres afrontamos una doble traba, pues debemos, además, sortear los obstáculos que el patriarcado nos impone.

Conseguir una actitud positiva es fundamental con todos estos factores en contra. Lamentablemente, esta se desvanece rápidamente cuando te despiertas al día siguiente, y todo lo que puedes hacer es tratar de salir de la cama sin que se te caigan las lágrimas dada la impotencia de la situación y sin vistas de mejora en un futuro.

Para finalizar, recalcar nuestras demandas: inversión en investigación, educación en género para los/las profesionales, educación en un método efectivo en el trato de esta dolencia, la implantación de equipos multidisciplinares, acortar los tiempos de espera, aumentar la colaboración con las asociaciones, aumentar las ayudas psicológicas y psiquiátricas…

La sanidad pública no debería dividirse en ser ciudadanas de primera o de segunda, hombres o mujeres. La salud no es un bien con el que negociar.

¡La lucha continúa compañeras!

 

Versión en gallego:

Non somos invisibles. A loita na fibromialxia