Pep Juárez | El Aeropuerto de Son Sant Joan de Mallorca es, a mucha distancia, el centro laboral más importante de las Illes Balears. Una infraestructura gestionada por AENA, todavía de titularidad pública, da trabajo a más de 3.000 personas, entre compañías aéreas y de servicios auxiliares. Cada año bate su propio récord. En 2018 movió a más de 29 millones de pasajeros, un 4% más que en 2017.

Pero es la joya pública de una corona privada, la de una industria turística dominada por lobbys hoteleros y touroperadores transnacionales, que prácticamente funciona en régimen de monocultivo, para toda la economía del archipiélago balear.

Dejando de lado el riesgo que supone depender de un único sector económico, y tambén (que es mucho dejar) el crecimiento insostenible de un negocio de rapiña, en un territorio limitado como el insular, lo que llama la atención es la precarización insoportable y el empobrecimiento de las trabajadoras y trabajadores que generan toda esa riqueza.

Bajo la responsabilidad de AENA, Son Sant Joan tienen cabida un número cada mez mayor de compañías privadas, en régimen de contratas y subcontratas. Las plantillas originarias de los diversos servicios, y otras personas que se incorporan, ven sus jornadas y salarios precarizados, troceados y empobrecidos, en función de una flexibilidad impuesta que arruina sus derechos y sus vidas.

Cada vez es más frecuente ver a personas que duermen en bancos o en hamacas dentro del propio aeropuerto, porque no pueden volver a sus casas, si quieren enlazar la prestación de servicios en dos, tres o más empresas que los contratan por horas. Este régimen laboral esclavizante tiene también su traducción en la siniestralidad laboral, como el accidente que hace un mes se cobró la vida de un trabajador de mantenimiento.

Ante esta situación, los y las trabajadoras del Aeropuerto de Mallorca han dicho basta. El pasado día 21 de febrero se movilizaron para denunciar la situación que se vive en ese pozo de precariedad, que se esconde en el reverso de la postal turística. Merecen toda nuestra solidaridad y apoyo.

 

Versión en catalán:

El paradís de la precarietat