Pepe Mejía | Machista, retrógrado, sexista. La invitación del Presidente de la República de Perú, Martín Vizcarra, a la recepción el próximo jueves 28 de febrero en el Palacio Real de El Pardo con motivo su “Visita de Estado” incluye una cláusula: “Señoras: vestido corto”.

Utilizando un lenguaje sexista, en el encabezamiento de la invitación a la recepción que ofrecerán en honor de “Sus Majestades los Reyes de España” se dice: “El Presidente de la República del Perú y la Sra. de Vizcarra”. La “Sra. de Vizcarra” no tiene apellido, es tratada como un objeto, es invisible y convertida en un apéndice perfumado y enjoyado.

La invitación de la más alta instancia en Perú va contra todas las normas contenidas en diversas guías y manuales. La “Sra. de Vizcarra” debería de llevar su apellido independientemente de su estado civil.

Según el Manual de lenguaje no sexista en la Universidad Politécnica de Madrid, en el apartado Nº 10 de la página 15, se dice:

“El tratamiento utilizado para dirigirse a un hombre o a una mujer ha sido tradicionalmente asimétrico, esto es, el tratamiento que se le da siempre a un hombre es de “señor”, sin embargo, se produce asimetría cuando el tratamiento que se le da a una mujer va en función, en algunos casos, de su estado civil al referirse a ella como “señorita” o “señora de…” con el apellido del marido. Así pues, el tratamiento correcto es el de “señor” si nos referimos al hombre y el de “señora” si nos referimos a la mujer”.

En cuanto a la cláusula “Señoras: vestido corto” es una imposición de Martín Vizcarra –que accedió a la jefatura del Estado el 23 de marzo de 2018- impropia en el siglo en el que estamos. Hay muchas mujeres que por múltiples cuestiones no pueden o, simplemente, no quieren vestir de esa manera y tienen todo su derecho porque el ser hombre o mujer no limita para vestir de una determinada manera, solo demuestra el grado retrógrado y clasista del ente organizador. Unas exigencias absolutamente sexistas respecto a la forma de vestir.
Los estereotipos de género son una “carga” asociada culturalmente de acuerdo al sexo, por ende, se nos enseña a ser y estar de una determinada forma en función lo que se considera “femenino” o “masculino”.

Por otro lado, visibilizar a las mujeres –y en las invitaciones de alto copete con mayor razón- también se debe hacer a través del lenguaje. Nombrar a las mujeres por su nombre y apellido utilizando el femenino en cargos y profesiones. La invitación para asistir a una recepción en el Palacio Real de El Pardo no evita alusiones innecesarias sobre el aspecto físico y la vestimenta de las mujeres.

En la lucha por la igualdad y contra el machismo en actos protocolarios o institucionales las mujeres han protagonizado hitos importantes a lo largo de la historia.

Un ejemplo fue el de la activista puertorriqueña, Luisa Capetillo, que en 1919 fue detenida y pasó una noche en comisaría por osar vestir un pantalón en público. Y si esto suena a cuento de terror, conviene recordar que la primera mujer en llevar unos pantalones en el Congreso de Estados Unidos fue la republicana Charlotte Reid en 1969, pero hasta 1993 el Senado de EEUU prohibía el uso de esta prenda a las mujeres.

Dos senadoras, Barbara Mikulski y Carol Moseley Braun, desafiaron la norma y consiguieron que se anulara, tras un plante del personal femenino de la institución. Hay que considerar que las escuelas estadounidenses consideraban obligatorio el uso de vestidos para las niñas hasta la aprobación de las Enmiendas Educativas de 1972, que provocó que los pantalones se pusieran de moda.

Po estas tierras, la ministra de Defensa Carme Chacón rompió el protocolo y acudió en pantalones a la recepción de la Pascua Militar de 2009, un duro golpe en una de las instituciones más conservadoras de este país.

Que el Presidente de Perú exija a las mujeres acudir con “vestido corto” es para exigir que se cambie los protocolos anacrónicos y reflejar la igualdad entre mujeres y hombres. “Mi cuerpo y mi ropa no te incumben” se leía en una pancarta en una manifestación por los derechos de las mujeres.