Pepe Mejía | Cristina Fuentes Lara (Jaén, 1986) es una de las expertas que mejor conoce la realidad de las porteadoras marroquíes. Doctora en Migraciones por la Universidad de Granada, realizó su tesis doctoral sobre “La situación de las mujeres porteadoras en la frontera hispano-marroquí. El caso de Ceuta”. Investigación que en 2018 le valió el Premio Nacional de lucha contra la violencia de Género.

Junto con la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), Cristina realizó el informe “Respeto y dignidad para las mujeres marroquíes que portan mercancías en la frontera de Marruecos con Ceuta 2016”. Actualmente es profesora en el Departamento de Comunicación y Sociología en la Universidad Rey Juan Carlos e investigadora en la Cátedra de Inmigración en la Universidad Francisco de Vitoria.

Activista e investigadora muy rigurosa, ha sido co-fundadora del Observatorio de la realidad sociofronteriza del Mediterráneo (OARS del MED).

¿Qué hay detrás de este título? “La construcción de la inmigración como problema social en España”. ¿Es la inmigración un problema social en España?

El eje fundamental de la investigación es cómo se construyen los problemas sociales y concretamente el caso de la inmigración. En realidad es un trabajo longitudinal midiendo la importancia que le daba la sociedad española a la inmigración entre 2007 y 2015 en base a respuestas de la población española en el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). No es que la inmigración sea un problema social en España. El problema está en cómo se produce la integración. Cómo se produce la integración social en las sociedades de recepción y tránsito inmigrante. Hasta que optemos por un modelo de integración basado en la bidireccionalidad, es imposible hablar de un modelo social de integración en España.

Su tesis doctoral “Las mujeres porteadoras en la frontera hispano-marroquí. El caso de Ceuta” es un referente. ¿Qué es lo que destacaría?

Fue difícil hacer el estudio porque estaba sacudida por el ámbito humano. Me trasladé a Ceuta y Tetuán para conocer e investigar el entramado del circuito físico de las porteadoras, o dicho de otro modo, cómo accedían a la frontera, qué contenían los fardos, quienes les pagaban, qué horario tenían, quién se beneficiaba económicamente del fenómeno del porteo etc…al final acabé completamente centrada en descubrir la cotidianidad de las mujeres porteadoras. O sea, conocer quiénes eran ellas y qué les impulsaba a realizar ese trabajo.

¿Cuáles son las claves fundamentales en el Informe sobre las porteadoras que elaboró en colaboración con la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía?

La clave principal del informe es que es el primer documento que describía la situación de las mujeres porteadoras en Ceuta. Hasta ese momento ninguna asociación, ningún colectivo, nadie del mundo de la universidad, había fijado su atención en estas mujeres. Solamente desde el periodismo, y principalmente desde la prensa local, habían hablado sobre aspectos del llamado “comercio atípico” pero nadie se había centrado en las personas que hacen que la rueda del “comercio atípico” siga funcionando en la zona fronteriza.

¿Cuáles son sus propuestas en el tema de las porteadoras?

Hay propuestas a un doble nivel. Uno básico, desde las instituciones, que sería habilitar baños públicos donde puedan orinar las porteadoras, zonas de sombra y fuentes públicas. Y unas medidas de segundo nivel que sería la eliminación de la violencia policial física y simbólica de la frontera del Tarajal. ¿Cómo se podría hacer eso? Dejando de vulnerar los derechos humanos de las porteadoras reduciendo el peso del fardo a diez kilos, permitiendo el traslado en transporte rodado, considerándolas como trabajadoras y principalmente dejando que trabajen al menos cinco días a la semana.

¿Qué medidas se pueden hacer desde las Administraciones? Me refiero ayuntamientos, gobierno central, Ministerios del Interior a un lado y otro de la frontera.

Pensar en que las mujeres porteadoras son personas de pleno derecho y se les debe tratar como tales. El gobierno español y marroquí se deben sentar a dialogar sobre el “comercio atípico” y sobre el papel que juegan las mujeres porteadoras en el trasiego de mercancías alegales entre la frontera del Tarajal. Si bien puede parecer una medida muy simple, es algo que se viene reivindicando desde la APDHA y en el Congreso lo propuso Bildu y fue rechazado. Las porteadoras parecen ser un mal menor.

¿Cuál es la lectura de las porteadoras para los países europeos?

Es curioso la atención mediática al tema de las porteadoras, especialmente alemanas y franceses, de hecho uno de los principales académicos es canadiense, David Moffette. Desde lo macro, lo supranacional, no habido un interés real en legislar sobre la situación de las mujeres porteadoras, si bien el asombro es mayúsculo de ver en las fronteras la vulneración de los derechos humanos. En julio de 2017 tuve la oportunidad de reunirme junto con Ana Rosada, compañera de la APDHA, en el parlamento europeo, con el grupo parlamentario LIBE -que es la izquierda europea- y presentarle el informe sobre porteadoras. Metimos dos preguntas parlamentarias que no fueron contestadas. Incumplieron los plazos para responder. Pero después de presionar, respondieron que no podían hacer nada por las porteadoras porque trabajaban para empresas transnacionales. Y la UE no tiene competencia en esta materia. Nuestra indignación es muy evidente. Porque, vuelvo a insistir, todas las empresas que suministran fardos a las porteadoras están en el Tarajal, es decir, Ceuta, España y Europa.

¿Por qué se vive a espaldas de esta lacerante situación? ¿De quién es la responsabilidad, de los gobiernos, de la población?

Lo más recurrente es responsabilizar a los gobiernos pero la sociedad está incumpliendo su compromiso de garantizar el derecho a una vida libre de vulneraciones de derechos humanos. Dejando a un lado el humanismo sí que es cierto que las porteadoras interactúan en un ámbito geográfico como es la zona fronteriza de Ceuta, que ni siquiera es Ceuta completamente, que no es objeto de atención mediática. Y de lo que no se escribe y ni de lo que no se ve es como si no existiese. De este compromiso donde nace mi activismo social, nace de la idea del proyecto de visibilizar la situación de las mujeres porteadoras.

¿Existe la posibilidad de que la situación en la frontera sur europea se complique?

Estamos en un tiempo híper convulso. La frontera es convulsa por definición y cuando se estudia o se trabaja sobre una situación alegal como es el “comercio atípico” todavía se hace más difícil un pronóstico sobre lo que ocurrirá con el fin del porteo. En mi opinión, y aquí sí quiero ser tajante, mi reivindicación está en no abolir el trabajo de las mujeres porteadoras; porque siempre que hay una frontera desigual hay contrabando. Lo que se pide son unas condiciones dignas que respeten los derechos humanos, en las que las porteadoras puedan trabajar.

¿Existe riesgo de violencia si se prohíbe la actividad de las porteadoras? ¿Existen intereses ocultos?

Me gustaría indicar que el pasado mes de febrero el ministro de adunas del gobierno marroquí presentó, en la Cámara de parlamentarios del Reino de Marruecos, un informe donde detallaba las vulneraciones a los derechos humanos de las porteadoras. Detallaba situaciones como el hecho de que las porteadoras usaban pañales para no perder la fila que les da acceso al polígono del Tarajal. También este informe apuntaba que la idea del gobierno marroquí es terminar con el porteo en un plazo de cinco años. Personalmente considero que es una quimera pensar que el “comercio atípico” va a terminar principalmente porque ni a Ceuta ni a Marruecos les conviene que la rueda del comercio atípico deje de funcionar. A Ceuta porque los beneficios económicos, y el dinamismo comercial que logra por medio de esta actividad, le genera su propia supervivencia económica. Recordemos que el 25% de los ingresos presupuestados en Ceuta son por medio del IPSI (similar al IVA) a la importación. O dicho de otro modo, por medio de impuestos que grava las mercancías que llegan a Ceuta, para convertirse en su mayoría en exportaciones por medio de las porteadoras a Marruecos.

¿Cuál es la situación de las porteadoras desde una perspectiva de género?

El “comercio atípico”, o el porteo, responde a una estructura patriarcal. Si paseamos por el polígono del Tarajal observamos como los comerciantes del polígono son todos hombres, la policía son todos hombres, los clientes marroquíes de la mercancía son hombres y las únicas mujeres del circuito son las porteadoras, que son justamente quienes realizan la carga física, la más dura y recibe el beneficio económico más bajo de todo el entramado económico. La situación de las mujeres marroquíes se debe a la dominación patriarcal y colonial del fenómeno, y de la propia ubicación de Ceuta en el mapa.

¿Existe conciencia de esta situación en las jóvenes marroquíes?

No. Las porteadoras están invisibilizadas en la sociedad marroquí, no se habla de ellas, no se lucha por sus derechos y ni siquiera se les considera que realizan un trabajo digno. Por ende, es imposible que no solo las mujeres jóvenes marroquíes, sino que cualquier colectivo social, tome conciencia sobre lo que ocurre en la frontera del Tarajal.