Esconde los rastrojos y se niega a la respiración
mientras vende
un poco de saliva.
Los niños pasan
cantando la muerte de los pájaros.
Trilla el invierno
para que el pan exista.
Visten, los niños, el sudario
verde
de la inocencia y el hambre.
Esconde los rastrojos, el granizo, las muñecas, la fruta, la mordedura del extraño
y quema, ahora sí,
la tierra.

(LOURDES DE ABAJO)