Fernando Silva | Fueron protestas de masas, en más de 200 ciudades del país, incluyendo todas las capitales estaduales. Estudiantes universitarias, del instituto, docentes y demás funcionarias de las universidades, profesoras de las redes públicas, e incluso de escuelas privadas. Sin margen para exageraciones podemos afirmar que más de un millón de personas salieron a las calles del país contra el corte de los fondos para la Educación, en particular Universidades e institutos técnicos públicos. Sin olvidar que este fue también un día de paralizaciones en varias redes estaduales de la enseñanza pública, como en el Río de Janeiro, y en varios campus o grados universitarios por el país.

Fue la primera gran manifestación de masas nacional contra el gobierno Bolsonario, mucho más grande y de otra calidad de participación en relación con la del 22 de marzo, día de lucha contra la reforma de la Providencia, que había sido una buena jornada de lucha, pero aún de vanguardia. Las manifestaciones en defensa de la Educación Pública de ese miércoles sobrepasaron los muros de las escuelas y universidades. El día tuvo características del #EleNão, del septiembre pasado, lo que siempre remite a lo que había de progresivo en junio de 2013: masividad, amplitud, ocupación de las calles y plazas públicas, una razonable horizontalidad.

La ausencia de cualquier represión violenta a los protestos (además de episodios localizados) es otro indicador de la característica de ese tipo de manifestaciones que impone un retiro a la hipótesis de la represión abierta. El articulista de la Folha de S. Paulo Igor Gelow llegó a cuestionar si los bloqueos de 30% de las verbas discrecionales (las que pueden ser recortadas) para la Educación Pública no serán los 20 centavos de ahora, remitiendo al fusible de las protestas de 2013. Es una buena cuestión que la segunda quincena de mayo, ya con nuevas protestas planeadas, podrá contestar.

 

El gobierno de los provocadores pierde apoyo

Otros fusibles, además del bloqueo de los recursos, potencializan aún más el movimiento: la desastrada y provocativa conducción de Bolsonaro y su ministro de la Educación. Primero con la crisis del “recula, no recula” en los cortes. El disparate presidencial provocó un enorme malestar en una docena de parlamentarios aliados, que han visto a Bolsonaro, en la víspera de las protestas, ordenar la suspensión del bloqueo de las verbas por teléfono, han divulgado la información y más tarde han sido desmentidos. El ministro dijo en audiencia en la Cámara que fue “un malentendido y que el presidente no sabía exactamente de lo que se trataba”.

Y si fuera eso poco, en el día de los protestos Bolsonaro insultó las manifestantes y toda la comunidad universitaria – en pleno y vergonzoso viaje no oficial a Texas, EEUU, para buscar apoyo en la familia Bush, ya que Nueva York le dio la espalda. Así, el presidente creó directamente un clima de polarización con las manifestantes y de indignación contra su gobierno, de una forma que desagradó a políticos aliados y militares. Contribuyó también para el incremento de la revuelta por la desastrosa visita del ministro de la Educación, Abraham Weintraub, à la Cámara de las Diputadas, cuando ha insultado la inteligencia incluso de representantes de partidos tradicionales de derechas, al falsear los números de los recortes aplicados.

La cuadrilla en torno del primer mandatario, incluyendo el superministro Paulo Guedes, parece no entender que, al revés de la Reforma de la Providencia, los recortes en la Educación Federal no unifican la clase dominantes. Basta con observar la cobertura favorable de las organizaciones Globo y la Folha de S. Paulo a las manifestaciones. Los recortes no solo dividen como impulsan a sectores propietarios y de la alta clase media al apoyo a los protestos por la Educación.

Varios dueños de escuelas privadas han suspendido las clases el 15M o lavado las manos sobre la participación de las alumnas en las protestas. Solo en la ciudad de São Paulo, al menos 33 importantes escuelas privadas no abrieron. La revuelta contra los recortes en la Educación es amplísima y empieza a crecer también el desplazamiento de sectores populares hacia la oposición al gobierno.

 

La hipótesis de un naufragio bolsonarista precoz

El choque del gobierno con la movilización popular en el tema de la Educación no es un hecho aislado en la crisis del gobierno. Es el más importante hasta ahora, pero no el único. Estamos hablando de una espectacular movilización después de solo cuatro meses y medio de gobierno, cuando normalmente las condiciones suelen ser de más grande tolerancia y expectativa para con los gobernantes recién-juramentados. Pero Bolsonaro viene ya en una secuencia sorprendente de reveses.

Las derrotas en el Congreso Nacional – el descuartizamiento de su reforma administrativa y la convocación del ministro de la Educación son solo dos ejemplos recientes – son un mensaje nítido del llamado “centrón” (DEM, PP, Podemos, Solidariedade, etc) de que Bolsonaro no va a gobernar sin esta mayoría parlamentaria. Pero puede estar por venir un tsunami que el propio presidente tanto temía: las investigaciones que pueden establecer ligazones orgánicas de los Bolsonaros con las milicias.

Impresionante la inhabilidad de ese ala de la extrema derecha que desgraciadamente tiene la Presidencia del país. Simplemente parece no obedecer a la lógica de ningún sector económico serio. No está bajo influencia de nadie. Después de todo, desde el punto de vista de los intereses del capital financiero, de la política tradicional, incluso de los militares, no tienen sentido algunos de los berrinches y provocación que incitaran tamaño rechazo en poco tiempo y tamaña movilización, cuando todo el esfuerzo gubernamental debería estar orientado hacia la aprobación de la Reforma de la Previdencia… Ni mismo bajo la óptica neoliberal las provocaciones del ala bolsonarista se justifican. ¡Y no pararon! En el día siguiente a las grandes marchas y concentraciones anti-recortes, el MEC y Bolsonaro tomaran represalias contra el movimiento con un decreto que retira de los rectores de las universidades federales la incumbencia para indicar sus pro-rectores.

Paralelamente, vienen a público los números de una nueva desaceleración de la economía y del incremento del número de desempleadas en el país, lo que puede derretir la popularidad del gobierno en los próximos meses. Por todas estas razones, la hipótesis del naufragio del núcleo duro bolsonarista no está descartada para las siguientes semanas o meses, dependiendo en primer lugar del resultado de dicha movilización por la Educación, de los efectos que podrá tener en el trámite de la Reforma de la Previdencia y de la dimensión que pueden tomar las investigaciones de las relaciones del clan Bolsonaro con milicias y corrupción.

 

¿Un nuevo escenario abierto?

Independientemente de haber o no corrección de la ruta en la conducción del gobierno para rearticular una base de sustentación, empezando por el Congreso Nacional, se abrió una brecha enorme para imponerle una derrota, con la movilización de la Educación. Esto porque cambió la base de la resistencia con los eventos del día 15 de mayo. Se demostró que existe una resistencia maciza al gobierno Bolsonaro, con la disposición a movilizarse, con protagonismo en la juventud, en gran parte femenina y negra, con capacidad de polarización y con condiciones de construir en la práctica una frene única de articulación de muchas luchas.

Se abrió también la posibilidad de esta crisis impactar de verdad el trámite de la Reforma de la Previdencia. Aunque hasta el momento haya unidad en la clase dominante, el proceso ya está contaminado por la crisis del gobierno y la movilización popular comenzada – en la cual la cuestión de la Previdencia ya está parcialmente insertada. La movilización popular por la Educación amplía las posibilidades de dialogar y convencer el pueblo de otro brutal ataque del gobierno y del capital financiero.

Mantener el curso de la lucha contra los recortes en la educación, en toda su amplitud y masividad, con las nuevas fechas de protesto que ya están siendo articuladas, como el 30 de mayo convocado por la UNE, es el primero desafío. Esta puede ser la primera gran batalla en que el gobierno puede quedarse contra las cuerdas, con consecuencias profundas para frenar los objetivos más nefastos de la coligación ultraderechista fundamentalista en el poder. La Huelga General del 14 de junio contra la Reforma de la Previdencia podrá ser un nuevo punto de inflexión positiva para los trabajadores y trabajadoras en esta coyuntura, si es también una suma de las pautas e indignaciones que se están incrementando en poco tiempo.

 

Fernando Silva es periodista y miembro del Directorio Nacional del PSOL.