Irene Landa | Hace poco más de dos años un inmueble público abandonado en pleno corazón de Madrid volvía a latir rebosante de vitalidad. El edificio de la calle Gobernador 39, el cual había sido regalado injustificadamente por la entonces alcaldesa Ana Botella a su amigo, el arquitecto Ambasz, era recuperado y revivido por la ciudadanía activa. La okupación del CS La Ingobernable no es un acto meramente simbólico, es un claro jaque a las dinámicas mercantiles y especulativas del gobierno del PP, un acto de desobediencia que señala directamente la problemática de desigualdad de la ciudad de Madrid que ni el supuesto” ayuntamiento del cambio” ha procurado paliar.

Vivimos en unas ciudades cada vez más mercantilizadas y deshumanizadas. El espacio público no invita (e incluso nos niega) el “estar”, forzando a que nuestras vidas se desarrollen en un triángulo espacial: casa-trabajo-espacio de consumo. El ocio se consume a precios elevados, llegando incluso a convertirse en un inhibidor de masas como pasa con las casas de apuestas. La creciente gentrificación de nuestros barrios expulsa a las personas con menos recursos del centro de la ciudad, mientras órdenes de desahucios a familias que no pueden costearse los elevados precios, que determina el mercado inmobiliario irregularizado, se suceden día tras día.

Ante esta realidad tan adversa surge la necesidad de los cuerpos que generan movimiento de unirse en colectividad, de idearespacios autónomos y construir nuevos imaginarios, de reclamar una ciudad donde la vida se anteponga a la búsqueda de beneficio económico ilimitado, una ciudad que permita ser vivida.

En una urbe metropolitana como Madrid, la cual parece moverse solo bajo las lógicas del dinero, La Ingobernable ha logrado situar el corazón en el centro. Mediante una línea discursiva centrada en defender el derecho a la ciudad y reclamar los bienes comunes urbanos, ha conseguido legitimarse como un actor político indispensable. Representa el espacio físico donde se materializa la unión de los cuerpos en movimiento, “la casa de los movimientos sociales”, un lugar donde poder generar tejido social urbano. Desalojar La Ingobernable no solo implica destruir ese tejido construido, implica cortar de raíz el principal recurso material sobre el que se organizan y construyen movimientos sociales como Juventud por el Clima o el 8M, que tan fácilmente instrumentalizan más tarde para sus campañas algunos partidos políticos.

Ante una extrema derecha que irrumpe en las instituciones con fuerza, se auguran escenarios muy poco favorables para la lucha en las calles. Abanderar los movimientos sociales que podrían apoyar y mantener viva una resistencia de izquierda durante el cuatrienio que se nos viene, pero posicionarse en contra del espacio material que los mantiene activos no solo resulta paradójico, es prácticamente una “muerte anunciada”.

A malos tiempos buen movimiento en los barrios. Es necesario mantener y defender los espacios con capacidad aglutinadora y movilizadota, y ante esta premisa vuelve a quedar claro que La Ingobernable no se defiende desde las instituciones, solo desde la ciudadanía.

El 15 de junio, coincidiendo con el día de investidura de la próxima alcaldía, el CS La Ingobernable establece un estado de alerta roja ante un posible e inminente desalojo. La táctica, en vez de encerrarse en si misma, es llenarse de vida y actividad, abrirse a la ciudadanía, poniendo de valor su legitimidad como infraestructura cultural y social. Ahora, y más que nunca, la ciudad es nuestra y toca luchar por ella. Por una ciudad en movimiento en la que tengamos la posibilidad de decidir. Por una ciudad participativa y autoconstruida.

La Ingo y Madrid es de todas y por ello, gobierne quien gobierne la Ingo se defiende.

Irene Landa es militante de Abrir Brecha.