Pilar Langarita | Según informa el Sindicato OSTA, mayoritario en la fábrica de ADIENT, y debido al bloqueo de las negociaciones con la empresa, los trabajadores se han visto en la necesidad de hacer uso de la convocatoria de huelga.

Está en juego el aumento de más fines de semana laborables que la empresa no admite sean menos de 18 al año, mantener una doble escala salarial y la posibilidad de implantar un cuarto turno que la planilla considera innecesario y que acarrearía no menos de 37 jornadas de sábados y domingos para sacar la carga de trabajo adelante.

Se trata de una medida de calado dentro del sector del automóvil y más en concreto en la Comarca de la Ribera Alta (provincia de Zaragoza), una zona donde el sector tiene una implantación laboral casi en exclusiva. Se da la paradoja que la fábrica de ADIENT en Alagón cuenta con una plantilla de casi 1.000 trabajadores siendo apenas 180 las personas del pueblo que trabajan en ella.

Y es que trabajar hoy por hoy en este sector del metal ya no es lo que era. Las condiciones laborales y salariales han sufrido tal retroceso que la gente joven y bien formada se busca la vida más allá de la Comarca y si puede fuera de nuestras fronteras, luego no es extraño la gran cantidad de ingenieros jóvenes de estos lares que han optado por ejercer su profesión en Cataluña, el País Vasco o países prioritariamente europeos.

Bajo el eufemismo de la flexibilidad laboral, está más que demostrado que no se esconde otra cosa que la disposición a cualquier hora y día de la mano del trabajador por parte de la empresa. Una disponibilidad que no se ha traducido en mejora salarial alguna, sino al contrario, ya que mientras hace 20 años el porcentaje de salario entre el obrero manual y el consejero delegado, de administración o directivo se situaba en uno contra catorce, ahora la cifra es de uno contra 30. Una cifra escandalosa y de todo punto injustificable dado que se ha conseguido a base de precariedad, despidos y aumentos de horas trabajadas pero sin remunerar. Así que cuando desde la Gran Patronal se invita al Gobierno de turno a no legislar retroactivamente para derogar la última reforma laboral lo que nos tememos es que lo que pretenden es colarnos una tras otra.

Ensamblar un coche no es algo que requiera trabajar sábados y domingos, no es una urgencia sanitaria porque está en juego la vida de las personas que necesitan sí o sí de personal sanitario de día, de noche, festivos y entre semana.

Y, por otra parte, ¿dónde queda la tan cacareada conciliación laboral que las empresas debieran cumplir si la legislación española atendiese por igual los intereses de los trabajadores y de la patronal?

Deseamos éxito a los trabajadores de ADIENT en su lucha por mantener sus condiciones laborales y a ser posible mejorarlas. Tras una década de recortes en lo social con la Sanidad y la Educación pública parece ser que los recortes salariales también han llegado para quedarse, para tomar carta de naturaleza.

Es la voracidad sin límites del neoliberalismo que nos quiere endeudados, sumisos e ignorantes. Un neoliberalismo que camina, si no se le corta el paso, a la destrucción de conquistas arrebatadas al Estado en forma de derechos sin los que se supone una persona no es otra cosa que un esclavo a merced de su señor.

 

Trabajar y ser cada día más pobre

Los niveles de pobreza en España han aumentado en 11 años hasta situarse en la tasa del 20%. 10 puntos más que hace tres quinquenios. Mientras, los ricos han tomado el camino inverso porque estos aumentan y cada día acumulan más capital y bienes materiales.

Seguramente, los trabajadores de ADIENT se encuentren con el chantaje de la empresa de amenazas de despidos o el cierre de la fábrica si se continúa con la huelga. Pero lo queramos interiorizar o no, no hay otra alternativa que la presión y la única arma que tenemos la clase trabajadora para ponernos en nuestro lugar y obligar a la patronal a quedarse en el suyo.

Ningún derecho se ha conseguido sin lucha. El movimiento obrero lleva décadas adormecido y sin capacidad de reacción y la solución a los desmanes del neoliberalismo no es otra que la contestación en las fábricas y en las calles. Hagámoslas nuestras de nuevo. El ejemplo de que si peleas, puedes ganar, lo tenemos en la lucha feminista que ha conseguido de una judicatura rancia y machista la sentencia que reconoce que, si no es deseado y voluntario, es violación.

Y en la calle es donde se puede obligar a la clase política a hacer sus tareas, porque como bien dice el economista Q. Slobodan, “una democracia que siempre mira por los intereses de las clases más pudientes, que se pliega a las reglas de juego que ellos dictan, es necesariamente una democracia viciada”.